De amigos a seguidores: qué cambió que pasamos a una actitud pasiva en redes sociales
Vemos más contenido en nuestras pantallas, pero es cada vez más extraño que esos contenidos sean de nuestros vínculos más cercanos. Intentamos desguazar, en base a datos recientes y testimonios de especialistas, qué esta pasando en la esfera digital. ¿Iremos migrando de las redes sociales?
En el reinado del algoritmo, surge una pregunta clave: ¿para qué postear, si nadie ve lo que compartimos? Imagen generada con ChatGPT
“Nadie ve lo que compartimos y ya no vemos lo que comparte nadie. Solo quedaron los influencers y las publicidades de TEMU”, escribió Valentín Muro en su newsletter “Receta para el desastre”. La idea de que, paulatinamente, nos vamos alejando de las redes sociales genera cada vez más atención y nuevos conceptos, como el de “posting zero” (estar conectados, pero no publicar nada). ¿Qué rol juegan hoy las redes sociales para las personas que no buscan monetizar su uso? ¿Qué sucede con los vínculos cercanos cuando pasaron de “amigos” a “seguidores”?
Muro, comunicador y divulgador de contendidos científicos, apuntó a la caída de unos de los pilares de las redes de principios del siglo XXI: “La ilusión de algún día ‘pegarla’ en Internet se alimentaba de una supuesta horizontalidad”. Pero esa horizontalidad tan publicitada y militada en los inicios de la era de internet se terminó esfumando bajo el nuevo reinado de los algoritmos y las big tech, donde nuestra atención pesa mucho más que nuestros vínculos.
A mediados de 2025, Kyle Chayka, periodista de la revista New Yorker, con una mirada aguda sobre la tecnología, sugirió que la sociedad podría estar encaminándose hacia lo que él denomina "publicar cero" (posting zero escribió en inglés). “Me parece que el contrato social de las redes sociales ha cambiado. El trato era: si publicabas cosas, si publicabas contenido, podías conseguir una audiencia masiva. Pero eso se convierte en un círculo vicioso que acaba dominando toda tu vida. Así que, a menos que intentés convertirte en un influencer o en un profesional de las publicaciones en Internet, ese trato ya no parece tan bueno. Las desventajas de publicar son demasiado grandes y las ventajas no son lo suficientemente buenas. Parece mejor enviar un mensaje de texto a tus amigos”, comentó Chayka en una entrevista con la BBC.
Datos que hablan
Según el último reporte global digital de We Are Social, difundido en abril de 2026, la cantidad de usuarios y usuarias de redes sociales alcanzaron los 5.790 millones (no necesariamente indica que son usuarios únicos), lo que representa el 69,9 % de la población mundial. Este número representa un 5,4 % más que en el último año, sumando 294 millones de nuevas identidades. Esto equivale a 9,3 nuevos usuarios cada segundo. En síntesis, una amplia mayoría de la población mundial utiliza redes sociales.
Este panorama, que marca un abrumador dominio de las redes, empieza a tener su contrapartida, aunque se expresa tímidamente. Los datos indican que, si bien no es palpable un fenómeno de abandono de las distintas apps, algo que sí se viene detectando año a año es el abandono de algunas de las más populares, como por ejemplo Facebook, que a pesar de todo aún sigue en el top cinco a nivel global. En simultáneo, TikTok que es la que más crece, pero no llega a todos los públicos ni a todos los países de igual manera. Lo que sí empieza a surgir al desglosar la información en este tipo de estudios a nivel global es un cambio en el modo de uso. Podríamos arriesgar a que ha comenzado a ser más “pasivo”.

Veamos un punto de vista reciente en este sentido. Según la Ofcom (ente regulador de comunicaciones de Inglaterra), en un informe de febrero de 2026, poco menos de la mitad los usuarios adultos de redes sociales (49 %) publican, comparten o comentan actualmente, en comparación con el 61 % en 2024. La proporción de usuarios que exploran nuevos sitios web también ha disminuido, del 70 % al 56 %. Estos números del mercado británico pueden leerse en sintonía con esta tendencia: el comportamiento en redes muta hacia el consumo de feeds más que hacia la creación de contenido propio. Y sí, el scroll infinito ayuda, sin dudas.
Qué buscamos las personas en las redes sociales
Hay un dato muy relevante publicado recientemente por la consultora GWI. Casi la mitad de los usuarios y las usuarias de nivel global (49 %) dice que se conecta a las redes para “mantenerse en contacto con amigos y familiares". En diversos países y regiones, es la principal razón. Luego aparecen en segundo lugar “aprovechar el tiempo libre” (39,3 %) y “leer noticias”, en tercer lugar (30,1 %). Entonces, poco a poco, empezamos a ver que la primera premisa para “conectarnos” no se está cumpliendo.
Valentín Muro agregó en su newsletter que, aunque no es posible irse de Internet (en este caso pareciera imposible irse de las redes), sí hay chances de mudarse. Así es que observamos cómo las apps de mensajería se potencian. El actual dominio de WhatsApp o Telegram pareciera ratificar esta hipótesis. En Argentina, la app de Meta es la que mayor uso tiene, prácticamente no hay manera de conectarse socialmente en la Argentina si no es a través del telefonito verde, que es donde sí tenemos a nuestros vínculos compartiendo sus manualidades, asados y cumpleaños. Según un relevamiento publicado por el portal SQ Magazine en 2025, Argentina lidera en el mundo en uso de WhatsApp, con 29 horas y 29 minutos mensuales dedicados a la aplicación (cuando 17 horas y 6 minutos es el promedio global).

Entonces, esta migración digital hacia espacios más privados tiene causas: la falta de gratificación (sin suscripción paga no pasa nada con nuestras publicaciones), la fatiga digital, el miedo al juicio social por el sostenido hateo (reacciones agresivas y discursos de odio) y los algoritmos que privilegian a creadores de contenido profesionalizados e influencers. Todo se combina para impulsar la migración hacia chats por mensaje directo o grupos semiprivados. La sensación es que en estos espacios más cercanos, con vínculos reales, se puede esquivar ese estado de vigilancia horizontal donde nos controlamos (y castigamos) entre pares.
Nuevo paradigma algorítmico
“Creo que no nos estamos yendo de las redes, ni que hay un hastío, sino que las redes se han desplazado”, comentó Roberto Stahringer, sociólogo, consultor y docente en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNCUYO. Para el especialista, es incorrecto referirse al algoritmo como “uno solo”, asumiendo que es una misma lógica de correlaciones la que domina la escena digital. Por el contrario, indica que hay una especificidad en cada red social, incluyendo a las de mensajería. Dista mucho el uso que tiene hoy X (Twitter) de TikTok.
El sociólogo tomó la idea de que “los influencers y el contenido artificial nos fue agotando y generó autovigilancia, ansiedad y FOMO (miedo a perderse lo que sucede)” y que hizo que migremos a espacios más cerrados. Sin embargo, insiste en que hay una confusión entre “retirada” con otro fenómeno, que él tilda como “desplazamiento”.
Entonces, en el mundo de la lógica algorítmica, hay un cambio de reglas que aún tiene final abierto. De todas maneras, hay una tendencia clara: cada vez somos más espectadores que protagonistas. Curiosamente, la regla del 90-9-1 (el 90 % observa y no participa, el 9 % contribuye esporádicamente y el 1 % crea la gran mayoría del contenido nuevo) cumplió 20 años en el análisis del comportamiento online y todavía se ajusta a la realidad. Hoy, todo pasa por ese club exclusivo del 1 %.
“Hay algo que no es casual y que no está liberado al azar, es la ingeniería algorítmica —dice Stahringer—, el algoritmo pensado como algo político para producir formas de consumo, porque desde el consumo se sostiene la producción y desde la producción se sostiene la economía. Entonces, el cambio importante es que se deja de publicar y se empieza a mirar. El usuario se vuelve más un espectador, deja de haber comunidad y surge una especie de sistema de recomendación, donde ya no ves a gente, sino que ves contenido. Entonces, lo que se establece no es tanto una identidad de esa comunidad que antes se agrupaba en función de intereses comunes, sino una especie de performance algorítmica. Y no importa quién sos, sino cuánto retenés a tu audiencia. Y en función de eso aparecés o dejás de aparecer”.
El último refugio
Si efectivamente los chats privados y los grupos de WhatsApp son la última frontera de intimidad y libre albedrío, cabe preguntarse en cuánto tiempo la ingeniería algorítmica en función de las grandes corporaciones va a resistirse a intervenir. Hay una pista, Meta decidió detener la entrega de anuncios en la bandeja de entrada de Messenger (Messenger inbox ads) a partir del 11 de noviembre de 2025. El uso de la app asociada a Facebook, dijimos, viene en caída. En el mundo WhatsApp, la publicidad se acota a stories/estados y se focaliza en dar más herramientas a WhatsApp business. En este contexto, es una incógnita cuánto tiempo nos quedaremos en las apps de mensajería si la máquina publicitaria se inmiscuye demasiado. En paralelo, de manera incipiente, crece el uso de chats con temas personales con apps de IA generativa, como la popular ChatGPT.

Lo que sí sabemos es que después de la pandemia las experiencias materiales, cara a cara y analógicas han ido creciendo al presentarse como alternativas al aislamiento digital. Sin embargo, nuestra atención sigue hipnóticamente en los feeds, sumando la disruptiva masificación del uso de la IA para generar contenido, que potenció y, en paralelo, homogeneizó lo que vemos en nuestras pantallas. Este fenómeno abre nuevas incógnitas.
“Pienso que influencers y generadores de contenido se van a ir profesionalizando, van a tener que esmerarse por hacer contenidos que atraigan más, con mejor calidad estética, visual. La parte buena es que quizás nos podamos encontrar con mejores calidades de contenidos. Antes, todo era una cosa válida o potencialmente válida, ahora no lo veo tan así, creo que nos vamos convirtiendo, como era con la tele, en una especie de consumidores más pasivos”, remarcó Stahringuer, quien no es el primero en marcar cómo los formatos audiovisiales, en horizontal o vertical, vía streamings o reels, vuelven a una lógica televisiva unidireccional.
José Heinz, periodista, analista de la cultura digital y escritor, publicó en 2024 “La gentrificación digital”, donde habla de la normalización algorítmica. Allí advirtió sobre un riesgo latente: “Se está creando una cultura de consumo atenta a lo que funciona para poder destacarse. Una ‘average culture’, una cultura que no se permite la experimentación o el desborde para no quedar invisibilizada”.
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