La Deolinda Correa, una promesa convertida en arte

El oratorio rock que a través de una intensa fusión musical cuenta la historia de la “santa” pagana más popular entre los cuyanos se reestrena este viernes en el Teatro Independencia. Natalio Faingold,  autor del libro y la música, cuenta en esta entrevista el proceso creativo de la obra en la que se propuso reivindicar el valor y el amor de las mujeres en medio de la desolación.

La Deolinda Correa, una promesa convertida en arte

Especiales

Penélope Moro

Publicado el 24 DE JULIO DE 2014


El prestigioso músico, que supo crear bandas íconos del rock progresivo en Mendoza, como Altablanca y Alcohol Etílico, trabaja desde hace tiempo en el rescate musical de leyendas propias de estas tierras a través de una trilogía. 

La primera obra tuvo como protagonista al Futre, aquel hombre que a principios del siglo pasado se dedicaba a pagar los jornales de los obreros que se volcaban a la construcción del ferrocarril en plena montaña mendocina. Una vez descabezado por un grupo de maleantes, comenzó el mito que lo trasformó en un fantasma que deambula por la zona cordillerana. 

La segunda parte de la serie se completa con la historia de la Deolinda Correa, más conocida por los cuyanos como la “Difunta Correa”, convertida en la santa pagana de los necesitados luego de su muerte en el desolado desierto sanjuanino, con su niño sobre el pecho resistiendo la crudeza del paraje. Se dice que huía junto al pequeño de las montoneras que habían arrebatado a su marido para unirlo a sus filas. 

Deolinda Correa (La historia de la Difunta Correa), fue estrenada en 2013 en el Le Parc. Faingold interpreta aquel estreno como parte de la gestación de la obra en la que mixtura el folclore y el rock junto a un grupo de virtuosos músicos, entre los que se encuentra la cantora más popular entre las mendocinas contemporáneas, Sandra Amaya. 

Mientras elabora la parte final de la trilogía, sobre la que no quiere adelantar detalles, el músico y letrista cuenta su relación con la Deolinda, de la que rescató los aspectos humanos para no interceder en el mito creado popularmente, con el fin de valorizar la fuerza femenina basada en el amor y en el coraje. 

Primero vamos a las formas. ¿Por qué decidiste trabajar la trilogía?

Estoy haciendo una trilogía de obras musicales basadas en leyendas cuyanas, aunque es posible que para la tercera me corra un poco de las fronteras. La primera fue la de la historia del Futre, la segunda la de la Difunta Correa, como se la conoce popularmente. Elegí la trilogía porque me parece un formato más conceptual, donde una obra se apoya sobre otra y así puede fluir con mayor libertad.

El Futre fue una ópera rock. A la Deolinda la trabajás en un oratorio rock. ¿Cuál es la diferencia?

El oratorio es cuando no hay diálogos cantados. Odio los musicales, es un género sumamente comercial. La ópera rock o el musical es más actuado, cantado y bailado. La música y la melodía no son tan importantes como el baile y lo visible. En el oratorio es la música la que va contando la historia, la podés teatralizar, como hice en El Futre, o no. En este caso decidí no hacerlo. Unos buenos ejemplos de oratorios rock son The Wall, de Pink Floyd, y La Biblia, de Vox Dei.

¿A qué se debe este rescate que hacés de historias paganas locales para llevarlas a la creación musical?

Me tocó desarrollarme afuera y eso me hizo ver nuestra cultura desde otro foco. En vez de pensar en la Novicia Rebelde, pensé en hacer renacer una parte de lo nuestro. Estoy en ese camino, es muy difícil. Desde los 19 hasta prácticamente los 40 no estuve en Mendoza, viví en Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Buenos Aires. 

Pero quiero aclarar que ese “recuperar las raíces” no fue algo pensado intelectualmente. No creo en esa idea latinoamericanista de las raíces ni compro el nacionalismo. Creo que lo identitario pasa por lo que somos y ya.


¿Qué te llevó a rescatar al Futre y a la Deolinda en especial, habiendo tantos otros personajes? ¿Qué encontraste en ellos?  

Vi a la Deolinda Correa como una muestra de amor pagana muy fuerte, que no fue tomada por la iglesia. En cierta forma representa que dentro de la violencia –su historia ocurre durante la guerra de las montoneras– se puede crear una historia de amor enérgica. Con el Futre también sucede algo así, yo le pongo una novia, le pongo amor. Ambos existieron de verdad, pero después uno hace las interpretaciones que quiere sobre sus historias. El mito surge luego, es uno el que crea el fantasma o la milagrosa.

Pero insisto, el Futre era una persona como vos, como yo. Con sus amigos, con sus enemigos, con sus amores y desamores.

¿Cómo trabajás en el oratorio la historia de la Deolinda?

Con la Deolinda es un poco más profundo que en El Futre porque se basa prácticamente en su historia en canciones. La obra empieza muy rockera y se va transformando en otra cosa. Comienza con "La majadita", que es un tema rockero y con coplas. ¿Quién podía cantar una obra de la Deolinda? Alguien que venga del folclore, no de la lírica. Así fue como probé a Sandra Amaya, que no es una cantante, es una cantora. Canto también yo, que no soy un cantante, porque en el oratorio lo importante no es enfocarse en la voz y en la afinación, sino en la transmisión.

¿Qué transmite Sandra como cantora dentro de la obra?

Hace que se entienda mejor la letra y vuelca una entrega diferente, impresionante. Sandra no canta cualquier cosa. Ella se mete en un lugar difícil con la Deolinda. Ha hecho cosas modernas como cumbia electrónica, pero esto tiene mucha base de rock, con un sonido muy potente y con un volumen muy alto. Se tiene que acomodar a eso y lo logra. Su aporte es invaluable, como su voz.

Además, Sandra es una referente femenina dentro del arte popular en Mendoza y en la reivindicación de los derechos de las mujeres, y la Deolinda tiene mucho que ver con eso. ¿Pensaste esa relación?

Eso viene como anillo al dedo. Por completo. La obra está dedicada a las mujeres y a las mamás. A la entrega de la vida por los hijos y por la vida misma.

Siempre que existe un conflicto, por ejemplo el de ahora en Gaza o Ucrania, hay madres con niños. Eso significa que la vida continua, la influencia de la vida sobre la muerte. La Deolinda también es eso. Ella se escapó con su bebé, fue un escape, por eso no estaba preparada para lo que le pasó en el desierto. Es una historia de dignidad que me lleva a pensar inmediatamente en la lucha de las mujeres, de hoy y de siempre.

Lo interpreto como un escape rescatando su honor como mujer, ella no solo huía de la barbarie en busca de su compañero, se escapaba de un comisario. La trata, la mujer golpeada, el abuso, son temas que existieron siempre, no son temas de ahora. Ella dijo: "A mí no me va a agarrar ningún comisario, ninguna montonera para hacer con mi cuerpo y mi vida lo que quieran. Me voy con mi bebé”. Por eso siento que esta historia nos lleva al presente. 

Me hablabas de "La majadita" como tema inicial. ¿Cómo hilaste las canciones dentro del relato, tal como lo concebís?

Después de "La majadita" viene otro tema que se llama "Sus dos amores", que habla de su marido y su bebé. Luego se empieza a complicar con "La Montonera" y con "Injusticia y barbarie".
Después viene "En el campo", que es cuando Deolinda se pierde en el desierto. Siguen "Duerme madera y tierra" y "El Arriero", que es un hombre que en una tormenta pierde todo. Hacia el final llega "Cabalgando", que relata el presente y el sentimiento mío respecto a la historia.

¿Qué climas va generando el oratorio en el público?


Pasa de todo. En algún momento en el Le Parc la gente adulta se retiró, muchos se han parado a aplaudir, otros han llorado. Gusta mucho. A mí me gusta muchísimo.

¿Cómo fue el proceso de investigación que hiciste con la Deolinda, si es que lo hiciste, además del trabajo artístico?

Antes de escribirla viajé a San Juan, estuve en el desierto. Hablé con la gente del lugar, y de otros lugares también, sobre lo que representa la Deolinda. También investigué en Internet. Pero yo le resto importancia a esos detalles concretos. Hay muchas versiones sobre una historia, esta es la nuestra. Por ejemplo, hay distintas historias sobre el destino del bebé, si vivió o no, etcétera. Lo que yo hago con la obra no arroja detalles concretos. La obra habla del amor de una pareja, de la montonera, de la injusticia de la muerte en el desierto, de la Deolinda como madre, del arriero que llega en un momento determinado. Yo cuento los sentimientos más que los datos, a eso no le doy tanta importancia. La historia subsiste no por esos detalles sino por la parte del sentir, de la madre, de la mujer. Podría haber ocurrido en el año 1500 o en el 2030 pero ocurrió en 1840.

La fusión folclore -rock se denota en la formación de los músicos ¿Cómo conformaste el grupo? ¿Cuáles son sus aportes a la obra?

(Risas) No los conocía. Al guitarrista (Sebastián Rivas) no me lo bancaba, pero no nos conocíamos, viste que pasan esas cosas. Después llegó Didi (Didier Turello), el baterista, muy bueno, que a su vez trajo al bajista (Germán Peña), el más solido que conozco, muy rockero. Entre todos son medios sesionistas, especialmente Seba Rivas y Didier. Los otros, no tanto: ni Sandra, ni Germán, ni yo lo somos. Samuel Aspe es nuestro músico invitado con la guitarra acústica. 

Respecto a sus aportes, si bien yo escribí el libro y la música, ellos han sido fundamentales en lo musical, en el sonido. Es maravillosa la forma en que se expresan con sus instrumentos. 

¿Cuál es tu sentir personal sobe la Deolinda luego de todo este trabajo?


Yo siempre pienso en la Deolinda antes de que se trasnforme en la “Difunta”. De hecho, en el grupo le decimos "la Deo". Me mueve. Es impresionante la entrega de su vida, su dignidad. Lo que ella hizo debe haber ocurrido mil veces, pero en su caso ocurre en el desierto, eso es lo que lo hace mucho más intenso. Y termina siendo representativa de todas las mujeres, de la idiotez de los hombres, de la guerra, del poder, del terror. 

Estos personajes, ¿modificaron algo en tu percepción de las cosas?

Sí. El Futre me enseñó que puedo hacer lo que quiera, que puedo usar mi imaginación, volar. Con la Deolinda hice lo mismo, pero con ella aparecieron cosas que había perdido hacía mucho tiempo, como por ejemplo la relación con otros músicos. Además me dio más libertad. Es maravilloso poder expresarse a sí mismo a través de algo grande y colectivo. Hay vida alrededor de todo esto.

¿Sos devoto de la Difunta?

(Risas) Tanto he trabajado con ella, tanta música le he hecho, que creo que soy el más devoto de todos.

¿Le hiciste alguna promesa ya?

(Risas) Le prometí una obra impresionante, que es mucho más trabajo que llevarle una botella de agua.

Ficha:
La Deolinda Correa (La historia de la Difunta Correa) se presenta el viernes 25 de julio a las 21.30 en el Teatro Independencia de Mendoza. La próxima función será en el Teatro Sarmiento de San Juan el miércoles 30 de julio a la misma hora, bajo el auspicio del Grupo UNO.
Músicos: 
Sandra Amaya (voz), Sebastián Rivas (guitarras), Didier Turello (batería), Germán Peña (bajo), Samuel Aspe (guitarra acústica) y Natalio Faingold (piano, teclados y voz).

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