Historia de una mujer Clave

Entre los años 60 y 70, Norma Sibilla se ganó un lugar en las primeras líneas del periodismo desafiando el machismo de mentes cultas y brillantes. Con la dictadura cívico-militar, sufrió la represión y la proscripción. Luego, gracias a una especial relación con el alfonsinismo, llegó el momento de la reparación y la acción frente a las principales encrucijadas políticas de la apertura democrática.

Historia de una mujer Clave

La periodista Norma Sibilla

Identidad y Género

Unidiversidad

Eva Guevara

Publicado el 07 DE JUNIO DE 2013

Recordar a la periodista Norma Sibilla equivale a repasar y valorar el increíble salto dado por las mujeres a las primeras líneas de los ámbitos intelectuales, culturales y políticos. Su conquista fue más que evidente: tan solo empezar a trabajar en una redacción como la de Los Andes –fue la primera mujer en ese diario, considerado por entonces “la catedral del periodismo"– y desde ahí entrar a desplegar una particular inteligencia práctica ante situaciones reales, aquellas que informan que el verdadero poder está en guetos masculinos, donde se manda y se influye de verdad. Donde, claramente, no entran las mujeres.

Y no diremos que Norma Sibilla logró ingresar a ese círculo de decisión por tener título y matrícula de honor –se licenció en la Escuela Superior de Periodismo con las notas más altas– porque lo importante de la vida podría quedar opacado tras ese dato meramente formal.  Allí lo sustancial es lo que apunta Rafael Morán, periodista y esposo de Sibila hasta el final de sus días: “Era sin dudas más brillante que muchos en la época de oro del periodismo; era talentosa de verdad porque, además de tener una inteligencia muy clara, con el tiempo desarrolló muchas agallas para ejercer la profesión. Así, cualquiera que repase su trayectoria no puede sino admitir que fue una mujer combativa, solidaria, cuando aún este tipo de valores estaban en su etapa embrionaria”.

Cabe destacar que Norma Sibilla fue también la primera mujer periodista de la Revista Claves, una publicación que durante cuatro años ininterrumpidos –entre junio de 1970 y setiembre de 1974– le siguió el pulso al conflicto social provincial, siempre de acuerdo al espíritu del nombre completo de la edición, que era: “Claves para interpretar los hechos”. En esos cuatro años, Claves fue testigo de un proceso político muy fuerte en materia ideológica: nada menos que la lucha interna dentro del peronismo. Enfrentó esa coyuntura con amplitud, dando a espacio a todas las ideas, de izquierda a derecha. Fue también caja de resonancia del continuo tono crítico de los militantes y dirigentes, así como del clima de bohemia que envolvía a todo el periodismo. Según el creador de la revista, Carlos Quiroz, Jacobo Timerman seguía muy de cerca lo que se publicaba en Claves y algunas cosas se reprodujeron en el diario La Opinión.

Allí en Claves, Norma Sibilla escribió artículos que hoy son imprescindibles para conocer el nudo de los conflictos gremiales de envergadura, como, por ejemplo, las protestas docentes de comienzos de los 70. Norma describía a cada actor según precisas coordenadas: a las autoridades provinciales las consideraba “mediocres en su poder de decisión sobre problemas que nos pertenecen y deben ser solucionados”; sobre la clase media conservadora, decía que “solo manifiesta su preocupación por la posible pérdida del año escolar” y, con respecto al plan de lucha del movimiento obrero, enfatizaba la necesidad de cohesión, reconociéndole toda razón en sus planteos.

Tenía un especial ojo crítico con aquello que funcionaba mal y, lo que era peor, con aquello que estaba mal enfocado. Así, por ejemplo, en un artículo sobre la Escuela Superior de Periodismo, cuestionaba aquella teoría según la cual "se encara la defensa de la verdad pura y simple, omitiendo el hecho innegable de que esto depende de la voluntad de las empresas sometidas –inevitablemente– a la presión de su dependencia económica". 

Rafael Morán recuerda varias anécdotas que colorean la trayectoria de Norma Sibilla. Por ejemplo, relata que estuvo en el equipo de Informado, el famoso programa de Ambrosio García Lao en Canal 7, donde escribía los guiones. "Resultó que había una competencia entre Informado y otro programa de Córdoba para ver quién se quedaba con el premio Martín Fierro del país. Ambos tocaban el mismo tema: las condiciones miserables de trabajo en el campo, pero quien se quedó con la estatuilla fue Informado, ya que había logrado condensar en cuatro minutos lo mismo que el otro programa desarrolló en dos emisiones”.

También tuvo un rol fundamental en el Sindicato de Prensa bajo la conducción de Ventura Pérez. Como secretaria gremial, Norma Sibilla tuvo el enorme mérito de haber trabajado en el primer convenio colectivo de trabajo para los periodistas en el país, que fue el CCT 17/75. Esa ley es de avanzada, sin lugar a dudas, ya que asegura la dignidad del periodista al establecer que el aspirante gana dos veces el salario mínimo vital y móvil; luego el reportero, cronista, redactor, jefe de sección y demás, van incorporando un porcentaje diferenciado lo cual cubre y resuelve toda la escala salarial.

Las otras anécdotas refieren la actitud machista de esos años de la década del 60 y del 70, y tienen la particularidad de demostrar que sin la capacidad intelectual continuada y natural –ese verdadero don de sintetizar en cada momento lo que se debía hacer– ella no habría podido asomar a esa realidad existente en el periodismo mendocino. Según recuerda Morán, una vez el ex director de Los Andes, Enrique Ferrari, le dijo a uno de los hijos del matrimonio que solamente admitiría tener como jefa a una mujer si esa mujer fuera Norma Sibilla. En otra oportunidad, el gran referente del periodismo Fabián Calle le dijo a Norma que ella era “un periodista”, no “una periodista”, porque "tenía la condición, el desarrollo intelectual y la capacidad periodística de un hombre”.


Tinta roja

A principios de noviembre de 1975 comenzaron los procedimientos contra la “subversión” y altos oficiales de la Aeronáutica visitaban la redacción de Los Andes para advertir que no se podía publicar nada que afectara a las Fuerzas Armadas. Luego de varios episodios de tensión entre la redacción y los militares, es secuestrado Jorge Bonardell, jefe del suplemento de Cultura, y tras el golpe del 24 de marzo de 1976, son detenidos los periodistas Norma Sibilla, Rafael Morán, el director del diario, Antonio Di Benedetto y el jefe de noticias, Pedro Lucero.

Norma estuvo ocho largos meses presa en la cárcel de mujeres de Mendoza; a su esposo Rafael Morán le dieron la libertad un tiempo antes, lo cual alivió de algún modo el shock de abandono que asoló a los pequeños hijos del matrimonio, que por entonces tenían tres y seis años. En ese contexto se produjo la peor humillación de la que es capaz una empresa periodística hacia la condición humana de Norma Sibilla.

Tal como constata Rafael Morán, estando Norma Sibilla presa se vio conminada por la empresa a enviar un telegrama de renuncia a su empleo de periodista. “Tenía la orden de libertad firmada por los militares, pero la empresa quiso atajarse de que, una vez fuera de la cárcel, le hiciera una demanda al diario, tal como hubiese correspondido, y entonces directamente la amenazaron diciéndole que si no renunciaba, no le darían la libertad. Fue vergonzosa la actitud del Diario Los Andes con todos nosotros, pero especialmente con ella", dice Morán.   

Durante toda la dictadura, Norma Sibilla estuvo proscripta. Sucedió que, con el retorno de la democracia, le llegó a Morán un ofrecimiento para hacerse cargo de la oficina de prensa del gobierno de Santiago Felipe Llaver. Morán declinó, pero aprovechó para proponer a su esposa en el cargo, idea que aprobó el gobernador radical electo, una vez supo de su talento. También resultó que Norma se abrazó a la creencia de que con Raúl Alfonsín, todo iba a ser mejor. Según relata Morán, pronto se reveló su brillante condición. Pasó de Jefa de Prensa a Directora de Prensa del Gobierno –muy probablemente sea la primera Directora de Prensa mujer en la historia de Mendoza–, era la Secretaria de Prensa de la U.C.R. y después fue asesora del intendente Víctor Fayad en la Municipalidad de Capital. Afirma Morán que, en el gobierno, Norma era una fuente de consulta, tanto para ministros del gabinete como para el Gobernador y que, en relación a Fayad, fue ella quien le construyó al dirigente el discurso público que necesitaba durante los primeros años de su desempeño político. 

Para nada descabellado es pensar que la construcción del discurso público de Santiago Llaver también haya pasado por sus manos. Al menos, eso puede deducirse de una extensa entrevista al Gobernador aparecida a comienzos de 1985 en una curiosa edición de Claves hecha en Buenos Aires. Allí, es la periodista quien hila y teje cada uno de los temas que arquearon el primer año de gestión de ese “abogado radical de 68 años, miembro activo de Renovación y Cambio, ex diputado nacional y mandatario, que ha caracterizado su gestión por la austeridad en el manejo de la cosa pública, limitada por las consecuencias de una crisis económica profunda heredada”, dice en su nota.  

Cualquiera podría pensar, en atención a ese párrafo, que había benevolencia en la mirada de la periodista hacia el mandatario. Se trataba en realidad de una relación especial; de algún modo, Norma encontró en el alfonsinismo la reivindicación que se merecía por tantos años de ostracismo y persecución, y eso ocurrió cuando las formas del poder habían cambiado. Cuando nadie podía sino reconocer la enorme injusticia con la que había sido tratada tan sobresaliente periodista. Falleció en 1993 a la edad de 50 años. Sobre su  trayectoria, se puede agregar que su primer trabajo fue en Tiempo de Cuyo, que en 1966 ingresó a Los Andes, que en democracia ocupó el cargo de Jefa de Noticias de Radio Libertador y que el Diario Mendoza la tuvo como columnista. 

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