Carta abierta por si un día me asesina un ladrón

Compartimos nuevamente la carta abierta de Santiago Giménez en contra del uso político de los crímenes resonantes para promover la mano dura y la restricción de derechos a la ciudadanía más vulnerable.

Carta abierta por si un día me asesina un ladrón

Foto: Axel Lloret - Sitio Adnino

Escribe el Lector Unidiversidad por Santiago Giménez / Publicado el 12 DE SEPTIEMBRE 2013


Soy Santiago Giménez y en base a los hechos de violencia en ocasión de robo que son de público conocimiento, escribo esta misiva por si muero asesinado por delincuentes.

Es común que cuando muere un joven blanco y de clase media en un ilícito se organicen marchas para pedir justicia que terminan exigiendo finalmente “mano dura”, fusilamientos de delincuentes, anulación de derechos, procesos antidemocráticos y más.

Le pido a los familiares y amigos que lamenten mi muerte que traten de evitar caer en esos pedidos y que, de ser posible, aprovechen las entrevistas periodísticas (que es probable que existan) para recordar que la violencia social es producto de la pésima distribución de los bienes. Que las sociedades con más concentración de riqueza en pocas manos y de pobreza en muchas son las más conflictivas.

Quisiera que recuerden también que la clase media queda enfrascada entre aquellos muy pocos que pueden garantizarse su seguridad en base a los recursos que disponen y aquellos que no tienen nada que perder. La clase media es víctima y victimaria porque suele apoyar propuestas que desequilibran aún más hacia el lado de la injusticia social. La clase media suele ser la autora de su propia destrucción porque apoya políticas económicas que la diezman y porque estas mismas políticas generan las condiciones de violencia y delincuencia que la afectan. Los propulsores de las políticas económicas que generan pobreza y que la clase media apoya, viven en lugares más difíciles de alcanzar por delincuentes comunes.

Quisiera pedir por favor que, si llego a morir asesinado por un delincuente mayor de edad, se pida un juicio justo y una pena de cárcel. Si fuera un niño quien me mate, pido que se estudie qué llevó a un niño a convertirse en un asesino y se lo contenga y ayude.

Desearía que se aproveche esa situación para pedir que las cárceles no sean depósitos infectos donde se almacena en condiciones atroces a quienes delinquen; y que se solicite la restauración de la dignidad para las personas que habitan en los presidios y la puesta en marcha con carácter urgente de planes de educación, escolarización y enseñanza que abarquen a toda la población carcelaria, reitero a toda. Pido que se exija que los presidios posean condiciones de habitabilidad extremadamente dignas.

Expreso ahora que no debe culparse a organismos de Derechos Humanos porque no son estos los que han creado las condiciones sociales de mi muerte, sino todo lo contrario. Una sociedad que garantice el cumplimiento de los Derechos Humanos será una sociedad con menos asesinatos. Este cumplimiento está enteramente ligado a la correcta distribución de lo que produce toda la sociedad y la no concentración de este producto en pocas manos.

Culpo de mi asesinato a quienes han implementado por la fuerza medidas económicas que han generado inequidad social, a quienes las han propuesto y apoyado en etapas democráticas; a quienes se oponen por cuestiones de egoísmo, ideología práctica o estupidez a que se apliquen políticas redistributivas y de igualdad.

Culpo a los traficantes de drogas destructivas, culpo a los vendedores y fabricantes de armas (legales e ilegales) que obtienen ganancia económica proporcionando herramientas de matar. Culpo a quienes ganan dinero generando necesidades de obtener objetos en las personas y promoviendo que los productos son más importantes que la vida, culpo a quienes hacen fortunas en la industria cultural promoviendo el cretinismo y la utilización del otro como objeto y que les resulta sumamente conveniente una sociedad llena de individuos con limitaciones para pensar, pero con alto grado de deseo de consumo.

Culpo a quienes han estado encargados del Estado y han guiado recursos a quienes más ganan en lugar de a quienes más necesitan, a los que han tomado las riendas del Estado para destruirlo y denostarlo y culpo a quienes los pusieron allí. Culpo a quienes se oponen a que las mujeres decidan cuándo, cómo y con quién tener hijos obligándolas a enajenarse de su propia vida para dedicarla a una prole víctima de la injusticia social y finalmente culpo a mis asesinos directos.

Espero, finalmente, morir de viejo y en paz.

derechos humanos | seguridad | inseguridad |