¿Cómo defender la democracia en Venezuela?

Elizabeth Gómez Alcorta es abogada con orientación en Derecho Penal (UBA), defensora de Milagro Sala, presidenta del Movimiento de Profesionales para los Pueblos.

¿Cómo defender la democracia en Venezuela?

Foto: Página 12

Internacionales Columnas Crisis en Venezuela / por Télam / Publicado el 04 DE FEBRERO 2019

En 1966 se firmó el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos que determina el derecho a la libre autodeterminación de los pueblos. Hoy asistimos a la violación de este derecho del pueblo venezolano.

Se puede discutir el alcance de la Revolución Bolivariana, sus éxitos y sus deudas. Algunos/as tenemos una mirada que nos acerca al proceso abierto por Chávez por la ampliación de derechos, la recuperación de soberanía con la nacionalización de industrias estratégicas y muchos ejemplos más, pero no desconocemos las dificultades que están atravesando actualmente y confiamos en que el mismo pueblo hermano pueda salir adelante en un marco de paz. Sin embargo, vemos con claridad que se está gestando un golpe de Estado impulsado por Estados Unidos.

Quizás debamos preguntarnos: ¿qué es la democracia?

Me veo en la obligación de preguntar esto porque, si la soberanía del pueblo se consolida en las elecciones y en las calles, cabe destacar que desde 1999 hasta la fecha, en el territorio bolivariano se disputaron 25 elecciones, de las cuales solo dos tuvieron como ganadoras a las fuerzas opositoras. En ambas situaciones, esas derrotas se reconocieron. No sorprende la intromisión de Estados Unidos. Impulsó dictaduras cívico-militares en nuestro continente y en las últimas décadas hizo de Medio Oriente un polvorín. ¿Alguien puede pensar que Trump defiende la democracia, habiendo sido electo en el marco de un discurso de odio, xenofobia, misoginia y racismo?

Por otro lado, el golpe tiene el apoyo del Grupo Lima, que cuenta en sus filas con países con serios problemas a la hora de pensar en democracias plenas. Colombia atravesó durante toda la década del 90 la denominada "guerra contra el narcotráfico" impulsada por EE. UU., que costó la vida de decenas de miles de colombianos/as y, desde que se iniciaron los diálogos de paz con la guerrilla, 600 dirigentes fueron asesinados. En Brasil, un golpe institucional destituyó a Dilma y encarceló a Lula, proscribiéndolo. Luego, Bolsonaro se impuso con un discurso reivindicativo del terrorismo de Estado, que llevó a la persecución de dirigentes opositores y al asesinato de Marielle Franco.

La democracia en nuestro país cada día es de más baja intensidad. Ante la acelerada pérdida de derechos y una grave crisis económica, se legitimó el uso de la fuerza letal de parte de las fuerzas policiales y se reivindican los abusos y los requerimientos de la utilización de las fuerzas armadas en nuestra vida cotidiana. Los homicidios de Santiago Maldonado, de Rafael Nahuel, de Facundo Ferreyra y el encarcelamiento de Milagro Sala se inscriben en esa lógica. 

En pos de colocarse en la lista de gobiernos obsecuentes de Estados Unidos, el gobierno argentino se convierte en el primero de nuestra historia en asumir una actitud intervencionista, desconociendo una tradición respaldada en nuestra Constitucional Nacional y en los Pactos Internacionales de Derechos Humanos. En definitiva, lo que está en juego es la democracia en Venezuela y la autodeterminación de su pueblo. Estoy convencida de que la única salida es el diálogo, como proponen realizar este 7 de febrero en Montevideo los gobiernos de Uruguay, México y Bolivia.  

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