“Mujeres del mismo barro”: la danza como liberación

Con dirección de Mariela Scherbovsky, un elenco de bailarinas revolucionó las tablas del Teatro Independencia reinterpretando la rebeldía y la libertad femenina en clave de danza. “Mujeres del mismo barro” corrió los límites del lenguaje artístico con la potencia de una marea envolvente.

"Mujeres del mismo barro": la danza como liberación

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Publicado el 04 DE AGOSTO DE 2026

Inspirada en las figuras de Carmen —personaje de la inmortal ópera de Bizet, basada en la novela homónima de Prosper Mérimée— y de Lilith —la figura mítica expulsada del Paraíso por su desobediencia—, la obra recorre un universo simbólico en el que lo femenino se manifiesta en toda su potencia: el deseo, la rebeldía, la libertad, la fragilidad y la fuerza conviven en cuerpos que resisten, se transforman y vuelven a levantarse.

Diecinueve bailarinas, bajo la dirección de Mariela Scherbovsky, con aportes coreográficos de Tamara Garay y Griselda Modrijan, se vuelven el cuerpo colectivo de Lilith, Carmen y, en ellas, de todas las mujeres. A partir de los textos de Carolina Isoardi y las marcaciones teatrales de Verónica Alsina, la obra rompe la cronología para sugerir que no son dos individuos, sino una misma energía que reaparece con distintos nombres a lo largo de la historia. Desde ese lugar, la danza hace visible en los cuerpos aquello que las palabras apenas pueden nombrar: la resistencia, la caída, la transformación y el renacer.

El “mismo barro” que creó a esas mujeres todavía es material que puede moldearse, que se hace plástico en los cuerpos de las que danzan y construyen a lo largo de las coreografías distintas historias, en distintas mujeres, con música que va desde el propio Bizet hasta versiones orquestales de The Rolling Stones. La simbología del color también está presente en el vestuario, a partir del uso del negro y el rojo como contrapunto para señalar la pasión, la rebeldía o el paso por el infierno y la muerte.

Lejos del castigo que significa la expulsión de Lilith o la muerte para Carmen, las “mujeres de un mismo barro” nos demuestran que su destino no está cerrado, que el precio de la desobediencia al hombre y a Dios para seguir el propio deseo está en la libertad de expresarse en un escenario y seguir bailando.