Observaciones sobre la carta del lector “Disconformidad con un encuentro organizado por Ciencias Médicas”

El autor es miembro del Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNCUYO, docente de esa unidad académica y disertante en las Jornadas Interdisciplinarias 2015 sobre la Persona por Nacer. A título personal, Saraví reflexiona sobre las críticas que realizó, en este mismo espacio, el Área de Derechos Humanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en relación con dicho encuentro.

Observaciones sobre la carta del lector "Disconformidad con un encuentro organizado por Ciencias Médicas"

Parte del afiche que promociona las cuestionadas jornadas

Escribe el Lector Unidiversidad por Fernando Saraví / Publicado el 12 DE MAYO 2015

Personas anónimas que dicen pertenecer al Área de Derechos Humanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo han manifestado de antemano su “disconformidad” por las Jornadas Interdisciplinarias 2015 sobre la Persona por Nacer, recientemente realizadas en el Hospital Universitario. Consideran que dicha reunión científica poseía un presunto “trasfondo religioso” que “viola el principio de educación laica”.

Es llamativo que cualesquiera personas emitan juicios sobre reuniones científicas que aún no han ocurrido, y la actitud se torna francamente alarmante si tales personas forman parte de un grupo relacionado con los derechos humanos. Ignoro si los organizadores de las Jornadas o el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Médicas se proponen contestar estas acusaciones. Por mi parte, como profesor de esa facultad y disertante en las jornadas cuestionadas, me siento obligado a puntualizar algunas precisiones.

Ante todo, conviene clarificar el concepto de educación laica. De una fuente no confesional, el Observatorio del Laicismo, copio la siguiente explicación: “La educación laica no cuestiona los fundamentos de las religiones, pero tampoco se basa en ellos, sino en los resultados del progreso de la ciencia, cuyas conclusiones no pueden ser presentadas sino como teorías que se cotejan con los hechos y los fenómenos que las confirman o refutan. Prescinde así de pretensiones dogmáticas y se ubica en la libertad; no se trata de una educación atea o agnóstica, sino de una educación independiente o al margen de las religiones.”

De lo anterior se desprende que lo exigible de un educador laico es que omita en su enseñanza, por lo demás libre, fundamentos o posiciones basadas en un punto de vista religioso. Esto, obviamente, no significa que se exija que el educador carezca de convicciones religiosas o filosóficas (lo cual sería, además de imposible, un inaudito atentado contra los derechos humanos), sino solamente que tales convicciones no deben formar parte de la  enseñanza laica.

En el caso que nos ocupa, los disertantes limitamos nuestras exposiciones a aspectos científicos, éticos o jurídicos de la vida humana prenatal. Desde luego, también hubiera sido legítimo y consistente con el principio de laicidad que se hubieran expuesto, con fines informativos, los puntos de vista de diferentes confesiones religiosas o de posiciones agnósticas o ateas. Pero, de hecho, eso no ocurrió.

Esto me lleva al siguiente punto a destacar, que es el extremo prejuicio de la protesta, formulada de antemano a las Jornadas, principalmente sobre la base de que una de las instituciones organizadoras, el Centro de Bioética, Persona y Familia supuestamente “promueve la homofobia y la función reproductiva de las mujeres como principal espacio para su desarrollo”; frase ambigua, ya que no queda claro cuál es el cargo con referencia a las mujeres (a menos que se piense que lo correcto sea promover su función antirreproductiva, lo que sea que esto signifique). En cuanto a lo de “homofobia”, la declaración es sencillamente calumniosa, como puede comprobarlo el lector visitando la página web correspondiente.

El mismo extremo prejuicio de los declarantes se manifiesta en la afirmación (nuevamente a priori) de que el punto de vista de los expositores desconocería el Fallo 259 de 2012 de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Por supuesto que muchos de los expositores estábamos bien familiarizados con ese fallo y algunos lo hemos analizado anteriormente con cierto detalle.

Por clara implicación, los críticos ponen en tela de juicio la seriedad científica e institucional de la Facultad de Ciencias Médicas, al considerar “de gravedad institucional” la realización de la citada actividad en el Hospital Universitario. Por mi parte, lo que me parece de genuina gravedad institucional es el intento de interferir en la libertad académica sobre la base de meros prejuicios, aunque tal intento haya fracasado.

Finalmente, los autores de la crítica solicitan “acciones reparatorias” abiertas a otras perspectivas que “respeten la laicidad de la Universidad” (que no fue en ningún momento violada). Si se trata de debatir sobre la vida por nacer públicamente, con seriedad y fundamentos, dentro de la Universidad o fuera de ella, pueden contar conmigo. Eso sí, sin censura previa.