50 años de la inmunología clínica en Mendoza

La especialidad se afianzó como tal en septiembre de 1965, de la mano del doctor Isaac Hilario Rivero.

50 años de la inmunología clínica en Mendoza

Facultad de Ciencias Médicas Suplementos 50 años de la Inmunología / por Luis Francisco Leiva, becario de Prensa de la Facultad de Ciencias Médicas / Publicado el 29 DE SEPTIEMBRE 2015

La inmunología es una rama de la medicina que se encarga del estudio del sistema inmune (defensas corporales) en la totalidad de sus aspectos: físicos, químicos, biológicos, fisiológicos y patológicos. Aunque hoy en día es un nombre familiar en el ámbito médico, no lo era hace medio siglo, cuando se la estudiaba como una unidad dentro de la microbiología.

Isaac Rivero, médico inmunólogo, creador y director del Instituto de Inmunología de la Facultad de Ciencias Médicas (FCM) de la UNCUYO, exinvestigador del Conicet y exdecano de la FCM (1994-1996), fue homenajeado hace unas semanas debido a su inmensa trayectoria. En esa oportunidad, brindó un discurso magistral en el que explicó cómo fue la llegada de la especialidad a nuestra provincia.

Este apasionado profesional, que describe la inmunología como un cuento que lo tiene encantado y no puede acabar de leer, comenzó su afición por esta ciencia cuando su profesor de Medicina Interna, el doctor Muratorio Posse, los alentó a él y a otros estudiantes en los que vio un signo distintivo, a desarrollar especialidades de las distintas ramas de la clínica médica en nuestra provincia. Así como al doctor Rivero le sugirió la inmunología, no erró al sugerir Cardiología a Elena Tellechea, Endocrinología a Enrique Guntsche, Reumatología a Raúl Bistué, Nefrología a Jorge Cucchi e Iber Gomez, Genética a Norma Magnelli y Diabetología a Fernando Alonso.

Luego de graduarse en el año 1959, el novel médico se abocó a sus tareas como becario en el Conicet y desarrolló trabajos sobre enfermedades autoinmunes. Debido al ambiente estimulante que lo rodeaba y a la devoción médica y científica que ahí imperaba, conoció la ciencia viva en primera persona, hecho que lo estimuló a continuar el resto de su vida profesional con tanta diligencia. También vislumbró que la inmunología –según él, "ciencia que no deja de sorprender con sus insospechados hallazgos"– iba expandiéndose vertiginosamente.

En agosto de 1962 se produjo un hecho que marcó su vida para siempre. Se trasladó como becario externo del Conicet al Hospital Maimónides de Nueva York y estuvo en el sector de Inmunología del servicio de Hematología, bajo la dirección del doctor Stanley Lee, con el cual aprendió, sobre todo, "el rigor científico". Durante sus años en Estados Unidos, que transcurrieron entre la práctica clínica, el laboratorio y los paseos por la Gran Manzana, desarrolló su tesis doctoral que defendió en nuestra facultad.

 

La vuelta a la Argentina

Pese a las ofertas de trabajo y crecimiento profesional que le fueron ofrecidas allá, el doctor Rivero se consideraba "un deudor de mi país, que me brindó tantas oportunidades" y además "vivía como una urgencia interior el regreso a mi tierra, para descargar mi bagaje". En 1968 volvió a la Argentina y, una vez en Buenos Aires, se encontró con su ex-jefe y director del Instituto de Investigaciones Médicas de la Universidad de Buenos Aires, el doctor Lanardi, quién le formuló dos consejos que no olvidaría jamás. Primero le dijo: “Aquí hay mucho por hacer y lo que usted haga será fundamentalmente el resultado de su propio esfuerzo". Luego le recomendó: "Tendrá que aprender a ser feliz con lo que tenga".

Para ese entonces, la inmunología en Mendoza no se había independizado. Existían varios médicos alergistas en Mendoza, que trabajaban siguiendo los cánones propios de su especialidad. Uno de los primeros avanzados de la materia en la provincia fue el doctor Domingo Giménez, profesor de Microbiología en la FCM, que se había formado en el Instituto Pasteur de París. Por otro lado estaba la doctora Clara Roig de Vargas, profesora adjunta de Histología de la misma casa de estudios, que estaba haciendo sus primeros descubrimientos sobre linfocitos.

Una vez en Mendoza, Rivero se reintegró a la Cátedra de Clínica Médica II, que seguía dirigiendo el doctor Muratorio-Posse, e inició su trabajo creando la Sección de Inmunología de la Cátedra de Clínica Médica II de esta facultad. El doctor Posse le ofreció un cargo con dedicación exclusiva para que enseñara lo que había aprendido y además le asignó un pequeño lugar en el segundo piso del Hospital Central para que iniciara el laboratorio de Inmunología Clínica.

Como en Mendoza no se realizaban la mayoría de los tests con aplicación diagnóstica que había aprendido, empezó su tarea por ahí. Poco después de haberse instalado en ese espacio, solicitó un subsidio al Conicet para equipar el laboratorio. Esto permitió que la sección se convirtiera en un lugar de investigación, de diagnóstico clínico y de laboratorio de diversas enfermedades de la especialidad.

También inició por esos días el Club de Inmunología, en el que se reunían los investigadores de las ciencias básicas interesados en la especialidad, trabajando con un enfoque clínico. Las actividades del club duraron varios años y fue un lugar de encuentro que posteriormente se transformó en la Sociedad de Inmunología de Mendoza.

 

Avances en la academia y en la práctica médica

Respecto del avance de esta rama médica en el ámbito académico, el especialista refirió que, por iniciativa del doctor Domingo Giménez, se comenzó a enseñar Inmunología básica en el cursado de Microbiología, a cargo del doctor Ricardo Báez. A la par, el doctor Rivero inició la enseñanza de la Inmunología Clínica dentro de los cursos de Clínica Médica.

En 1973, el trabajo clínico de la sección fue reconocido por el Ministerio de Salud de la Provincia de Mendoza. Se creó así el Servicio de Inmunología del Hospital Central, con asiento en el mismo lugar que la sección de la Cátedra de Clínica Médica. Después, la Facultad de Ciencias Médicas transformó la sección en Instituto de Inmunología, independizándolo de la cátedra en la que había nacido. Se fundaron así dos grandes instituciones que al día de hoy perduran.

Estos cambios coincidieron con un aumento significativo del espacio asignado dentro del Hospital Central y con un aumento presupuestario, que le permitió al servicio crecer en recursos humanos, en instrumentos técnicos y en insumos. Además, al estar inmiscuidos en tareas de investigación, lograron presentar numerosos trabajos en congresos locales y extranjeros y hacer varias publicaciones que les dieron acceso a múltiples subsidios.

Según Rivero, "existían dificultades e interferencias que frecuentemente reconocíamos, pero nos parecía que lo esencial permanecía como rasgo distintivo: queríamos hacer una medicina para el hombre entero. Intentábamos practicar una medicina científico-personal, que reconocía en el hombre su dignidad intocable, su destino personal dotado de libertad, de conciencia, de responsabilidad, de fe y de esperanza. Nos interesaba en el paciente la influencia de su biografía, de su familia y de su ámbito socio-cultural. Personalmente, he vivido en todos estos años bajo el encantamiento de la medicina y de la inmunología. Quise que el encanto de la Medicina nos envolviera a todos".

 

En primera persona

Sus años como director del Instituto lo consolidaron como un líder en la especialidad, más allá de los obstáculos con que se encontró al no haber estado capacitado para dirigir a mucha gente. "Se necesita saber organizar, saber mandar, ejercer el poder con prudencia y justicia. He tratado de hacer estas cosas sin perder el componente afectivo, que aliviana todas las tareas", confiesa Rivero.

Gracias a sus esfuerzos, la inmunología es hoy una especialidad con modalidad de residencia médica de segundo grado, esto es, que los que quieren acceder deben previamente realizar tres años de clínica médica. Una vez dentro, los médicos se forman durante tres años más. Por otro lado, la inmunología es, en tiempos actuales, una rama de la medicina que se ha expandido a todos los grandes hospitales de Mendoza, como el Lagomaggiore, el El Carmen, el Italiano, el pediátrico Humberto Notti, el Español y la OSEP. Los profesionales que dirigen esas secciones tuvieron su formación en el Instituto de Inmunología y, al igual que Rivero, decidieron trabajar en su provincia natal.

El Instituto ejerce además una tarea de educación para la salud, mediante charlas de difusión para los pacientes y la población sana. Se asesora frecuentemente a entidades sobre cuestiones preventivas y, particularmente en los últimos 20 años, personal del instituto y del servicio, bajo la dirección del doctor Víctor Bittar, ha estado involucrado como responsable en programas de atención, educación y prevención del sida a nivel provincial.

Obras como la ejercida por Isaac Rivero no son casualidades, sino producto de la dedicación, esfuerzo, perseverancia, amor y calidad humana. Gracias a él, la inmunología es hoy un área desarrollada en la medicina de nuestra Provincia. Esto permite no solamente tratar a los pacientes y a sus dolencias de manera efectiva, sino también avanzar en investigaciones y formar profesionales que seguirán transmitiendo su legado. No queda más que aplaudir.

 

Por Luis Francisco Leiva, becario de Prensa de la Facultad de Ciencias Médicas

Isaac Rivero

Homenaje al Dr. Rivero por los 50 años de inmunología en Mendoza.