“Legalizar la prostitución es legalizar la esclavitud del ser humano”

Lo dijo la jueza federal de Chaco Zunilda Niremperger, quien participó en Mendoza de una jornada sobre trata de personas. Señaló que reglamentar esta situación sería contradictorio con un Estado de derecho.

"Legalizar la prostitución es legalizar la esclavitud del ser humano"

La Jueza Federal Dra. Zunilda Niremperger.

Especiales

Verónica Gordillo - Fotos : Axel Lloret

Publicado el 29 DE SEPTIEMBRE DE 2014

La jueza federal chaqueña Zunilda Niremperger criticó el proyecto de reglamentación de la prostitución que se presentó en Mendoza. Dijo que legalizar la prostitución era lo mismo que legalizar la esclavitud del ser humano, que aprobar esa iniciativa significaría violar todos los tratados internacionales a los que Argentina adhirió y que sería contradictorio con el Estado de derecho.

Niremperger es una referente en la temática sobre trata de personas, una forma de esclavitud que comenzó a estudiar cuando le tocó investigar el primer caso, a fines de 2008. Jueza federal de Presidencia Roque Sáez Peña (Chaco) y de los juzgados 1 y 2 de Formosa, participó en una jornada sobre trata, organizada por la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Federal, que se realizó en la Universidad Mendoza.

Delante de un concurrido auditorio, la magistrada calificó como impensado que en un Estado de derecho se aprobara la legalización de la prostitución. Enumeró una por una las leyes y los tratados que serían violados y recalcó que en la prostitución no había libertad de acción, ya que siempre existía una relación dispar de poder.

La jueza habló sobre los avances de Argentina en la lucha contra la trata de personas para la explotación sexual y laboral, desde el momento en que se aprobó la Ley 26842 y de la importancia de su modificación, que eliminó el consentimiento de la víctima sin importar si es menor o mayor de edad.

Para la magistrada, Argentina tuvo un salto cualitativo en la lucha contra esta forma de esclavitud y tiene hoy una gran ventaja respecto de otros países latinoamericanos. Sin embargo, dijo que la gran falencia es el día después del rescate, la falta de políticas públicas que pudieran garantizar a las víctimas la superaración los factores que las llevaron a caer en las redes y la trata, especialmente los económicos y culturales.




Críticas al proyecto mendocino

Edición UNCUYO dialogó con la jueza Niremperger sobre el proyecto de reglamentación de la prostitución y sobre la lucha de Argentina contra la trata de personas.


-En Mendoza se presentó un proyecto para reglamentar la prostitución. ¿Cuál es su opinión?

-Es impensable en nuestro Estado de derecho que pueda tratarse. Sobre todo en un país como el nuestro, signatario de tratados internacionales como el tratado contra la trata y la explotación del 49, el Protocolo de Palermo, la Convención de Belem do Pará y todas aquellas que hablan de la eliminación, represión y prevención de cualquier tipo de violencia contra las mujeres y sobre todo de la dignidad humana. Pero además, si estamos hablando de que se vuelva una relación laboral, iría en contra de nuestra legislación de derecho laboral, porque ¿qué significa trabajo, cuál sería la relación entre la prostituida y el prostituyente? ¿Estaría plasmada en el contrato? Porque tendría que haber una relación de dependencia, entonces sería la prostituta dependiente del prostituyente. Sería lo mismo que está pasando ahora y eso lo reglamentaríamos, lo legalizaríamos. Es decir que nos gusta que haya personas bajo la dependencia de otras, porque no es lo mismo cuando uno aporta el trabajo físico o intelectual a que uno ponga su cuerpo como objeto del contrato; el contrato sería el cuerpo de la mujer, la denigración del ser humano. Si estamos hablando de un acto comercial, tampoco podría ser de los actos de comercio que están estipulados en el artículo 8 del Código de Comercio, que habla del comercio como una cosa mueble, o de los derechos sobre ella. El ser humano justamente se diferencia de las cosas en que es un sujeto de derechos, no es una cosa, no es un medio para otros fines, sino que es un fin en sí mismo, que es la dignidad humana. Me parece que no es posible reglamentar este tipo de situaciones porque siempre hay una desigualdad de condiciones. Si el Estado llegara a reglamentar o legalizar de algún modo la explotación de seres humanos sería como decir: "No creé las condiciones necesarias para que estos seres humanos puedan desarrollar un proyecto de vida, pero ahora, si están explotados y alguien se aprovecha de ellos, entonces lo legalizo y me ocupo de regentearlos". Me parece que legalizar la prostitución es contradictorio con el mismo sentido del Estado de derecho.


-El proyecto se presentó como una necesidad que surgió de la Asociación Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar). ¿Cuál es su opinión?

- En la época de la esclavitud, los esclavos trataban de buscar dentro de su situación las mejores condiciones para sobrevivir, hasta que surgieron distintas corrientes que les hicieron tomar conciencia de que ellos podían ser libres. Se trata de eso, estas personas están en la misma condición, y si la desaparición de la esclavitud hubiera dependido de la conciencia que el esclavo tenía de la esclavitud, pues estaría todavía lleno de esclavos y seguiríamos en la época de la colonia. Me parece que las personas llegan a la prostitución por distintos motivos y que subsisten en ella acostumbradas a esta situación de sometimiento, porque no han tenido posibilidad de opción, de otras alternativas de vida que les permitan vivir libremente, desarrollarse libremente, criar a sus hijos en dignidad. El trabajo dignifica, la prostitución denigra, si no, ¿por qué, entonces, quien propone un proyecto de este tipo no le aconseja a sus hijos que en lugar de trabajar se prostituyan? Porque las mismas personas prostituidas no quieren que sus hijos se enteren, porque son discriminadas, no es un trabajo que las enaltezca. Ellas mismas así lo sienten cuando, después de un proceso psicológico que se hace luego de los rescates, terminan aceptando que, si hubieran podido hacer otra cosa, lo hubieran hecho. Les duele que sus familias las vean, que sus hijos sepan, que en la escuela los demás niños discriminen a sus niños si se enteran de que su madre es una mujer prostituta. Me parece que esto no puede ser tolerado en un Estado de derecho respetuoso de la dignidad humana. Creo que legalizar la prostitución es legalizar la esclavitud del ser humano.


-Usted es una referente en la lucha contra la trata de personas. ¿Cuál es la situación de Argentina respecto de este tema, cuáles los aciertos y las falencias?

-Creo que Argentina dio muchos pasos adelante, pero no son suficientes; de hecho, creo que tiene altibajos. Por ejemplo, cuando recién se implementó la ley, las provincias y la Nación crearon organismos internos dentro de los ministerios para atención y rescate de las víctimas, unidades especiales dentro de las fuerzas de seguridad y también la legislación necesaria, aunque no suficiente. Con el tiempo vemos que faltan recursos para la investigación y represión de los delitos, falta prevención y, sobre todo, poner en vigencia los tratados internacionales más allá del protocolo de Palermo, como el Pacto de Derechos Económicos, Culturales y Sociales. Creo que sí se han rescatado muchas víctimas, esa es una verdad, se ha concientizado sobre lo que significa la explotación sobre las personas. Pese a esto, el Estado tiene una pata muy débil, que es el día después del rescate de estas víctimas. Justamente no hay que quedarse solo en rescatarlas porque vuelven a ser captadas por las redes, porque no tienen otra alternativa de vida. Entonces el Estado es el que debe cumplir con lo que ya impuso el Protocolo de Palermo y que dicen todos los convenios internacionales, que es la reinserción social, el reconocimiento de los derechos; es decir, empoderarlas realmente para que puedan desarrollar un proyecto de vida diferente. 


-¿Esta es la gran deuda? 

-Sí, muchas veces no tenemos lugares donde alojar a las víctimas, por sobre todas las cosas no hay una asistencia de la víctima el día después, justamente para cambiar su forma de vida, de lugar, o de repente para capacitarse, estudiar y poder construir desde otra situación. Porque lo que las lleva a ser captadas es su baja educación, cultura, sus necesidades básicas insatisfechas y lo que las vuelve a arrojar de nuevo luego de rescatarlas es exactamente la misma situación, porque el Estado, si bien en algunos casos da asistencia, como una casa o una beca, eso es muy poco para decir que hemos resuelto las necesidades de estas personas.


-Usted planteó en las jornadas que existe también una necesidad de unificar leyes, que hay una gran confusión.

-Sí, esto es una posición muy personal. Tenemos la Ley de Trata de Personas, por un lado, que coincide tanto en los verbos como en las conductas que reprime con conductas reprimidas en el Código Penal. Entonces, al momento de actuar, tanto el personal policial como el juez tienen dudas grandes y abismales, incertidumbre, para saber si la conducta debe ser tratada como trata de personas, que es de competencia federal, o si sería una simple explotación de la prostitución ajena, que es de competencia provincial. Y esto en la actuación cambia mucho las cosas, porque la Justicia Federal dice que le corresponde al juez provincial y el juez provincial dice que es de la Justicia Federal, entonces se demora en buscar las pruebas, en hacer los procedimientos y en rescatar a las víctimas, que es lo más importante y quien debe ser objeto de atención en ese momento. Además, el hecho de tratar a la explotación de la prostitución ajena como un simple delito contra la integridad sexual la normaliza y le quita la gravedad que tiene la explotación de la prostitución ajena sobre el ser humano, que es exactamente el mismo que el que produce la trata de personas.


-¿Cuál es el mapa de la trata de personas en Argentina?

-Existen zona de origen de trata de personas con destino de explotación sexual. De origen son Chaco, Formosa, Misiones, Corrientes y Santiago del Estero. De allí son llevados en general hacia Mendoza, Córdoba, Río Gallegos y a veces a Buenos Aires, a Chile o a algún otro país de Europa. También hay explotación sexual de chicas que son traídas de otros países, como Paraguay, Bolivia, República Dominicana y Brasil. También hay explotación laboral, que se da conforme a las regiones y a qué tipo de actividades desarrollan en determinadas épocas del año. Por ejemplo, trabajadores extranjeros, como bolivianos y peruanos, son llevados a Chaco para la cosecha de algodón o a Buenos Aires para trabajar en los talleres clandestinos.


-Usted también habló en las jornadas del tema de los casamientos forzados.

-La ley ha previsto el tema del matrimonio forzoso, que ya tenían otras legislaciones de Chile, Paraguay, que es la explotación o la trata con fines de matrimonio forzoso. Son personas que le pagan a un progenitor, se llevan a la hija, se casan con ella en forma forzada y luego la explotan. La llevan justamente para explotarla. Siempre ocurre en las familias de máxima vulnerabilidad, pobres. Vienen a veces extranjeros que compran a personas pobres, les pagan a los padres dos monedas y se las llevan; en realidad las llevan para explotarlas, pero a veces es necesario casarse por el tema de la legalidad de la documentación.


-¿Investigó algún caso?

-Nosotros no, pero sí en Paraguay, donde hubo dos casos, dos chicas que se casaron con coreanos, pudieron escapar y volvieron pero en un estado terrible. Una volvió en un estado psicológico muy malo porque mataron a su bebé, a otra la hicieron abortar, pero pudieron ser rescatadas por la fiscal de Paraguay, Teresa Martínez. 


-¿Cuáles son la realidad y las características de las víctimas?

-Estoy convencida, por compartir con mis colegas de las distintas regiones del país y del mundo, de quiénes son las víctimas de trata y de explotación. Yo soy de Chaco, conozco a las personas que son captadas. Se encuentran en situaciones de máxima vulnerabilidad, de extrema pobreza, exclusión, con un montón de necesidades insatisfechas, por lo tanto esas personas ya sufrieron antes la discriminación y la violencia. Hay una cosa que es normal en nuestra sociedad: que el poderoso puede oprimir al más débil y eso ocurre mucho con los pobres. Fíjese que para que a un pobre lo atiendan en un hospital o en una oficina pública tiene que hacer horas de cola y a veces lo hacen volver al otro día, vive en lugares retirados y a nadie le importa si tiene los recursos o no para poder asistir. Entonces ya hay una situación de desigualdad en nuestra sociedad, que tiene que ver con las condiciones sociales y económicas. Las víctimas son estas personas que se encuentran en situación de desigualdad, lo que les provoca un estado de timidez, no reaccionan como reaccionaríamos nosotros que nos encontramos más empoderados, no se quejan, no hablan. Muchas veces no saben manejarse en las ciudades a donde son trasladadas, entonces lo primero que dice el abogado que defiende al imputado es que ella no estaba encerrada, se podía escapar, pero esa chica que fue traída del Impenetrable Chaqueño a una zona de mucho movimiento turístico o centro urbano, ¿a quién le va a pedir ayuda, si para ella es como estar en el medio de la nada? Además, siempre la prostitución y la trata trabajan en connivencia con la policía, con inspectores, entonces ellas también ya saben que hay un policía que está rondando, los ven normalmente, no saben si hacen su tarea o si participan del negocio. Las personas que van a los prostíbulos son personas de poder. ¿Usted cree que esa chica desempoderada, vulnerable, pobre, que apenas se puede dar a conocer, va a intentar irse? Lo que vemos en las víctimas es que están acostumbradas al maltrato, a la discriminación, por lo tanto no es nada raro que alguien venga y les ponga un pie sobre la cabeza, que las someta y les haga creer que es el único que puede sostenerlas, el único que les va a dar para que coman sus hijos, el único que las va a proteger. 


-Usted habló de la connivencia. ¿Cómo se lucha contra esto?

-Si dijéramos que el juez federal lo puede evitar, estaríamos hablando de milagros, es imposible. La connivencia uno la ve desde el punto de vista de que hay un prostíbulo en el centro de la ciudad y nadie hace nada. No podés suponer otra cosa que no sea que hay connivencia con los inspectores municipales, con el municipio, con la policía, con los que están cerca y ven, con la misma sociedad que ve lo que está pasando y no denuncia, por lo tanto no hay forma de prevenirla. En el caso de los jueces, lo que tienen que mostrar es que no van a claudicar, que deben mostrar que tienen una idea firme por aplicar la ley y que no van a negociar con nadie. Eso también les da fuerza a quienes realmente quieren actuar para animarse a hablar, a proceder, porque en esta sociedad hay muchos que no hacen nada y otros que participan del negocio. Algunos no hacen nada porque son cómodos o no les importa, pero hay muchos que no hacen nada por temor a no tener la respuesta de parte de los funcionarios o el apoyo que necesitan tener de los responsables. Entonces, nosotros tenemos que mostrar que nuestro discurso es claro, que no hay dobles discursos, que la idea es justamente no negociar con nadie y que el objetivo es ir contra el delito, sea quien sea el que esté involucrado. Creo que eso no sólo puede ayudar a los funcionarios que por ahí tienen miedo, como la policía que tiene miedo, que dicen: "¿Para qué voy a actuar si este prostíbulo es del amigo del diputado tal, del amigo del gobernador, del juez?". No sólo cuando un juez muestra este tipo de seguridad o de decisión ayuda a esta gente, sino ayuda a la sociedad que ya no cree en las instituciones y menos en la justicia, porque dice: "No, siempre pasa igual, nadie nos escucha, denunciamos y no hay resultados". En eso, los jueces tenemos que tener esa gran responsabilidad de no solamente ser sino también parecer, porque en esto es muy importante el parecer, para que la sociedad vea que uno trabaja, que a uno le importa. De lo contrario, vamos a seguir en esta rueda del sistema donde parece que todos sabemos quién miente, quién delinque, quién vende droga, donde se prostituyen, quién lleva las chicas, y nadie denuncia, nadie hace nada.


-¿En alguna ocasión sufrió amenazas?

-No me pasó porque en uno de los casos el explotador era de Río Gallegos y el segundo era gente de Córdoba. En general, los imputados no viven en la zona donde tengo jurisdicción. De todas formas, lo más probable es que no hayamos hecho mella sobre su economía y por eso no fue tan duro como para que uno pueda sufrir algún problema.


-En el último tiempo, ¿aumentaron las causas?

-Sí, aumentaron porque se empezó a visibilizar. La explotación de la prostitución está como invisibilizada, tenemos una cultura que ha tenido tolerancia máxima con este tipo de conductas. Ahora, desde el momento en que se empezó a hablar de trata ya la cuestión no está tan clara, porque si hay una orden de cerrar todos los prostíbulos quiere decir que hay algo que no está bien. Creo que aumentaron las causas por esto, por esta política pública de lucha contra la trata, pero también porque es imposible guardarlo bajo la cama.


niremperger, trata, prostitución,