La población mundial aumenta, pero en Argentina la gente tiene menos hijas e hijos y cada vez más tarde

Lo mismo sucede en Mendoza. La tasa de fecundidad es la más baja de la historia, pero aumenta la de mujeres y otras personas con capacidad de gestar que eligen hacerlo a los 40 e incluso más tarde. Un análisis en el marco del Día Mundial de la Población.

La población mundial aumenta, pero en Argentina la gente tiene menos hijas e hijos y cada vez más tarde

Imagen: www.observatoriofiex.es

Sociedad

Unidiversidad

Julia López

Publicado el 11 DE JULIO DE 2022

La población aumenta constantemente y para noviembre de 2022 se espera que el mundo alcance los 8000 millones. Sin embargo, Argentina tiene la tasa de fecundidad más baja de la historia. Es por eso que, más allá de la situación global, amerita reflexionar sobre la situación local con motivo del Día Mundial de la Población, que se conmemora cada 11 de julio. En este contexto, y más allá de que en nuestro país la gente tiene menos hijas e hijos, la postergación de la maternidad es un hecho en algunos sectores sociales.

Para hablar de este y otros temas, desde el Fondo de Población de las Naciones Unidas en Argentina (Unfpa) sugieren el concepto de “resiliencia demográfica”. ¿Qué significa? Que, más allá de la cantidad, cada país debe conocer, prever y comprender el modo en que cambia su población, proporcionar respuestas singulares para mitigar efectos negativos y también aprovechar las oportunidades que se presentan con el cambio demográfico.

“Las poblaciones experimentan flujos constantes. Por ejemplo, la composición y estructura de las poblaciones cambian según las personas tengan más o menos hijos. Las poblaciones envejecen y, por lo general, las mujeres sobreviven a los hombres”, sostienen.

Por eso parece propicio hablar, tanto en Mendoza como en Argentina, acerca de la postergación de la maternidad, en un marco en el que la tasa de fecundidad desciende desde hace años y las luchas feministas por la autonomía de las mujeres y la población feminizada ganan terreno.

En nuestro país, la cantidad de personas nacidas vivas de madres que tienen 40 años o más se ha mantenido relativamente estable. Sin embargo, como la tasa de fecundidad es la más baja de la historia, la tasa de “maternidades +40” ha aumentado. Esto sucede porque, a pesar de la disminución total, se mantiene la cantidad de mujeres y personas con capacidad de gestar que tienen partos a partir de los 40 años. Es decir, las mujeres tienen cada vez menos hijos y a edades más tardías.

En datos concretos en Argentina: en 2011, los partos de mayores de 40 fueron el 3,2 % del total; en 2020, fueron el 4,66 %. En realidad, el número no ha bajado de los 24.000 y no ha superado los 28.000, pero el total de personas registradas nacidas vivas ha descendido progresivamente en los últimos años: en 2020, se registraron más de 224.813 nacimientos menos que en 2011. Esto significa que, cada 1000 personas nacidas vivas, las madres de 40 años o más eran casi 32 en 2011 y escalaron a casi 47 en 2020.

 

Según datos del Ministerio de Salud, la tendencia es similar en Mendoza. En 2020, nacieron vivas 23.459 personas –10.795 menos que en 2011– y las maternidades de quienes tenían más de 40 años se mantuvieron estables. Es decir, la tasa de 2011 era de 26,7 cada 1000 y, la de 2020, 41.

Esto hace pensar que la postergación de los embarazos es un hecho extendido por toda la sociedad, pero la pregunta es: ¿sucede en todos los sectores por igual? Julieta Astorino, investigadora del Instituto Gino Germani (UBA-Conicet), sostiene que esto sucede mayoritariamente en los sectores medios por sus actuales trayectorias de vida, usos del tiempo libre, prácticas anticonceptivas y relaciones de género.

“Las mujeres de clase media (...) están atravesadas por disposiciones y prácticas interrelacionadas con su pertenencia de clase, lo que las lleva a desarrollar ciertas prácticas respecto de la sexualidad y la anticoncepción, donde la maternidad continúa siendo ineludible en las biografías, pero se negocia (posterga) frente a otras opciones (trabajo, ocio, estudio, entre otros)”, afirma en una publicación para las Jornadas de Sociología de la Universidad Nacional de La Plata. Además, es ineludible que son las clases medias y medias altas las que tienen la posibilidad material de acceder a tratamientos de fertilidad.

Esto se ve reflejado en distintas variables de las estadísticas mendocinas, por ejemplo, al relacionar edades de las madres al momento del parto con su nivel educativo. Entre quienes alcanzaron nivel secundario, la maternidad se sostiene ampliamente entre los 20 y los 29 años. En cambio, entre quienes alcanzaron nivel universitario, se prefiere postergar hasta después de los 30.

En datos concretos, si hablamos de 2020, 4442 mujeres de 30 años o más con nivel universitario –completo o incompleto– tuvieron hijas o hijos. En el mismo rango etario, son 2751 las que llegaron al nivel secundario y 1113 al nivel primario. Respecto del segmento de entre 20 y 29 años, 4109 tienen nivel universitario, 7781 alcanzaron el secundario y 1204 llegaron al primario.

Fuente: UNFPA / Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes de Mendoza

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