Dos hojas, la historia detrás del hallazgo del primer diccionario en castellano

La investigadora argentina del Conicet Cinthia María Hamli fue quien descubrió y probó la autoría del libro realizado por Alfonso de Palencia. El hecho modifica la historia de la lexicografía en nuestro idioma.

Dos hojas, la historia detrás del hallazgo del primer diccionario en castellano

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Unidiversidad

Unidiversidad / Fuente: Télam

Publicado el 11 DE AGOSTO DE 2021

Cinthia Hamlin es filóloga, investigadora del Conicet y la responsable de una investigación que logró establecer que Alfonso de Palencia, uno de los más grandes humanistas del siglo XV, fue el artífice del primer vocabulario castellano-latín impreso entre 1492 y 1493. El hallazgo tuvo como punto de partida dos hojas que se cruzó revisando documentos en la Universidad de Princeton y cuya autoría cotejó a partir de detectar errores en común con otro texto del autor: "El error es el centro de esta teoría", dice a Télam.

Con esos dos folios fotografiados y de regreso a la Argentina, la filóloga continuó el trabajo al que luego se sumó Juan Héctor Fuentes, latinista y también investigador del Conicet. Según pudieron determinar ambos, se trataba del fragmento de un incunable, que incluía el prólogo completo y 77 entradas de la letra A, que se correspondían con un vocabulario manuscrito completo del siglo XV, del cual hasta el momento no se habían podido determinar ni el autor ni la fecha precisa de su realización.

Los incunables son los libros impresos entre mediados y fines del siglo XV, más precisamente, entre el momento en que Johannes Gutenberg inventó la prensa de imprenta con tipos móviles y el año 1501. En el caso de esta pieza, se trata de un trabajo anterior al diccionario español-latín de Antonio de Nebrija, aparecido en Salamanca en 1494-95 y que hasta este descubrimiento estaba considerado el primero en lengua castellana.

Sobre el proceso de investigación, la importancia del error para construir conocimiento y las posibilidades de la ciencia en la Argentina, dialogó con Télam la también docente de las universidades de Buenos Aires y La Plata, y autora del libro de poesía Lepidolita.

Foto: Télam

¿Cómo comenzó esta investigación?

En una visita a la Universidad de Princeton en la que estuve revisando ejemplares del texto que sigo estudiando, la primera traducción impresa de la Divina Comedia por Fernández de Villegas, que es de 1515. El ejemplar tenía una rareza en su encuadernación, así que me acerqué a consultar y, como el único que podía responder a mi pregunta era el curador, lo mandaron a llamar. Él vio que estaba trabajando en un texto de castellano antiguo y me hizo preguntas referidas a los primeros vocabularios, diccionarios, y me comentó de estos folios que estaban insertos en el Universal Diccionario de Alfonso de Palencia, que es de 1490, en latín, con una traducción en castellano al lado. Esos dos folios que no eran de ese diccionario y eran castellano latino me los trajo, les saqué fotos y, a mi vuelta a Buenos Aires, me puse a investigar.

¿Cómo encaraste esa etapa?

Acoté la fecha gracias a los tipos móviles, que son las letritas con las que se escribía, que están todas catalogadas. Eran letras de molde que, como se gastaban y se hacían cada dos o tres años, eran artesanales, entonces se podían distinguir los años y las imprentas. Además, uno de los dos folios está dedicado a la reina Isabel, pero, como la menciona como reina de Granada, se puede distinguir la fecha porque Granada se conquistó en esa fecha. Luego me dediqué a intentar relacionar este vocabulario con los que conocía: el de Nebrija y el de Santaella. La conclusión es que lo que tenía enfrente era un incunable desconocido, un libro de los primeros años de la imprenta de 1501, que nace con Gutenberg en 1465. Revisé todos los catálogos de los libros que salieron por la imprenta que se pudieron identificar a través de los tipos móviles y, a partir de ese punto, invité a la investigación a Juan Fuentes, que empezó a revisar, y trabajamos juntos. Él fue quien encontró el dato de un vocabulario castellano que se transmite en un manuscrito, que no se sabe de quién es y cuya fecha no era precisa. Ese manuscrito fue editado en 2007, se lo transcribió y, al contrastar los folios impresos, resultó que era el mismo. Al tener el diccionario entero, me empecé a dedicar al estudio lexicográfico de las fuentes con la hipótesis de que el autor era Palencia, porque, al estudiar el vocabulario, me di cuenta de que usaba el mismo método lexicográfico que Palencia en su Universal Vocabulario.

¿Quién fue Alfonso de Palencia? ¿Cómo cambia la lectura de su figura con esta investigación?

Fue el mayor humanista antes de Nebrija. Estuvo 10 años en Italia, formándose con los más importantes humanistas italianos. A su regreso, estuvo al servicio de Enrique IV, el medio hermano de Isabel. Participó de las negociaciones de su casamiento y, en cuanto ella subió al trono, fue convertido en cronista, que sería algo así como un historiador. Tiene obras literarias, es un lexicógrafo y tiene además un tratado sobre sinónimos latinos. Hasta su muerte en 1492, siguió trabajando en distintas obras. Una de ellas sabemos ahora que era este diccionario castellano-latino. Ya era considerado un lexicógrafo por su Universal Vocabulario de 1490, aunque se lo consideraba más que nada lexicógrafo latino, con la particularidad de que es el primero que incluye una lengua romance, el castellano, en un diccionario en toda Europa, porque este diccionario de 1490 tiene las definiciones latinas y, al lado, una traducción en castellano. Ahora se sabe que es el primer lexicógrafo de nuestra lengua, elaboró un diccionario cuya lengua de partida es el castellano. Antes se consideraba que era Nebrija el primero que había hecho esto con su diccionario de 1494 y 1495.

¿Qué impacto tiene este hallazgo? ¿Por qué modifica el enfoque de la lexicografía?

El impacto es cómo repercute en la historia de la lexicografía y en lo que se estudia sobre los inicios de la lexicografía en nuestra lengua. Por lexicografía se entiende el estudio del léxico, de los vocabularios. Ya no es Nebrija el padre de la lexicografía, el que se dijo que era el autor del primer vocabulario en nuestra lengua sino que ese rol, ese mérito, pasa a Alfonso de Palencia. El enfoque no varía sino que se adjunta una obra que es anterior, por lo que esto genera nuevos estudios sobre esta obra, tratando de establecer las relaciones con la siguiente, que sería la de Nebrija. Se le da además el lugar que merece en tanto es un vocabulario que presenta muchas primeras documentaciones de términos: es la primera vez que un término se registra en castellano escrito porque no hay manera de acceder a cuándo se comenzó a utilizar un vocablo de manera oral. En el Vocabulario de Palencia, se incorporan muchos términos de origen arábigo, primeras documentaciones.
 

Leía que el error, la falla, fue clave para determinar la autoría de Palencia. ¿Cómo fue eso?

Hice un trabajo de estudio de las fuentes lexicográficas y una de las cosas que más me llamaron la atención es que los dos vocabularios, el Universal de Palencia 1490 y este vocabulario castellano latino, incorporaban los mismos términos. El universal tiene términos en latín y se dan ejemplos de cómo se usan a través de citas de autoridad, como puede ser algún verso de Virgilio, por ejemplo. Me di cuenta de que este vocabulario "anónimo" hacía lo mismo en los mismos términos latinos, incluía las mismas citas, entonces las empecé a cotejar entre sí y a analizar con las fuentes que se habían utilizado. El método que utilicé es el de la crítica textual, que trata de descubrir el parentesco entre manuscritos, entre textos que se derivan de manuscritos antiguos. A partir de los errores, uno puede filiar qué manuscrito deriva de cuál. El error es el centro de esta teoría y lo que hace es probar que dos textos tienen un parentesco porque comparten el mismo error, derivan del mismo o son uno copia del otro. El error es el gen que permite unir textos. Al cotejar citas, buscaba errores en común, y hallé varios. Dos eran muy notorios porque en ninguno de los textos que podría haber consultado se transmitía ese error y lo compartían en citas que utilizan fuentes distintas. Eso me permitió concluir que era el mismo autor.

¿Circuló algo así como un reconocimiento de tu trabajo de parte de la RAE? ¿Cómo es eso?

Que la RAE haya reconocido este descubrimiento es un poco una sobreinterpretación que hicieron en el diario El País. No es que la RAE hizo una comunicación al respecto sino que uno de sus académicos fue entrevistado por el diario y, como ha leído los dos trabajos al respecto, donde además lo cito, dijo que esto está probado de manera exhaustiva. Está el aval del boletín de la RAE, pero no es que salió a comunicar que esto era cierto sino que son los lexicógrafos los que lo han asegurado.

¿Cómo evaluás el desarrollo de la investigación en la Argentina en este momento?


La investigación en la Argentina está ligada a dos factores: los recursos humanos en sí, que tienen una formación altísima, y el desarrollo que hacemos desde las humanidades, pero también desde las ciencias exactas, que está muy parado desde que nuestro sueldo se congeló con el gobierno anterior y hasta ahora no tuvimos una recomposición salarial equivalente, lo que genera complicaciones en el día a día. Por otro lado, el acceso a los libros y textos que tenemos que comprar, en nuestro caso de Europa, cuesta muchísimo y los proyectos con los que contamos para estos gastos, que son libros o digitalización de manuscritos, son en pesos. Eso se va devaluando porque además hay un tiempo entre que uno presenta el proyecto y lo gana. El que tengo ahora me iba a permitir viajar a Europa, a España, a ver manuscritos, y ahora no me alcanza.

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