Una hora de digestión antes de meterse a la pileta: ¿mito o verdad?

La idea se basa en que, al hacer la digestión, la sangre va hacia el estómago.

Una hora de digestión antes de meterse a la pileta: ¿mito o verdad?

A los niños, quienes suelen ser los más ansiosos por zambullirse en una pileta, se les dice que deben esperar al menos una hora para hacerlo después de comer. Imagen ilustrativa publicada en computerhoy.com

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Unidiversidad / Fuente: Chequeado

Publicado el 04 DE ENERO DE 2018

¿Cuántas veces te quedaste sentado en la orilla con sombrita de la pileta antes de zambullirnos porque recién terminabas de almorzar? Cuenta el imaginario social que después de digerir alimentos se debe esperar al menos una hora para poder nadar para no sufrir calambres.

Esta idea se origina en que, cuando comemos, toda la sangre viaja al estómago para hacer la digestión y no es capaz de abastecer de manera adecuada a los músculos. Éstos se quedan con escaso o nulo oxígeno y se acalambran, lo que alteraría la capacidad de una persona para nadar o mantenernos a flote y podrían producir el ahogamiento.

Sin embargo, a pesar de lo convincente que suena este argumento, no existe evidencia médica ni biológica que sostenga esta afirmación. Según una nota del portal Chequeado, existen tres razones por las que dudar del mito de la hora de digestión. En primer lugar, hay evidencia que indica que nuestro organismo mantiene el trabajo muscular, aún cuando en el proceso de la digestión hay un mayor flujo de sangre hacia el sistema digestivo. Incluso, algunos nadadores profesionales comen inmediatamente antes de una competencia para tener la energía necesaria para un buen desempeño.

Por otra parte, no se conoce del todo el proceso fisiológico que desencadena los calambres. La evidencia más sólida apunta a una disfunción en un control reflejo de los nervios motores que es producto de la fatiga. No obstante, existen estudios que dicen que realizar actividad física hace que el flujo de sangre vaya del aparato digestivo hacia la piel y los músculos de los brazos y las piernas con efectos sobre la movilidad intestinal.

Por último, ninguna organización médica o de seguridad hace recomendaciones actuales al respecto. En sus reportes de prevención de ahogamiento, ni la Academia Americana de Pediatría ni la Asociación Española de Pediatría ni la Cruz Roja ni la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten sobre nadar después de comer. Sin embargo, si se han preocupado sobre el alto riesgo de ahogarse debido al consumo de alcohol y drogas y por la vulnerabilidad de los más pequeños que se meten al agua sin supervisión de adultos o con equipos inflables que no funcionan como protección.

 

La precaución

Existe un pero y es que nadar con la panza llena sí puede producir vómitos y a otras consecuencias a nivel gastrointestinal. En caso de que haya un nadador, sobre todo si es un niño, que comenzara a vomitar mientras está nadando, y no hay un adulto cerca para socorrerlo, podría ser muy peligroso.

Por este motivo, la Asociación Argentina de Pediatría y otras agrupaciones similares sí recomiendan que luego de comidas muy abundantes se espere un rato antes de entrar al agua.

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