James Webb, el telescopio espacial más grande de la historia, va camino a su destino en el espacio

Viaja hasta situarse a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra para ofrecer desde allí una vista inédita del universo. Es tan grande en tamaño que se ha doblado al estilo origami para poder caber en el cohete que lo transportó.

James Webb, el telescopio espacial más grande de la historia, va camino a su destino en el espacio

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Ciencia y tecnología

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Publicado el 27 DE DICIEMBRE DE 2021

El telescopio espacial James Webb, que será utilizado para la observación del universo y fue lanzado el día de la Navidad, ya ajustó la trayectoria hacia su destino en el espacio, el segundo punto de Lagrange, ubicado a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.

El aparato, que costó unos 10 000 millones de dólares, es un proyecto conjunto de la NASA, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Espacial Canadiense, y despegó en un cohete Ariane 5 desde el puerto espacial de la Guayana Francesa, informó la agencia AFP.

La primera maniobra de corrección de trayectoria del cohete para alcanzar su objetivo se produjo el 26 de diciembre, luego del primer encendido de propulsores, que duró 45 minutos y se completó con éxito. El encendido de propulsores es uno de los dos hitos críticos en cuanto al tiempo, luego del despliegue del panel solar, ya que el cohete debe acelerar hasta la velocidad correcta en tres etapas, teniendo cuidado de no entregar demasiado empuje, ya que solo habrá tres maniobras de corrección de camino en total.

La NASA tiene un plan detallado para desplegar el telescopio en un período de aproximadamente dos semanas, y está previsto que, 29 días después del lanzamiento, se inserte en la órbita del punto de Lagrange, informó la agencia DPA.

También se explicó que su destino es ese porque, equilibrado entre las fuerzas gravitacionales del Sol y la Tierra, mantendrá la misma orientación con respecto a ambas, y la calibración y el blindaje son más sencillos. El proceso de despliegue no es una secuencia automática sin intervención, sino que está controlado por el equipo de la NASA, que monitorea Webb en tiempo real y puede pausar el despliegue en cualquier momento.

Esto significa que es posible que el despliegue no se produzca exactamente en el orden o en los momentos originalmente planificados.

Los investigadores quieren utilizar el telescopio espacial para mirar hacia atrás en el tiempo, más de 13 500 millones de años, y observar las primeras estrellas y galaxias que se formaron unos cientos de millones de años después del Big Bang.

Los astrónomos también esperan que el telescopio Webb impulse el descubrimiento de mundos extraterrestres. La ingeniera jefa de sistemas del telescopio James Webb, Begoña Viña, que trabaja en el centro de vuelo espacio Goddard de la NASA, informó a través de YouTube que el telescopio permitirá estudiar la formación de las primeras galaxias y estrellas después del Big Bang, así como de los planetas dentro y fuera del sistema.

 

Seguirá los pasos del telescopio Hubble

"Buena separación telescopio Webb, Go Webb", anunció Jean-Luc Voyer desde la base espacial de Kurú, localidad de la Guayana francesa.

El presidente estadounidense Joe Biden felicitó a la NASA y el equipo del Webb al opinar en Twitter respecto del telescopio: "Es un gran ejemplo de lo que podemos lograr cuando soñamos en grande".

La parte superior del cohete Ariane soltó, tras 27 minutos de vuelo, el telescopio que demorará un mes en alcanzar su punto de observación, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, según informó hoy la agencia AFP. Esa distancia con la Tierra se contempla para que esté protegido de la radiación solar por un escudo térmico que disipará el calor y reducirá la temperatura (que es de 80º Celsius) a -233º C.

Desde el centro Goddard se dirigió la construcción y se coordinarán las operaciones del telescopio durante los primeros meses en órbita.

James Webb seguirá los pasos del telescopio Hubble, que revolucionó la observación del universo y gracias al cual los científicos descubrieron la existencia de un agujero negro en el centro de todas las galaxias o de vapor de agua alrededor de exoplanetas.

Concebido por la NASA después del lanzamiento de Hubble en 1990 y construido a partir de 2003, con la colaboración de las agencias espaciales europea ESA y canadiense CSA, el James Webb se distingue en más de un aspecto. El tamaño de su espejo, de 6,5 metros de diámetro, le confiere tres veces más superficie y siete veces mayor sensibilidad, suficiente para detectar la señal térmica de un abejorro en la Luna.

Otra diferencia es su modo de observación. El Hubble escruta el espacio a través de la luz visible, pero el James Webb se aventura a una amplitud de onda que escapa al ojo humano: el infrarrojo cercano y medio, una radiación que emite naturalmente todo tipo de cuerpos, desde astros a humanos o flores.

Esta luz será estudiada por cuatro instrumentos, equipados con procesadores de imágenes y espectrómetros para diseccionarla mejor. Su desarrollo movilizó a multitud de ingenieros y científicos dirigidos por laboratorios e industriales estadounidenses y europeos.

Según el astrónomo Pierre Ferruit, uno de los científicos a cargo del telescopio para ESA, "mirando los mismos objetos que con Hubble, veremos cosas nuevas".

Antes de arribar, la máquina debe desplegarse sin fallas, con una serie de operaciones que implican, por ejemplo, 140 mecanismos de apertura, 400 poleas y casi 400 metros de cables solo para el escudo protector. Y es que el telescopio, con 12 metros de alto y un parasol con la talla de una cancha de tenis, tuvo que plegarse para ser colocado en la nave Ariane 5.

Fuente: Télam

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