Con un pie en la historia pero interpelando el futuro

La revista Crisis propone una alternativa estética renovada. Aborda la política y la realidad actual con otra mirada donde hoy los medios hegemónicos hacen agua. Es bimestral y tiene una tirada de 8.000 ejemplares en todo el país. En Mendoza, la distribuye la Editorial de la UNCuyo. 

Con un pie en la historia pero interpelando el futuro

Crisis se ubica entre el periodismo lúcido y la investigación militante, entre la literatura y la crítica teórica.

Cultura Unidiversidad por Federico Lorite / Publicado el 19 DE SEPTIEMBRE 2012

Repensar la realidad que nos atraviesa y reinventarse todo el tiempo. Con esas premisas, la revista Crisis intenta llegar a sus lectores desde una mirada crítica y generando un debate que hoy por hoy no tiene espacio en los medios hegemónicos ni oficiales.

No se trata de una publicación universitaria que se encierra en el discurso academicista conservador. Crisis va más allá: explora temáticas de fondo, las aborda desde otra mirada, genera el espacio a la crítica con un lenguaje llano y directo.

La revista comenzó a editarse nuevamente en octubre de 2010 y hoy tiene una tirada de 8.000 ejemplares en todo el país. Se distribuye en quioscos y en editoriales universitarias.

La antigua Crisis surgió como una publicación de cultura, para luego adquirir una fuerte impronta política. El primer número apareció en 1972 y fueron 40 los que se publicaron hasta agosto de 1976. Era una revista rioplatense, sudamericana y latinoamericana. La dirigieron Federico Vogelius y Eduardo Galeano y participaron en ella Julio Cortázar, Juan Gelman, Haroldo Conti, Hermenegildo Sábat, entre otros influyentes intelectuales, periodistas y escritores.

La publicación se ubica “entre el periodismo lúcido y la investigación militante, entre la literatura y la crítica teórica”, con la decisión manifiesta de “tomar el ayer como recurso y archivo, no como meta ni medida”. Tiene una periodicidad bimestral y propone una propuesta estética renovada.

Darío Bursztyn, corrector y traductor del colectivo editorial, visitó las oficinas de la Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo (Ediunc), que la distribuye exclusivamente en Mendoza ante un público acotado pero ávido de “otra” lectura.

 ¿Qué plantea hoy Crisis? 

Es difícil plantear hoy qué es un colectivo editorial cuando todo está muy mercantilizado o bien las únicas publicaciones “serias” pasan por la vida universitaria, porque es muy difícil sostener producciones editoriales de pensamiento y de crítica no afines a un proyecto puntual, político o académico. Para eso constituimos una asociación civil sin fines de lucro que se llama Colectivo Editorial Crisis, primero que nada con la idea de rescatar lo que fue la revista interpelando el futuro y no el pasado, porque no es una revista de historia, pensar cuáles son los temas que nos preocupan o creemos que nos preocupan hoy por hoy a los argentinos.

Como decimos siempre, con un pie en la historia que ya tenemos transitada pero pensando el momento de hoy hacia dónde camina el mundo, hacia dónde camina el sistema, a fin de cuentas, estamos en el capitalismo y seguimos pensándolo.

¿Qué diferencia encuentra con la Crisis de los 70?

Hemos tenido mucha dificultad con la gente que tiene, no por una cuestión de edad, pero le voy a poner una edad para que se entienda lo que se quiere decir: la gente que tiene más de 50 años, por decir de alguna manera, y que transitó su primera vida intelectual o política con la Crisis anterior que interpelaba el momento intelectual y político que se vivía en los 70 que, por supuesto, era otro, no digo que sea bueno o malo, era otro. Entonces qué hicieron: fueron a rencontrarse con sus raíces y si Crisis hace honor a la historia intelectual que tuvo, no puede ser la misma de antes porque si no quiere decir que está muerta. Insisto que esto es sacarse el sombrero con tipos como Bayer, Galeano, Paco Urondo y todos los que colaboraron. Lo loco es que esa gente haya querido rencontrarse con cada uno de los artículos de Galeano o cada uno de los artículos de Rogelio García Lupo, y eso no puede ser, entre otras cosas porque varios de ellos, debo decirlo, fueron convocados al comité editorial y no quisieron participar nuevamente de la actual Crisis. Quiero decir que para ellos también forma parte de su pasado, no es que dejaron de pensar o dejaron de escribir y dijeron “ya está”. Hay una nueva generación de gente que puede interpelar el presente y los lectores de esa camada no lo entendieron. Y ahí tuvimos que reconquistarlos para que entren en esta dinámica de concurso que es novedosa, ajustada, sofisticada pero que responde a estos tiempos.

Se trata de épocas muy distintas…

Los 70 tuvieron una magia y a su vez tuvieron una bolla, un ancla que no los dejó avanzar, que es la impronta de los 60, una década en que de verdad el mundo estaba dividido en dos y de verdad las cosas eran blanco o negro. Entonces, uno no podía estar ni un poquito a favor de la guerra de Vietnam, estabas a favor o en contra. Han pasado muchos años y la realidad tiene una escala de grises en todo caso, porque Corea del Norte sigue siendo o diciéndose socialista lo mismo que sigue diciéndose Cuba, pero a su vez hay países que no existen más, ni siquiera el nombre. Era una realidad, en ese sentido, más fácil de pensar en blanco o negro. Hoy por hoy la realidad se puede pensar un poquito distinta, porque hay algunos éxitos en algunos campos y fracasos importantes en otros.

¿Cómo abordan la realidad desde esta posición?

Nos han pasado cosas muy insólitas. Nosotros tratamos el tema de los Dragones de Chubut antes de que estallara el segundo conflicto, que luego se judicializó. No es que tengamos ninguna bola mágica, pero buscamos otra mirada sobre los temas, nos preguntamos qué está pasando con esto. Cuando uno tiene un gobierno nacional, y no vengo a hacer ni crítica ni elogios, que dice que lo mejor que puede pasar es instalar más cámaras en las esquinas más periféricas y digitalizar las entradas en todos los edificios para poner el dedito, nos preguntamos si esto es bueno o malo. Vamos a pensarlo. Llega un momento que la sociedad de control, Matrix mediante, te deja dado vuelta porque al fin de cuentas, cuando vos generaste el control, ¿quién maneja la información? Entonces se pusieron en debate estos temas, que han sido muy polémicos. Uno escucha al gobierno nacional o incluso en las provincias o las cámaras empresarias que dicen que está todo bien con el modelo. Nosotros lo primero que nos preguntamos: ¿está todo bien? El neodesarrollismo plantea un modelo de desarrollo del país que hay que ver si es bueno o malo, no estoy haciendo juicio de valor, lo ponemos en cuestión y lo miramos desde el dónde. Entran decenas y millones de dólares en exportaciones, ¿exportando qué?, ¿a qué precio?, y en el interior del país, ¿qué pasa? Para esto no hay que ser muy crítico: el glifosato existe, los herbicidas existen, la tala de montes existe, esto es incuestionable. ¿Cuál es el precio del desarrollo?, sería la pregunta. Eso es lo que ponemos en debate. No nos ponemos a opinar, lo ponemos en debate.

Ante esta mirada, ¿es difícil mantener este tipo de publicaciones?

Muy difícil, porque hay gente que no entiende que nos debemos el debate antes de decir “yo soy de tal partido o tal organización”. Antes de decir “yo soy”, ¿por qué no nos sentamos a pensar por qué al país hay que salirlo a construir todos los días?

¿Encuentra autocrítica en el kirchnerismo?

El kirchnerismo ha logrado algunos avances en materia social que evidentemente funcionaron bien en el marco de un país que estaba en crisis, pareciera ser que es todo lo que hay. La pregunta que nosotros hacemos, y si se fijan en el último número que está en la calle, es ¿hasta acá llegamos? Es una nota crítica, difícil de leer, difícil en el sentido de que es muy densa. Bueno, ¿llegamos hasta acá o hay que tirarlo todo por la borda? El tema es cómo seguimos pensando esto.

¿Qué temas encuentra el lector en Crisis?

La gente que lee la revista ve que cuando nosotros abordamos, por ejemplo, el transporte, vamos y entrevistamos a todas las cámaras, levantamos investigaciones universitarias vinculadas con el transporte de investigadores, eso se articula, se piensa y se elabora una nota. Pero no es lo que dice o no dice Moyano sobre los camiones, porque el mundo no empieza y termina en Moyano, más allá del poder que tenga. 

¿Cómo se conforman las reuniones editoriales?

Hay un equipo chico que elabora, se sienta a pensar, y como la revista sale cada dos meses, de ahí entran a rodar los temas. Esto lo hacemos, esto lo pedimos, a quién se lo pedimos, y cuando empieza a llegar el material, vemos qué podemos elegir, porque todo no puede entrar. Por ahí la nota donde el periodista tenía una expectativa maravillosa no tiene la densidad que esperaba porque pasa eso. Luego viene el otro tema que está más relacionado con mi tarea, que es corregir, porque a veces la gente piensa muy bien pero no escribe de la misma manera. Y hay que rearticular sus ideas para que el lector las pueda entender. Hay gente que habla bien, que da una clase magistral y nadie faltaría a una clase pero, a la hora de volcarlo, no es una lectura fluida.

¿Cómo trabajan el diseño?

La revista se pensó siempre como un dossier con un tema principal que aparece en la tapa. Además, hay una cantidad de temas que son de actualidad o debate y que no forman parte del dossier. Y así como se pensó un dossier, se pensó un dossier fotográfico. A veces son afines al tema principal y a veces no. Con la titulación se buscó más retórica, que no sea un lugar común, un chiste fácil y a veces jugar con el lenguaje. La revista tiene una densidad cuasi académica  y el lenguaje de todo eso es muy informal, muy de la calle, de gente joven, uno mezcla y conjuga lo que escucha en la calle.

¿Cómo es su tarea como corrector en Crisis?

Yo soy traductor de la revista y corrector. Mi primera tarea es pelear con los propios compañeros de trabajo que entregan el material tarde (risas), esta es la pura verdad y entonces es todo para ayer. Pero más allá de la broma, a mí me obliga a una doble lectura, que es la lectura en cuanto al contenido, porque puede haber cosas donde hay que modificar o repreguntar, cifras que no están ajustadas porque están mal tipeadas o simplemente porque la información no vino de forma clara. Y, obviamente, la corrección de estilo, los sujetos, predicados y los modificadores, la subordinada, los puntos y todo eso. Si no tampoco el material se puede leer, y todo eso entregarlo siempre para ayer, para que puedan volver a plantarlo y que vaya a imprenta.

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