Haciendo más deuda e(x)terna

Columnas | Sociedad

15 de mayo de 2017, 10:30.


El epistemólogo y docente de la UNCUYO alerta sobre la cada vez más impagable deuda que sigue atando a la Argentina a través de los años. Con cifras e historia de los números que empobrecieron al país, muestra su preocupación ante el panorama actual.



Unos 70 000 millones de dólares ha aumentado la deuda externa en los últimos 17 meses. Un verdadero récord, absolutamente preocupante.
 

 En toda la dictadura militar (siete años y medio), el aumento de la deuda fue de algo menos que 40 000 millones. Ahora, en apenas el 20 % de ese tiempo, se ha llegado a cerca del doble de incremento. O sea: nos endeudamos a un ritmo 1000 % más rápido que la última dictadura.
 

De ello, sólo unos 17 000 millones fueron para "resolver" la cuestión de los fondos buitre, que, como algunos señalaron en su momento, no se resolvía con pagar lo que ellos pedían. Ahora, el inefable juez Griesa pretende que la Argentina se siente amablemente a discutir con el resto de los holdouts una pretendida deuda de nada menos que 180 000 millones de dólares. Piden que les paguemos igual que a los buitres (lo que era un reclamo obvio cuando se decidió pagarle a estos).

La deuda externa se ciñe como una sombra negra sobre el país, como ya lo hizo cuando nos llevó al desastre de 2001. Para entonces, el FMI monitoreaba desde la presidencia hasta los municipios; se metía en despachos, auditaba gastos, exigía recortes. Era un gobierno paralelo y el gobierno tenía que tomar deuda para pagar la anterior, cada vez prestada con intereses más altos. Así fueron el megacanje y el blindaje en tiempos de De la Rúa, comandados por Sturzenegger, actual director del Banco Central. Él estuvo con proceso judicial por esa causa y no fue declarado inocente, sino que la causa prescribió por lentitud del proceso. La total catástrofe del fisco nacional ocurrió poco tiempo después. Ahora, los intereses que se pagan son del 8 % anual; en dos años –que para los primeros préstamos, se vencen dentro de poco más de seis meses– los 70 000 millones de dólares se convierten en 82 000 millones a pagar, aunque nosotros sólo recibimos los 70 000 millones.

A esa suma se agrega la deuda previa, con lo que estamos en alrededor de 200 000 millones. La extraordinaria negociación del año 2005 con Kirchner y Lavagna ahorró a la Argentina alrededor de 70 000 millones, que nos sacaron de la iliquidez y la carencia permanentes. En menos de año y medio, hemos desandado ese logro importantísimo.

Lo peor es que la deuda no es como la inflación: la población no la nota y cuando ya se impuso, es tarde para reaccionar. Vi por TV a un joven diputado oficialista que, con ingenuidad –real o fingida, no lo sé– declaraba que "todo país pide préstamos para financiar cosas buenas, como obra pública, ¿cuál es el problema?". El problema es el descalabro de necesitar luego más préstamos para pagar los anteriores y entrar en una bicicleta impagable. Argentina ya lo vivió, quizá este político es demasiado joven para recordarlo o saberlo.

Se requiere que la intelectualidad alerte sobre este flagelo silencioso que nos está comiendo el futuro y que ensombrece el país en que vivirán no sólo nuestros hijos o nietos, sino el que nos tocará a nosotros dentro de tres o cuatro años. Cuando todo el dinero público va a pago de deuda, se bajan los sueldos de todos los estatales, como pasó en 2001, cuando se incluyó hasta a los jubilados, que de por sí ganaban una miseria. Y no hay un peso para ninguna de las áreas estratégicas de la acción del Estado (salud, educación, previsión social).

Todavía estamos a tiempo de parar esa máquina infernal. Ya ha avanzado bastante, pero cuanto más la dejemos continuar (y callemos por conveniencia política momentánea, o por ignorancia de la gravedad de lo que está en juego), mucho peor será para todos nosotros y para las generaciones posteriores, como sociedad y como país. 

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