Un mundo en crisis que necesita los recursos naturales de América Latina
El politólogo y periodista francés Christophe Ventura dio un seminario en la UNCUYO. Dijo que no existe solución global a los problemas energéticos, ambientales y alimentarios sin los recursos de la región. La debilidad del bloque, las contradicciones del gobierno de Javier Milei y la importancia de los movimientos sociales y ambientales.
Ventura estudia y analiza América Latina desde su saber como politólogo y desde su ejercicio periodístico. Foto: Unidiversidad
Un mundo peligroso y oscuro, con dos características inéditas: una nueva configuración en la carrera por la supremacía, en la que Estados Unidos ya no es líder absoluto, sino que compite con China, y un sistema de producción que se enfrenta por primera vez al límite de lo que puede obtener de la naturaleza, lo que produjo una crisis ambiental. Esos rasgos distintivos pueden transformarse en una oportunidad o en un problema para América Latina, porque no hay una solución global a los desafíos energéticos, ambientales y alimentarios sin los recursos naturales de la región, que hoy está fragmentada y débil para negociar con ese mundo en problemas.
Ese escenario complejo es el que describió para Unidiversidad el politólogo francés Christophe Ventura, que dictó en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCUYO el seminario "América Latina en perspectiva: política, economía y sociedad". Además, participó de diversas actividades en el país gracias al programa conjunto del Instituto Francés, la Embajada de Francia en Argentina y la UNCUYO.
Ventura conoce América Latina. Su interés comenzó cuando era pequeño: lo atraían su historia, su gente, y los textos de Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa lo impulsaron a caminar por estas tierras con la mochila al hombro. Con ese recorrido a cuestas, decidió que la región sería su tema de estudio, se especializó en política y actualmente integra el Instituto Francés de Asuntos Internacionales y Estratégicos (IRIS) y, además, cuenta historias de esta parte del mundo desde Le Monde Diplomatique.
Con ese doble conocimiento de la teoría y la práctica periodística, analizó cómo impactan las problemáticas mundiales en la región y cuáles son las implicancias del debilitamiento del bloque, de las luchas internas, de los nuevos liderazgos, de las negociaciones y los alineamientos que impulsa cada gobierno sin una línea común. También, de la centralidad de los movimientos sociales, en especial los relacionados con la defensa del medio ambiente.
El investigador analizó la figura de Javier Milei, al que describió como un producto estructural de una sociedad en crisis. Dijo que su gestión está llegando a su propia contradicción, porque sus reformas no produjeron el efecto que quería, salvo la baja de la inflación, mientras que el resultado concreto es que la ciudadanía perdió poder adquisitivo y acceso a derechos.
También habló de periodismo, de la muerte de los medios de comunicación tal como se conocían, de los avances tecnológicos y del espacio que, aseguró, siempre existirá para que la inteligencia humana —no artificial— ejerza el oficio con parámetros de calidad.
El politólogo analizó la figura y el tipo de liderazgo de Javier Milei. Foto: Unidiversidad
Un mundo convulsionado
¿Cuál es su visión de la situación mundial? ¿Son las mismas pujas de la historia de la humanidad o tienen características particulares?
Creo que lo que tiene de nuevo es que vivimos en un mundo en el cual no hay una superpotencia que pueda pretender, gobernar al mundo. Es la primera vez que la primera de esas potencias, los Estados Unidos, se encuentra en una situación de debilidad relativa, no puede gobernar e imponerse al mundo entero; hoy hay otras potencias, la primera es China. Es distinto de lo que hemos visto antes, por ejemplo, entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que fue una confrontación más frontal entre dos ideologías que no estaban relacionadas. Aquí estamos en otra cosa. Lo nuevo es el hecho de que la primera potencia, que todavía es la primera potencia, no puede gobernar el mundo sola y su principal competidor, China, es un país con el cual hay una interdependencia económica y tecnológica muy fuerte. Esa es una configuración nueva en la lucha por la supremacía mundial. Esa situación se da en un contexto también inédito, el de la crisis estructural del capitalismo mundial que no se soluciona y que no va a solucionarse, porque es una crisis que articula muchas aristas, como la comercial, la tecnológica, la social. Diría que es la primera vez que el sistema de producción mundial se enfrenta al límite de lo que puede obtener de su ecosistema, es la crisis ambiental. Y el régimen productivo mundial que nutre y que organiza las luchas de poder está en una situación inédita porque, por primera vez en su historia, que tiene muchos siglos, se enfrenta al límite de lo que puede tomar, absorber de la naturaleza, del ambiente, y esa es una situación también inédita en este siglo XXI.
¿Cómo afecta ese escenario mundial, con esas dos características inéditas, a América Latina?
Creo que para América Latina esa situación es un gran motivo de preocupación, pero también una oportunidad. ¿Por qué? Porque, como siempre, América Latina, en este juego mundial de las potencias y de las luchas de recomposición del poder internacional, se ubica en una situación bien conocida, es una región que sufre dependencias de muchas cosas. Primero, un modelo económico basado principalmente en la exportación de materias primas, de productos agrícolas, de minería, de cosas que son absolutamente necesarias para la economía internacional, pero que dejan a los países latinoamericanos en la función de proveedores de materia prima con poco valor agregado y que son dependientes de sus clientes. Tienen comercio con los mercados internacionales más que con la región: apenas el 15 % de sus producciones se intercambian en América Latina, el 85 % de todo lo que se produce va para China, Europa, Estados Unidos. Es decir que hay una dependencia de la economía mundial con un posicionamiento débil, porque esa exportación de materia prima es con bajo valor agregado. También es dependiente de la demanda internacional, del consumo internacional, de los capitales internacionales para las inversiones, para el crecimiento local y de las tecnologías de los otros. Esa es una historia muy larga que evolucionó de varias formas. Desde la colonización, desde la "conquista" de los europeos, no cambió, es la situación actual, pero el contexto actual tiene algo de nuevo, y es que, precisamente por las materias primas, América Latina se encuentra hoy como uno de los lugares con soluciones a los problemas de este tiempo. Al menos en el sector energético, el alimentario y el ambiental, no hay soluciones a nivel global sin Latinoamérica. Con esos recursos, los países latinoamericanos, que tienen más de la mitad de la biodiversidad del planeta, podrían tener en su mano una carta, una ventaja para negociar mejor su inserción en la globalización, su manera de posicionarse en el juego mundial y negociar con los países, pero eso necesita condiciones.
¿Cuáles?
A mi juicio, se necesita fortalecer una voz común latinoamericana para enfrentar los desafíos, reflexionar en conjunto sobre las estrategias económicas y geopolíticas; por eso se necesita una América Latina que tenga más convergencia, más espacio común y menos divergencias entre los países. Hoy, lamentablemente, después de una década, estamos en un retroceso, y ese es el problema de la coyuntura latinoamericana, que no permite fortalecer una voz común para encontrar un camino entre las dos principales superpotencias que tienen a América Latina como teatro de conflicto, que son Estados Unidos y China.
¿Es factible que esa situación cambie, teniendo en cuenta que el Mercosur esta debilitado y que hay pujas entre los líderes del bloque?
Por el momento, no, porque cada país negocia su propia relación con China, con Estados Unidos, con Europa, y eso debilita la capacidad colectiva. Cada país prefiere, por el momento, por razones políticas, asegurar ventajas inmediatas, negociar solo, pero eso debilita el potencial que podría tener Latinoamérica para la gestión de sus riquezas.
¿Cuáles son las razones de este debilitamiento? ¿Son económicas, políticas? ¿Son las derechas, las izquierdas, las posturas extremas, el tipo de líder que gobierna?
Todos esos aspectos son parte del problema, pero creo que es más profundo, muy antiguo. El problema es que en América Latina gran parte de las élites, de las clases dominantes o dirigentes, están felices con esa situación. Finalmente, en todos los países, como Argentina, por ejemplo, los sectores más influyentes, los que más ganan con esta organización, en este sistema, no quieren cambiar realmente las estructuras económicas, políticas, productivas del país, porque tienen una ventaja material, intereses en la situación; por ejemplo, el sector agroindustrial. Es el tema agrobusiness en Argentina, en Brasil, que te crea una situación en la cual las élites son asociadas a la organización y a la debilidad del potencial latinoamericano. Eso es algo estructural. Otro aspecto es la política, que hoy es la polarización, las divergencias, el choque ideológico que hay en América Latina entre países como Cuba, Venezuela, Nicaragua y Argentina, Chile, Ecuador, se radicalizó. Nada puede ocurrir hoy en América Latina cuando existe tan mala relación entre Argentina y Brasil. ¿Cómo esperar un mejoramiento de la situación o una visión más integrada de la región en todos los aspectos con diferencias tan fuertes entre la política de los dos países, mientras son todavía los mejores socios económicos y comerciales? Eso es contradictorio, pero lo cierto es que, hoy, todas las instituciones de integración regional, todos los foros que tiene América Latina están muertos o sin actividad. La pelea ideológica y política tiene que ver con orientaciones políticas económicas muy diferentes entre la derecha y la izquierda, pero también está el tema de las alianzas estratégicas y, hoy en día, vemos bien que una mayoría de países en América Latina, incluso Argentina, están a favor de un especie de hiperalineamiento con Estados Unidos y, más allá de si estamos de acuerdo o no, eso no corresponde a la realidad socioeconómica y geoeconómica del país, porque Argentina ha sido diversificada desde el inicio del siglo XXI, tiene una variedad de socios: Brasil, China, sobre todo China ahora, Estados Unidos, Europa, por lo que necesita tener una política con todos, no una política de hiperalineamiento que te hace prisionero de un momento, de un programa del más potente en la relación. Eso es algo que no permite un fortalecimiento de la región como sujeto geopolítico.
Ventura explicó que América Latina está debilitada como región, lo que complica cualquier negociación por sus recursos. Foto: Unidiversidad
Milei como producto de la crisis
En este sentido, ¿cuál es su análisis del alineamiento que el gobierno de Javier Milei tiene con Estados Unidos e Israel?
Se puede hablar de un hiperalineamiento, y eso hay que analizarlo porque es nuevo. Es un alineamiento que reivindica una posición occidentalista en las relaciones internacionales, que reivindica que Argentina pertenezca a un mundo occidental, que sería definido por algunos criterios como el capitalismo, la religión, asumir una especie de lucha o de relación de fuerzas con otras civilizaciones. Eso es nuevo en un país como Argentina, que tiene como principal proveedor de sus importaciones a China, que tiene a Brasil como primer socio comercial; es un poco raro y no se sabe bien cuál es la contraparte para Argentina, porque esas posiciones cortan para Argentina una serie de cosas. El país decidió no interesarse en los BRICS (asociación de países emergentes), decidió no fortalecer relaciones con otros países del sur, decidió salir de la lógica regionalista de la integración sudamericana, en beneficio de una relación exclusiva con los Estados Unidos, con Israel y con algunos países europeos como Italia, pero no se sabe bien cuál es la contraparte. El gobierno de Milei recibió dinero de Trump, pero que se paga con tasas de interés muy fuertes y, además, Trump no abrió el mercado estadounidense a Argentina. Ahora dice que hay un tratado de libre comercio que hay ver qué incluye, porque, lógicamente, Trump no va a permitir, por ejemplo, que Argentina pueda exportar su soja masivamente a Estados Unidos, no tiene sentido desde el punto de vista de los intereses de Estados Unidos, y la única cosa que interesa a Trump, son los intereses de Estados Unidos. Entonces, no se sabe qué va a ganar realmente Argentina con este hiperalineamiento. Creo que hay que ver si corresponde a un momento coyuntural o si se trata de una bifurcación que va a tener consecuencias para un país que no tiene a Estados Unidos como socio central.
¿Cuál es su opinión sobre la llegada de un líder como Milei?
Primero, que es una propuesta política que hay que tomar en serio, más allá de la fantasía, del personaje, del exceso que podemos ver con él, o con Trump, o Bukele, u otro perfil similar, porque son productos de la crisis. Tienen raíces, no aparecen como locos. Milei dice que es el loco, pero la verdad es que es un producto estructural de una sociedad en crisis. ¿Qué crisis? Básicamente, para mí, es hijo de la crisis financiera internacional de 2008, que tuvo un impacto determinante en Latinoamérica, fue la región más afectada del mundo. Hablamos recién de dependencia y, cuando la economía mundial colapsa y los volúmenes de la demanda de materias primas fracasan, no hay plan B. Para resumir, después de la pandemia de covid, América Latina fue la región del mundo más impactada, en el plano humano, pero también en lo social, económico, con un crecimiento de todos los problemas, como desigualdad, aumento de la pobreza extrema, informalidad; todos los logros del periodo anterior se deterioraron mucho, y eso impactó a las clases populares y también a las clases medias. Mucha gente conoció una prosperidad nueva, una movilidad social, un trabajo, con una feminización de las sociedades latinoamericanas, en el sentido que las mujeres salieron de la casa para obtener trabajos calificados, pero todo eso cambió con la crisis, son esas personas las que pagaron el precio más fuerte. Aquí viene el fenómeno Milei, porque ha sido una respuesta de derecha diciendo que los culpables son el Estado y la clase política que no han protegido a la población. Es la misma historia con particularidades, pero se ve de Milei a Trump, de Meloni a Farage en Inglaterra. Podríamos hacer una lista larga y es siempre lo mismo: primero, te explican que los problemas de la sociedad vienen de la gente que gobierna y del Estado y, segundo, te dicen: "Tengo la solución, que es reorganizar la distribución de los recursos y de riqueza solamente para la gente de bien", entonces, hay gente que no merece lo que tiene —en Europa son los migrantes—, proponen gestionar de manera más "racional", y la gente que no lo merezca no lo tendrá más. Milei es el arquetipo de eso, dice que la economía va mal porque no se dejó ir a las reformas y a la liberalización de la economía hasta el fondo; entonces, la respuesta a la crisis del capitalismo, la respuesta a la incapacidad del sistema económico mundial para asegurar una prosperidad colectiva es que no hay suficiente capitalismo. La realidad es que esta propuesta no va a tener éxito, y ese es el momento en el cual estamos en Argentina.
¿Por qué?
Porque, básicamente, la crisis de la economía mundial no viene de los Estados, viene de las lógicas estructurales de ese sistema, que está en un momento en el cual no se puede desarrollar más el comercio mundial, no se pueden desarrollar más las lógicas de depredación sobre los recursos, y eso es algo que te que obliga a pensar cómo salir de este sistema. Esos son los debates sobre la transición ecológica, sobre otra manera de pensar la distribución de la riqueza mundial. Además, Argentina tiene estructuralmente un problema económico, que es que depende de sus exportaciones de soja y de carne para tener divisas, para crecer y asegurar el consumo interior, y sabemos que las exportaciones jamás van a llegar al nivel necesario para tener las divisas que aseguren el consumo interno. Como hablamos antes, el problema es la matriz productiva argentina; puede ser la mala gestión, obviamente, también forma parte del problema, pero, fundamentalmente, es el modelo económico argentino que no permite al país salir de sus problemas. Un país que está en situación casi de dolarización de su economía, que no tiene autonomía productiva, es un país que no puede tener soberanía sobre sus políticas financieras, monetarias, depende de alguien que decide el precio de su dólar, no a partir de la economía argentina o de sus necesidades, sino a partir de las necesidades y de los objetivos geopolíticos de los Estados Unidos, depende de nuevo del poder de Washington. Esas son debilidades estructurales que se imponen a todos los gobiernos. Milei, lo vemos bien, está en el momento en el cual llega a su propia contradicción, porque sus reformas no han producido lo que quería. La inflación bajó y esa es una cosa que hay que reconocer; tiene un apoyo bastante importante, porque para los argentinos es menos peor que lo que fue en términos de inflación anterior, pero la inflación no terminó, y el propio presidente reconoce que el salario real de los argentinos está bajando y paga el precio de su política de austeridad general porque, para tener las divisas que no tiene con las exportaciones, ha reducido las políticas públicas, los servicios públicos, y el resultado concreto es que los argentinos perdieron poder adquisitivo, perdieron acceso a derechos, y están cada día en situación más precaria. Eso hace que la gente no esté satisfecha.
Sin pedirle que haga futurología, ¿cuál es el escenario que avizora?
Este es el tema del momento en todos los países. Las presiones vinculadas a las crisis, a sus variadas expresiones, hacen que estemos en una situación de alta polarización, pero también de fragmentación de las fuerzas políticas, porque nadie soluciona los problemas y hay un gran viento de desconfianza que todavía existe después de la ola derechista de Milei o de otro. Esta ola todavía está: odio en contra de los representantes, de los gobiernos, porque no solucionan los problemas concretos, y eso provoca polarización, fragmentación. Se ve bien en Perú y lo vemos en Argentina: aquí el peronismo perdió y se puede explicar por qué, hay razones objetivas, hubo un rechazo muy fuerte por mala gestión que benefició a Milei. El balance de fuerzas no está muy claro porque hay una ventaja del oficialismo, pero no murió el peronismo. Con toda su crisis, no hay actores que se imponen, hay fuerzas y una volatilidad de los resultados electorales en todos los países que muestran que no hay, por el momento, fuerzas hegemónicas en lo político. Hay propuestas que pueden tener una fuerza momentánea, ganar, pero hay que ver después, con situaciones muy complejas de minoría, de alianzas temporales, porque no hay un actor que realmente tenga una hegemonía, tampoco el presidente, me parece. ¿Qué va a surgir con eso? No puedo decirlo porque la volatilidad, la indeterminación, son los parámetros del periodo en todos los países. Creo que, en los próximos tiempos, seguiremos con este tipo de sistema, hasta un momento en el cual haya un proyecto como fue la socialdemocracia, pero no estamos en este momento. Creo que hay que aceptarlo y, mientras tanto, saber que los escenarios van a cambiar mucho, las alianzas, los liderazgos. Creo que Milei es un arquetipo de esa rara situación que no hemos conocido en el pasado y que forma parte de la modernidad a nivel global.
El profesional resaltó el valor de los movimientos en defensa de los recursos naturales. Foto: Unidiversidad
Movimientos sociales y de defensa del ambiente
¿Cuál su opinión sobre los movimientos sociales que se producen en Argentina y en otros países en defensa de derechos?
En este panorama tan móvil e incierto, una parte de la sociedad se organiza, innova, hay una realidad de fuertes movimientos sociales en el mundo. Son movimientos ágiles, vivos, que intentan innovar en las prácticas sociales, en la visión que tienen del mundo, en la relación entre los territorios y la economía internacional, y eso es muy interesante. Tiene una forma más política, no electoral. Son elementos de novedad. Pienso que tienen un gran futuro, que van a crecer, porque la crisis provoca esos movimientos, y la continuidad de las lógicas económicas dominantes del neoliberalismo radicalizado, el que pretende imponer, por ejemplo el presidente Milei, que es un neoliberalismo radicalizado, produce cada día más problemas sociales que provocan la organización de los pueblos a través de movimientos sociales. Pienso que quizás aquí esté el mundo de mañana, pero no hay que ser ingenuos o idealistas: lamentablemente también hay movimientos sociales reaccionarios que quieren ir más allá del conservadurismo en muchos aspectos: los movimientos religiosos, por ejemplo, que se multiplican en América Latina o en Europa, con la extrema derecha, que asumen un programa de destrucción, de limpieza de la sociedad de sus elementos contraproductivos. Creo que la batalla de los movimientos también se articula aquí porque, enfrentados a esta gran crisis sistémica de la globalización, hay dos caminos para seguir: saber si se puede obtener una salida cooperativa o si vamos por una salida de competencia y de balance de fuerzas que terminará con guerras que ya están en el panorama. Lo que vemos cada día con Rusia, Medio Oriente, Irán, las pretensiones sobre Cuba, lo que pasó en Venezuela, demuestra que estamos en un momento de regreso de políticas de brutalidad en las relaciones internacionales, de la competencia radicalizada. Vivimos, hay que decirlo, en un mundo peligroso, un poco oscuro en el cual sabemos que el sistema va a cambiar, pero, al mismo tiempo, no hay un gran imaginario sistémico para reemplazar este sistema.
En este mundo complejo y con el valor que adquieren los recursos naturales, ¿cuál es su opinión sobre la importancia de los movimientos que defienden la soberanía sobre esos recursos, que tienen una enorme presencia América Latina, en especial en Argentina?
Primero, comparto la importancia central de esas luchas sobre los recursos, porque son las luchas que cuestionan la matriz del modelo económico latinoamericano, el modelo extractivista, de exportación, con sus dependencias y debilidades. Creo que esos movimientos son absolutamente cruciales, su contribución a la reflexión general de los movimientos sociales en el mundo es enorme. Lo que pasa aquí con esas luchas en contra de las megamineras o de la privatización de las tierras ha producido un pensamiento crítico muy fuerte en América Latina. Aquí nacieron algunos nuevos conceptos cooperativos, como extractivismo, como derecho social ambiental, que ahora tienen una llegada positiva en el mundo porque influyen en las reflexiones de los sectores institucionales, de los Estados que miran lo que pasa y vienen, por ejemplo, a nutrir reflexiones sobre la transición energética mundial. Por ejemplo, la ONU, con los objetivos de desarrollo sostenible, se inspira mucho en lo que sucede en América Latina y lo que proponen esos movimientos. Creo que proponen, que inventan nuevos mecanismos, nuevas maneras de tratar las riquezas, con una apropiación colectiva, con la participación de los pueblos en la gestión de los recursos, que reflexionan sobre una nueva relación entre los territorios y los Estados, que advierten la necesidad de impedir la libertad total de la lógica económica, que puede tener muchos aspectos de una depredación sin contraparte, y creo que esas son las perspectivas de alternativas que existen a partir de esos movimientos.
Los cambios del periodismo
Finalmente, aprovecho su trabajo como periodista para preguntarle por el futuro del oficio, en medio de los cambios económicos y tecnológicos.
Es un tema complejo, pero ¿qué es un periodista? Básicamente, históricamente, tiene la misma función que los obispos en la iglesia: interpretan el mundo y son los intermediarios, los que median entre el mundo y la gente. Hoy, todo este sistema, esta organización, esa función social, está explotando con una velocidad increíble, no solo por el cambio de la tecnología, sino también por el cambio del ecosistema, de los modos de informarse, de producir la información. Hoy, cada uno de nosotros es un medio, no eres solamente una periodista, eres un medio, eso es un océano de problemáticas. La gente no necesita a los medios de comunicación para informarse, la información se produce en las redes, la gente se informa a través de las redes, que no te aportan la verdad, pero te aportan la confirmación de tu opinión. Es la burbuja. Los algoritmos te ponen en un camino en el cual te vas a encontrar la misma gente y, al final, la verdad está cambiando de definición. La verdad no son los hechos verificados, la verdad son sus creencias, y eso es muy complicado para el periodismo.
En medio de ese cambio radical, ¿dónde se para usted para seguir ejerciendo el periodismo?
Todos nosotros estamos sin grandes teorías, estamos intentando ir por allá, después por allá. Creo, y es nuestra filosofía en Le Monde Diplomatique, que las tecnologías, con todo el potencial y la fuerza que tienen de cambiar el ecosistema de la información y la comunicación, van a reproducir las lógicas económicas dominantes. Es decir que los Chats GPT u otros multiplican lo que domina en cada tema. Si te vas a buscar algo sobre Gaza, Israel, vas a ver muy rápidamente que lo que te propone es la lectura dominante sobre la situación, no vas a encontrar algo alternativo o disidente. Otro ejemplo: Google negocia con los grandes grupos empresariales de los medios la posibilidad de tenerlos como referencia de tu búsqueda, por lo que seguro que si vas a hacer una búsqueda de Javier Milei, no va a aparecer Le Monde Diplomatique, vas a encontrar lo que dicen The Guardian, The Times, La Nación, pero no Le Monde Diplomatique. Esto es porque los mecanismos de esas tecnologías no son neutrales y van a replicar la hegemonía del pensamiento dominante. Yo creo que, para los periodistas, todavía hay un espacio para una información verificada, una información hecha por humanos que van a colectar informaciones distintas, lo que estamos haciendo aquí, donde me voy a reunir con 20 personas durante cuatro días para hablar, para debatir. Eso es algo más rico que nunca, también para los periodistas, porque este trabajo humano de interconexión humana va a ser la esfera de resistencia o de alternativa a lo que vamos a subir todos a las redes, porque no vamos a salir de eso, pero hay un espacio. Creo que es el fin de la era de los medios de masa, ahora hay una masa de medios. Hay que saberlo, asumirlo, y eso, al final, va a necesitar reflexiones sobre los modelos económicos para que una prensa humana, hecha con inteligencia humana y no artificial, viva en este ecosistema. Esa prensa no estará en el centro del sistema, estamos viendo el fin de este mundo, pero va a sobrevivir. Estoy seguro de que hay mucha gente disponible para elaborar una información de calidad, una información de investigación, una información distinta a la que se ve en las redes. De eso estoy seguro porque, como siempre, la ola tecnológica que cambia y crea un nuevo sistema va a desarrollar problemas nuevos, y veremos en el futuro que, como siempre ha sido, el derecho vendrá después para regular, para limitar y para dejar la posibilidad de otros espacios, en los cuales una prensa de calidad encontrará su camino.
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