Qué le falta a Mendoza para consolidar una matriz energética más limpia

Investigadores del Conicet en Mendoza analizan el estado actual y explican qué se necesita para ampliar el uso de energías limpias de manera planificada, justa y sostenible.

Qué le falta a Mendoza para consolidar una matriz energética más limpia

Mendoza tiene uno de los mayores potenciales solares del país, aunque la energía fotovoltaica aún representa una porción mínima de su matriz eléctrica. Foto: La Nación

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Publicado el 03 DE FEBRERO DE 2026

Mendoza se encuentra en un punto decisivo de su historia energética. Provincia históricamente ligada a la producción de hidrocarburos y al aprovechamiento del agua para la generación eléctrica, hoy enfrenta un escenario atravesado por el cambio climático, la variabilidad hídrica y la necesidad de diversificar su matriz para garantizar un suministro estable, sostenible y equitativo. En ese contexto, la incorporación de energías limpias y renovables aparece no solo como una respuesta ambiental, sino también como una estrategia de resiliencia, desarrollo local y justicia territorial.

El debate sobre la transición energética cobra especial relevancia en la provincia, donde conviven grandes represas hidroeléctricas, centrales térmicas alimentadas por gas y un enorme potencial solar aún subaprovechado. Desde el ámbito científico, Paula Blodinger y Carlos Valdivia, becarios doctorales del Conicet en el Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (Incihusa-Conicet), advierten que pensar el futuro energético mendocino implica ir más allá de las efemérides y comprender en profundidad qué son las energías renovables, cuáles son sus límites y por qué su expansión resulta clave para el presente y el futuro del territorio.

Las grandes represas explican más de la mitad de la energía que se genera en la provincia, un modelo cada vez más expuesto a la variabilidad climática. Foto: Prensa Guaymallén

Qué son las energías renovables y por qué su incorporación no es automática

Las energías renovables son aquellas fuentes de generación eléctrica que no se agotan con su uso y que, durante su funcionamiento, no emiten gases de efecto invernadero. Por este motivo, son consideradas herramientas centrales para combatir el cambio climático y avanzar en la descarbonización de las matrices energéticas, es decir, en el abandono progresivo del uso de combustibles fósiles como el petróleo, el gas y el carbón.

Sin embargo, para las y los investigadores, la clasificación de estas energías no es un tema cerrado ni exento de debates. Si bien se las denomina “limpias”, no lo son en un sentido absoluto. La construcción de parques solares, centrales hidroeléctricas o instalaciones eólicas requiere minerales, materiales y procesos industriales cuya extracción y procesamiento generan impactos ambientales. Por esta razón, el análisis de su incorporación debe ser integral y contemplar no solo la reducción de emisiones, sino también los efectos sobre los ecosistemas, los territorios y las comunidades.

En Argentina, la Ley 27191, sancionada en 2015, establece cuáles son las fuentes consideradas renovables: energía eólica, solar térmica y fotovoltaica, geotérmica, mareomotriz, undimotriz, energía de corrientes marinas, hidráulica —con un límite de 50 MW por central—, biomasa, biogás, gases de vertedero y biocombustibles. El límite impuesto a la energía hidroeléctrica se vincula con las consecuencias ecosistémicas que generan las grandes represas, aunque, a nivel internacional, no existe un consenso definitivo sobre el punto exacto a partir del cual una central deja de considerarse renovable.

Este marco normativo permite entender que la transición energética no consiste únicamente en cambiar una fuente por otra, sino en repensar de manera crítica cómo, dónde y para qué se produce la energía.

La generación distribuida permite que hogares y establecimientos productivos produzcan su propia energía y reduzcan costos eléctricos. Foto: Prensa Godoy Cruz

La matriz energética mendocina: fortalezas, límites y oportunidades

Mendoza posee una matriz energética con características particulares. La provincia ha sido históricamente productora de hidrocarburos y alberga la segunda destilería más grande del país, ubicada en Luján de Cuyo. A la vez, cuenta con una extensa trayectoria en la construcción y operación de centrales hidroeléctricas, tanto de gran porte como de menor escala.

Según datos del mercado mayorista eléctrico nacional, Mendoza dispone de una potencia instalada de 1515 MW (megavatios) para la generación de energía eléctrica. Esta capacidad se distribuye entre centrales térmicas de ciclo combinado, turbinas a gas y turbovapor, centrales a motor diésel, grandes represas hidroeléctricas, pequeños aprovechamientos hidroeléctricos y parques solares fotovoltaicos.

Más del 50 % de la electricidad que se genera en la provincia proviene de las ocho grandes represas que operan en su territorio, mientras que alrededor del 42 % corresponde a distintas tecnologías térmicas, concentradas principalmente en las centrales de Luján de Cuyo, Cruz de Piedra y Anchoris. En contraste, las energías renovables reconocidas por la Ley 27191 tienen una participación marginal: apenas el 8 % del total, de los cuales el 7 % corresponde a pequeños aprovechamientos hidroeléctricos y solo el 1 % a energía solar.

Este dato resulta llamativo si se considera el enorme potencial solar de la provincia. Mendoza cuenta con una de las mayores radiaciones solares del país, especialmente en zonas del norte y este provincial, lo que convierte a la energía solar fotovoltaica en una opción estratégica. En ese sentido, ya se encuentran en marcha proyectos de gran escala, como el parque solar El Quemado, en el departamento de Lavalle, que promete incrementar de manera significativa la participación de esta fuente en la matriz energética local.

No obstante, la expansión de las energías renovables enfrenta desafíos concretos. La falta de infraestructura de transporte eléctrico, la necesidad de reforzar las redes existentes y la intermitencia propia de la generación solar —que depende de la disponibilidad de sol— son factores clave a la hora de definir el mix energético provincial. Estos límites técnicos obligan a pensar la transición de manera planificada y articulada, evitando soluciones simplistas.

Investigadores del Conicet destacan que la transición energética requiere planificación, participación ciudadana y una mirada integral sobre el territorio. Foto: Prensa Ciudad de Mendoza

Beneficios, participación ciudadana y la importancia de una transición justa

La ampliación de la matriz energética mendocina no es solo una necesidad ambiental, también puede ser una estrategia de resiliencia y desarrollo local. En primer lugar, la matriz eléctrica mendocina presenta una fuerte dependencia de las grandes centrales hidroeléctricas, que explican más de la mitad de la energía generada en la provincia. Históricamente, el suministro local ha estado anclado al aprovechamiento de los ríos, configurando un modelo de generación altamente expuesto a los vaivenes climáticos. La actual variabilidad en los ciclos de deshielo representa un cuello de botella crítico para la provincia; es por ello por lo que el avance de la energía solar trasciende la narrativa de la sostenibilidad: se trata de una diversificación indispensable para garantizar la autonomía y estabilidad del sistema eléctrico mendocino.

En segundo lugar, existe una brecha significativa entre el potencial solar de Mendoza y su aprovechamiento efectivo, dado que una importante parte de la electricidad provincial continúa siendo generada por centrales térmicas que utilizan gas y otros combustibles fósiles. En este marco, la energía solar fotovoltaica sigue teniendo una participación marginal, por lo que es importante seguir apostando a ampliar su participación, con proyectos que tengan en cuenta a la ciudadanía y la generación de entramados productivos en la provincia.

En tercer lugar, más allá del ahorro individual, la importancia de la generación distribuida reside en su capacidad para descentralizar la producción energética y otorgar nuevas oportunidades para los sectores productivos de alto consumo energético. Este cambio de paradigma no solo optimiza las estructuras de costos, sino que dinamiza una red de pequeñas y medianas empresas locales dedicadas al soporte técnico.

Finalmente, la característica modular de la tecnología solar permite romper con la dependencia de las grandes redes de transporte y habilitar que la energía llegue allí donde la infraestructura tradicional no ha podido acceder. Al garantizar el suministro a comunidades rurales y puesteros en zonas aisladas, la provincia no solo reduce la brecha de desigualdad, sino que ofrece soluciones tangibles para mejorar la calidad de vida y la salud mediante equipos termosolares.

 

Fuente: Conicet

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