El vino como bebida nacional: por qué lo reivindicamos tanto

Cada 24 de noviembre se celebra el Día del Vino Argentino Bebida Nacional. Curiosidades y mitos de una bebida que llegó a consumirse el cuádruple de lo que se toma hoy en Argentina.

El vino como bebida nacional: por qué lo reivindicamos tanto

Foto ilustrativa

Cultura

Vitivinicultura

Unidiversidad

Unidiversidad / Fuentes: Télam y Ministerio de Cultura de la Nación

Publicado el 24 DE NOVIEMBRE DE 2020

Este martes 24 de noviembre, el país festeja el Día del Vino Argentino Bebida Nacional. En 2013 se sancionó la Ley N.º 26870 que declaró al vino argentino como bebida nacional. ¿Qué hace a esta bebida, en su variedad Malbec en particular, un símbolo para que haya sido elegida como la más representativa? La Malbec era una uva poco valorada en Europa, pero su adaptación a la geografía nacional la hizo pregnar en la identidad argentina. 

Argentina es el único país vitinícola en el mundo que declaró a su vino como bebida nacional. Con la Malbec como la cepa más representativa del país, encabezando la cantidad de hectáreas plantadas, es la Torrontés la única uva nativa. Sin embargo, la Malbec se distribuyó con éxito en más regiones.

Video: Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV)

“Malbec es la uva con que todas las bodegas se abren cancha a la hora de exportar, y fue Argentina la que trabajó con la cepa y la posicionó en el éxito que tiene ahora. Cuando Sarmiento fue a Francia y trajo la Malbec, para ellos era una uva de descarte, debido a que el clima allá no es tan cálido, las uvas y las pieles no llegaban a madurar tanto y quedaba un vino ácido, tánico, astringente. Los franceses usaban esa especie para hacer vino de corte, es decir, mezclaban un poco con la uva Malbec solo para darle color”, explica Diego Di Giacomo, sommelier y miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores.

Desde entonces la Malbec se adaptó al suelo y al clima argentino, y se convirtió en la uva más plantada en la Argentina. Para el sommelier, “el vino Malbec argentino es el mejor Malbec del mundo, pero no es el mejor vino argentino. El Cabernet Sauvignon es el que mejor representa el carácter de los y las argentinas, versátil y resistente”, sintetiza.

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El vino argentino en números

Hace 20 años, la superficie cultivada con vides en el territorio argentino la concentraban Mendoza y San Juan. Hoy, la vitivinicultura argentina se extiende por 19 provincias, casi la totalidad del territorio nacional y con una calidad del vino alta, aun con condiciones de suelo y clima que, en algunos casos, son desventajosas.

Hay 223 585 hectáreas cultivadas con viñedos: Malbec, Cereza, Bonarda, Criolla Grande, Cabernet Sauvingnon, Syrah, Pedro Giménez. Esto representa el 3 % de la superficie mundial y posiciona al país en el quinto lugar como productor de vinos en el ranking global.

La Argentina exporta vino a 127 países, siendo Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Brasil y Países Bajos los mayores importadores. La industria vitivinícola genera más de 106 000 puestos de trabajo de manera directa y 280 000 de forma indirecta. Son más de 17 000 los productores que cosechan las uvas para las más de 900 bodegas que abastecen el mercado interno como externo.

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Mitos

Ocho de cada diez argentinos y argentinas toman vinos tintos, blancos, espumosos, rosados, dulces, secos; los toman a 12 ºC o 18 ºC,  solos o diluidos con agua, con soda o con hielo. Si bien muchos lo consideran un sacrilegio, la costumbre de diluir el vino es tan antigua como el vino mismo. Tanto en Argentina como en Uruguay se da la particularidad de diluir el vino porque, cuando llegaba el vino en barcos, después de más de treinta días de viaje y más de 30 ºC, empezó la costumbre de diluir el vino con agua, hielo o soda. Eran vinos muy alcohólicos para poder tolerar tantos días de viaje en altas temperaturas.

Para el sommelier Diego Di Giacomo, hay que romper los mitos acerca del vino. El vino debe tomarse de la forma que el consumidor mejor lo disfrute. No existen cepas, ni terruños, ni marcas, ni altos precios, ni estilos de vino que determinen si un vino es bueno o no lo es. Es subjetividad al máximo, por lo tanto, variable de un individuo al otro.

“Hay que sacar al vino de ese lugar de entronización y bajarlo al mundo común. Hay romper con la idea de que uno tiene que agarrar un copa de vino y saber el año, la uva, la madera del barril. Todo eso es mentira, es muy subjetivo. Cierto es que, cuando uno más sabe, más puede disfrutar lo que está haciendo, pero no es necesario saber teorías de los vinos, sino más bien si la práctica, ir moldeando el propio paladar. Para conocer de vino, hay que tomar vino”.

En la década del 70 se llegaron a consumir en el país 90 litros per cápita. Hoy en día, el consumo es de 22 litros. Para el sommelier, uno de los motivos de la baja en el consumo fue que, "con el 'boom' del vino, a principios de los años 90, se lo representó como algo snob, se lo convirtió en algo difícil. Entonces, las generaciones jóvenes empezaron a hacer un viraje a la cerveza".

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