Bajar la edad de imputabilidad “es dar una respuesta vieja a problemas nuevos”

Así lo aseguró Carlos Parma, juez de la Cámara Penal de Menores. Dijo que la alternativa para los adolescentes que cometen delitos es clara y conocida: más prevención. La importancia de las medidas alternativas. Ni dioses ni demonios.

Bajar la edad de imputabilidad "es dar una respuesta vieja a problemas nuevos"

Para el juez de la Cámara Penal de Menores, la única solución es poner en marcha políticas públicas de prevención. Foto. Facebook personal.

Sociedad Unidiversidad Edad de imputabilidad / por Verónica Gordillo / Publicado el 01 DE MARZO 2019

El juez Carlos Parma, de la Cámara Penal de Menores, está convencido de que bajar la edad de imputabilidad no es la solución para la problemática de los adolescentes que delinquen. Por el contrario, cree que la solución es clara y conocida: más prevención, más salud, más educación, más viviendas, más cuidados.

Parma hace aclaraciones que es raro oír de boca de un juez. Repite que no tiene la verdad, que sus ideas son solo eso, un punto de vista. Sin embargo, su opinión se funda en sus 42 años de ejercicio de la profesión, en los 25 que lleva como magistrado, en los 28 libros que escribió y, sobre todo, en su labor con los adolescentes que cometen delitos graves.

Con ese recorrido sobre sus hombros, el profesor de la Facultad de Derecho de la UNCuyo analiza el proyecto del Régimen Penal Juvenil que presentó el Ejecutivo en el Congreso, que entre otros aspectos baja la edad de imputabilidad de 16 a 15 años cuando los adolescentes cometan delitos graves como homicidios o violaciones. Dice que no está de acuerdo con ese punto, pero que la iniciativa contempla otras medidas positivas.

Parma recibe a Unidiversidad en su oficina e intenta despejar el escritorio de expedientes, que para él no son otra cosa que la radiografía de la vida de los adolescentes que cometieron delitos. Cuenta que todas esas radiografías se parecen: crecer sin familia, sin casa, hacinados, con hambre, sin límites, con inicios tempranos en consumos de todo tipo drogas legales e ilegales, sin cuidados, sin amor por su propia vida y muchos menos por la de los demás.

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El juez es realista. Dice que muchos de los jóvenes reinciden, pero no pierde las esperanzas porque hay un puñado que ve esa puerta abierta que intentan mostrarles. Frente a su escritorio, en una biblioteca abarrotada de libros, tiene la cábala que le ayuda: una llamita que le hizo con sus manos uno de los chicos que más tiempo permaneció en el ex-Cose, que asumió su responsabilidad y que hoy tiene trabajo y familia.

Otra vez, Parma es realista. Explica que intenta pararse en un punto medio entre quienes repiten que son solo víctimas y quienes pretenden aumentar las penas. Cree que los adolescentes deben asumir la responsabilidad de sus actos, entender que hay una víctima, una familia que sufrió y sigue sufriendo.

El juez habla de temas que parecen no tener que ver con los niños que delinquen, pero sí están vinculados. Dice que la corrupción pública debe ser desterrada porque la plata que un funcionario se robó significa una escuela menos, un vaso de leche menos, una política pública menos. Dice que los medios de comunicación damos el mensaje equivocado, el del corrupto exitoso, y nunca hablamos de la buena persona, y eso mismo es lo que maman los chicos.

Según datos del Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes, en la Dirección de Responsabilidad Penal Juvenil (ex-Cose) están albergados 60 chicos mayores de 16 años que cometieron delitos. Además, 25 son asistidos en el Centro de Abordaje Médico de Excepción (CAME), ya que por distintos motivos no pueden volver a su casa (no hay un adulto responsable o su vida corre peligro), y otros 600 están contenidos en la Unidad de Medidas Alternativas (UMA), donde tienen un seguimiento pero regresan a sus hogares. El Ejecutivo impulsó modificaciones en los programas para brindar asistencia concreta a distintas necesidades. 

 

De errores y horrores

Hace años que usted es juez penal de menores. ¿Cuál es su lectura del devenir de las políticas destinadas a los adolescentes que delinquen?

A veces uno piensa que la historia hecha políticamente con los niños es una historia de errores, pero yo diría que es de horrores, porque han sido utilizados y también demonizados. Me parece que es una forma que tiene la política de tener miopía de futuro, porque si los políticos no entienden que tienen que trabajar las líneas de prevención, no van a comprender que el futuro está en ellos. Lamentablemente, en nuestro país –y lo hago extensivo a Latinoamérica–, la peor expresión se ha visto a través de la corrupción pública, porque si la favorecemos vamos a tener esto, países ricos con gente pobre. Pero a su vez, esta miopía de futuro producirá muertes por goteo con extremas tasas de pobreza, donde la plata que se lleva el corrupto al bolsillo es un vaso de leche menos, una escuela menos, un hospital menos, una operación menos. La corrupción pública es un tema que se debe tratar en serio, la política todavía no lo ha tratado en serio y acá están los grandes males de los que tendríamos que hablar. Lo primero que tenemos que hacer es tratar a los corruptos como lo que se merecen, que sean delitos comparados a los de lesa humanidad. De esta manera vamos a dar una respuesta a la política pública y vamos a empezar a trabajar en menores como corresponde.

Responsabilidad Penal Juvenil

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¿Cuál su opinión respecto del proyecto y específicamente de la baja de edad de imputabilidad?

El proyecto es bastante más extenso de lo que se ve, aunque solo se discute la baja de edad, pero creo que tiene aspectos positivos, que mejoran la prevención, la forma de abordar al niño. Tiene cosas que son exageradamente pretenciosas porque no estamos en Suecia. No hay que delirar tampoco, porque si no, formamos normas que generan expectativas y no se cumplen nunca. Hay que soñar y ser ambicioso de acuerdo a lo que se tiene, a dónde se vive y a cómo se vive. Este proyecto dice que atendamos esa franja de 14 y 15 años, lo que es positivo, pero siempre ocurre que el diablo mete la cola y alguno dicen: "Pongámosle pena también". Me parece que es un error que el de 14 y el de 15 tengan pena, deben tener un tratamiento. No creo que haya ningún juez de menores que diga que está bien la baja de la imputabilidad, no estamos formados para pensar que esa puede ser la solución. Acá la única solución es clara: más vivienda, más educación, más amor en la familia. Buscar una salida punitiva, represiva, bajando edades, es una cuestión de nunca acabar. Es mi opinión, no quiere decir que tenga razón, es un punto de vista.

 

Respuestas viejas a problemas nuevos

Se repiten las respuestas... 

Es importante que sepamos que los chicos de 14 o 15 años ya no tienen 14 y 15 años como tenían los chicos en el 75, que andaban con los autitos. Meditemos: el derecho penal se funda con ideas del siglo XVIII, tienen códigos del siglo XIX, actores del siglo XX y niños del siglo XXI, con problemas del siglo XXI. Entonces no podemos dar respuestas viejas a problemas nuevos. Me parece que tendríamos que trabajar más el tema de la salud pública, de la salud mental, porque si no trabajamos en la prevención muy fuerte, vamos a tener muchas consecuencias. Se habla de los niños delincuentes, pero ¿saben cómo fue la vida de ese chico? Acá vemos la radiografía (señala los expedientes) y son hogares destruidos: maltrato, hacinamiento, mucho alcohol, golpes, cuestiones de género, droga temprana, institucionalización temprana. Después llevan a los niños a la escuela, pero sus funciones neuronales no son las mismas que las de un chico que se educó en una casa con amor, que comió, que tenía un techo. Ahí empieza la repitencia y el chico que dice: "En la casa soy un monstruo y en la escuela soy un burro", entonces se produce lo que llamo un aborto post natal, porque ya no tiene contención, queda a la intemperie. Después aparecen estos sistemas penales y nosotros vemos qué podemos hacer para mejorar esa vida.

¿Cuentan con herramientas?

Sí, a veces funcionan y otras no. Tratamos a los chicos como seres humanos, intentamos que vean que hay una vida distinta, que sepan que hay una puerta abierta a un mundo mejor, y eso se sigue con lo que se denomina tratamiento tutelar. Hay mucha gente que trabaja de corazón, seriamente, en el ex-Cose, que busca alternativas para que los jóvenes trabajen, aprendan. Hemos tenido la suerte inmensa de estar al lado del cura Contreras y hoy puedo decir que quien dirige el ex-Cose (Arturo Piracés) tiene una visión de política pública, entiende. Esto es muy bueno, porque hemos tenido personas que no entendían, que no conocían el lenguaje interno, entonces nosotros no teníamos con quién hablar. De hecho, yo he estado hablando con paredes durante años, porque este tema es muy proclive a la onda adolescencial.

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¿Qué es la onda adolescencial?

Son estos que dicen: "Con el pibe charlo mucho", entonces el pibe se autorreferencia, no ve límites; dice "Este que me dirige es igual que yo", no entiende los roles, no sabe dónde tiene que ubicarse, y ya le parece que lo que hizo está bien, que está ahí injustamente. Es un desequilibrio, piensa: "¿Para qué me ponen aquí estos viejos que se equivocan?". Ahí empiezan los problemas, porque se amotina, rompe cosas, se droga, es decir, soluciona el problema como adolescente, tiene respuestas espasmódicas, sin pasar por un tamiz de responsabilidad. Desde ese punto de vista, creo que la figura del director del ex-Cose es muy importante. No soy su amigo, no tengo relación de ninguna índole, ni tengo ningún interés personal, pero me consta que entiende el tema.

Justamente, en este tema de los adolescentes que delinquen hay quienes se paran en una postura que los considera solo como víctimas sin responsabilidad, mientras otros tienen una visión más punitiva. ¿Dónde se para usted para abordar cada caso concreto?

Trato de pararme como se para El hombre en la encrucijada, de Diego Rivera: en el medio, con un timón, porque hay una víctima del otro lado. Los chicos deben ser responsables, deben darse cuenta de que modificaron algo en ese mundo exterior que nunca más volverá a aparecer, porque casi la mitad de los que llegan acá cometieron un homicidio. Entonces ahí había una persona que nunca más volveremos a ver, hay una víctima y decenas de personas que lloran y sufren por esa pérdida. Por eso, cuando le hablaba de salud mental, es también para trabajar en líneas de empatía, porque si para él está bien matar al otro, está medio difícil el tratamiento tutelar. Primero se da una desvalorización personal, que después implica una desvalorización de la vida del otro.

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Algunos ciudadanos, fogoneados por algunos medios de comunicación, piden la pena de muerte cada vez que un chico comete un delito grave. ¿Cuál es su opinión?

Son puntos de vista, no me enojo con una señora o un intelectual que dice eso, pero me parece que es "respetable". Suena feo que alguien diga que lo maten, es como comerse al caníbal. Estás en contra de las personas que matan y vos querés que maten al que mató, o sea, una irrazonable consecuencia de dos males. Yo no tengo la vara mágica de la verdad absoluta, pero creo que lo dicen porque no es su hijo; a lo mejor, si lo fuera, pedirían que le dieran una oportunidad. Esas opiniones, "que los maten", "que se pudran en la cárcel", son mediatizadas y aparecen como populismo represivo, punitivo, que se explica mucho desde la academia, pero me parece que es un camino equivocado. Repito que lo mío es un punto de vista, que en todo caso está fundamentado, pero un punto de vista más.

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UNIDIVERSIDAD es una publicación digital perteneciente al Centro de Información y Comunicación de la Universidad Nacional de Cuyo. Espacio destinado a la educación, la investigación y la extensión, que desarrolla desde sus distintos miembros y ...

¿Por qué es el camino equivocado?

Creo que no soluciona el problema. Yo insisto en trabajar en salud pública, específicamente referida a la prevención social y al drama de la corrupción que está extendida. Porque hay una corrupción abierta y pública, pero hay otra que es privada, que es el maltrato intrafamiliar, que siempre es adulto contra niño y hombre contra mujer, es asimétrico; entonces, esa corrupción que se ve como un maltrato intramuros redunda en un chico muy agresivo. La agresividad que hay en Argentina es muy grande, ese escenario no es un buen consejero. Tendríamos que hacer una política pública fuerte para que ser una persona buena sea un buen negocio, para que el amor exista en la familia. Y no soy Coelho, no soy un cura ni soy un pastor alemán, pero el amor tiene mucho que ver con la formación de los niños y con la agresividad, porque lo contrario es el maltrato. Y si desde que nace sufre maltrato intrafamiliar, como lo vemos acá cotidianamente, entonces el niño entrega eso, entrega lo que recibe.

¿Cómo reaccionan en general los adolescentes frente a estas medidas de seguimiento?

Parecería que la estadística es negativa, hay mucha reincidencia, hay chicos que vuelven a cometer delitos. Se ve cuando son mayores, es decir, un joven que tiene 20 años ya está en la cárcel y ya pasó por el ex-Cose. Pero eso no nos tiene que quitar la esperanza. Tiene que ser un elemento positivo el hecho de que hay uno que se salvó, que hay uno que estaba condenado y hoy tiene una familia, está trabajando y es un hombre que aporta al bien de la comunidad y a su yo interior. Recién hablamos de la importancia de ver una puerta abierta a un mundo mejor, entonces si logramos que uno, dos o tres la vean, tenemos que sentirnos satisfechos, porque un solo chico es todo un mundo.

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