“La protección de los derechos humanos retrocedió de manera alarmante”

Así lo consideró el experto español Carlos Villán Durán, en una charla que brindó en la UNCUYO. Avizoró la posibilidad de una confrontación mundial y planteó la necesidad de que los Estados asuman sus funciones básicas y que los ciudadanos controlen en forma activa a sus gobernantes.

"La protección de los derechos humanos retrocedió de manera alarmante"

Carlos Villan Durán explicó que impulsa el derecho humano a la paz como la única alternativa frente a las políticas mundiales belicistas.

Derechos Humanos Unidiversidad por Verónica Gordillo / Publicado el 25 DE JUNIO 2018

Fue causa y efecto. Primero, los Estados más poderosos del mundo abandonaron sus obligaciones en materia de respeto y protección de los derechos humanos. Segundo, eso provocó que los niveles de protección de esos derechos retrocedieran de forma alarmante, incluso a esquemas equivalentes al final de la Segunda Guerra mundial. Ese panorama, un poco sombrío pero real, fue el que planteó el exmiembro de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Carlos Villán Durán, en una charla que brindó en la Facultad de Derecho de la UNCUYO.

El estudioso fue uno de los participantes del Seminario Internacional “El futuro de los derechos humanos y el Estado de derecho”, que organizaron los integrantes del Centro Latinoamericano de Derechos Humanos (CLADH).

Además de un experto en la materia, Villán Durán es el presidente de la  Asociación Española para el Desarrollo y la Aplicación del Derecho Internacional de los Derechos Humanos (AEDIDH), que impulsa la inclusión de la paz como un derecho humano fundamental. Un objetivo lejano si se lo coteja con la realidad: el profesional aseguró que hoy existen 70 conflictos armados, que el sistema internacional de seguridad de Naciones Unidas es bueno, pero no funciona por el derecho a veto de los cinco miembros poderosos (China, Francia, Rusia, Reino Unidos y Estados Unidos), al tiempo que avizoró la posibilidad de que en dos años se desate un conflicto mundial, con un grave riesgo nuclear.

Frente a este panorama desalentador, Villán Durán planteó, en una entrevista que concedió a Unidiversidad, acciones concretar para intentar cambiar el rumbo. Dijo que los Estados deben rearmarse y asumir sus funciones esenciales, así como transformar sus esquemas neoliberales hacia el desarrollo sostenible. También marcó la importancia del rol ciudadano, de participar y controlar a sus gobernantes.

 

Retroceso y riesgos

¿Cuál es la situación actual respecto de la protección de los derechos humanos a nivel mundial?

Lamentablemente, tenemos que partir de la realidad. Y la realidad es que hoy los niveles de protección de los derechos humanos –tanto a nivel nacional como internacional– han ido retrocediendo de una manera alarmante, en muchas ocasiones hasta esquemas equivalentes a los que existían al final de la Segunda Guerra mundial. Este retroceso sin precedentes se debe a un abandono por parte de los Estados más importantes del mundo de sus obligaciones en materia de respeto y protección de los derechos humanos. Con un presidente de opereta como tenemos en Estados Unidos –el presidente (Donald) Trump–, que hace alarde de un desprecio absoluto del derecho internacional y de los derechos humanos, teniendo en cuenta que además es el presidente del imperio del mundo, lógicamente nos da una alarma y una alerta suficientemente clara de cómo está el mundo.

Esta situación incluye los conflictos armados, de los que usted habló en la exposición.

Sí, hoy existen 70 conflictos armados en el mundo y eso también nos lleva a la idea de que una confrontación generalizada mundial es posible de aquí a menos de dos años, que es el período que le queda por cumplir todavía al presidente Trump. Hay un grave riesgo de conflicto nuclear y de generalización de conflictos armados, como ya es el caso. De manera que en ese panorama tan sombrío, la protección internacional de los derechos humanos queda más olvidada, relegada, pisoteada. Los derechos humanos no se respetan, sobre todo si hay impunidad por parte de los actores, si los que violan los derechos humanos son impunes, no hay persecución contra ellos, entonces se sienten impunes y siguen repitiendo las violaciones, y las víctimas se quedan sin reparación. Es lo que ocurre, sobre todo cuando hay conflictos armados, es una situación pavorosa.

¿Cuáles son las alternativas que plantea frente a esta situación tan difícil?

Frente a la crisis hay que reaccionar, hay que rearmarse en el sentido intelectual de la palabra. No hablo de rearme militar, no creo en las armas, sino en la paz y en los derechos humanos. Rearmarse pasa por hacer una profundización de nuestros sistemas democráticos. Nuestras sociedades civiles tienen que participar más, mucho más, en la construcción de la defensa de los intereses colectivos, de los intereses públicos, y tienen que participar más en las instituciones públicas. No podemos dejar la construcción nacional en manos de los políticos profesionales, incluso de los políticos profesionales que han sido elegidos por el pueblo, porque incluso a ellos hay que controlarlos de manera directa, inmediata, efectiva, y exigirles responsabilidades y cuentas en forma continua. Nuestra participación tiene que ser militante, real, y tiene que ser una participación crítica. De manera que tenemos que exigir a nuestros gobiernos que se desenganchen del derrame generalizado, que dejen de comprar armas o que dejen de venderlas.

¿Por qué los ciudadanos no asumimos un rol más activo?

Hay comodidad, pero también hay mucha manipulación informativa. Es decir, los ciudadanos en muchas ocasiones no conocen realmente lo que está pasando en su país o en el mundo, quién mueve los hilos o quién está detrás de los intereses. Por ejemplo, por qué de repente la Argentina tiene un préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI) de 500 millones de dólares y qué significa el servicio de esa deuda. ¿Ha habido debate social en torno a esto? No, ha habido una decisión de la cúpula, del presidente y de su gobierno de suscribir con el FMI, pero no se ha consultado al pueblo si es eso lo que habría que hacer. Entonces hay un déficit democrático evidente. Si el pueblo no reclama ser consultado, la consecuencia es que tenemos ese préstamo del FMI.

 

Rearmar el Estado

En este escenario mundial complejo, ¿cuál es el rol que debe asumir el Estado de derecho?

Hoy el Estado no es el mismo, está más debilitado, privatizó servicios soberanos, como la seguridad. Es una vejación de competencias soberanas del Estado a favor de las empresas. Esto es un negocio y, solo por dar un ejemplo, recordemos que Estados Unidos privatizó la guerra de Irak a favor de una serie de compañías. El Estado debe prestar los servicios públicos básicos y tener el monopolio del uso de la fuerza, porque la privatización de sectores estratégicos (minas, petróleo, servicios eléctricos, seguridad) conlleva a una debilidad congénita del Estado, que cada día tiene menos recursos para asumir sus responsabilidades. Y si hay un 30 % de pobres, entonces el Estado no está satisfaciendo los derechos de esas personas. España, por ejemplo, es un Estado desarrollado pero desigual, porque uno de cada tres niños tiene carencias nutricionales. El Estado debe rearmarse y asumir sus funciones, puede hacerlo porque no hay otro organismo con más reconocimiento; pero puede lograrlo sólo si cambia el esquema neoliberal a una política de desarrollo sostenible; no hay otra forma.

¿Cómo se modifica ese esquema, teniendo en cuenta que los seres humanos estamos cada vez más cerca del individualismo?

El modelo neoliberal está basado en la exaltación del individualismo, que es el modelo de Estados Unidos, pero para nuestra cultura, la hispana –que compartimos Argentina y España–, no es ese el modelo tradicional. Nosotros somos más solidarios por naturaleza, construimos más en sociedad, creemos más en la importancia del pueblo, de las sociedades familiares, municipales, provinciales. Nosotros creemos más en el Estado del bienestar, lo que significa el reconocimiento de los derechos económicos, sociales y culturales como eslabón fundamental de la construcción de la paz social.

Usted planteó en la charla el peligro que significa el avance de los partidos nacionalistas de extrema derecha en el mundo. Según su punto de vista, ¿cuáles son las razones por las que los ciudadanos los votan?

La mayoría de esas derechas se disfrazan de un populismo que desinforma y embelesa al votante con falsedades, y el votante las toma como buenas. Esos son los populismos nacionalistas, es la bandera del populismo nacionalista, que envuelve a Trump, por ejemplo, y a los líderes más reaccionarios del mundo de hoy.

También se generaron planteos xenófobos contra los extranjeros.

En Europa hay una perspectiva xenófoba contra el extranjero, contra el inmigrante, se defienden criterios nacionalistas muy estrechos, xenófobos y reaccionarios, y es una reacción visceral contra el otro que es extraño o es diferente. En realidad, creo que en la diversidad está la riqueza y la gente joven que emigra a nuestros países aporta la riqueza de su juventud, sobre todo en nuestras sociedades que están envejecidas, donde no se renueva la población, y por eso recibir inmigración joven es riqueza pura.

En medio de esta realidad compleja, ¿surgen nuevos derechos humanos?

Los derechos humanos siguen creciendo, acaparando nuevas dimensiones. Por ejemplo, el derecho humano a la paz, que nosotros trabajábamos, es un derecho de nuevo cuño, es lo que se llama la tercera generación de derechos humanos o derechos de la solidaridad internacional, como el derecho al desarrollo, al desarme, a la asistencia humanitaria internacional o a la paz de los pueblos. Es un conjunto de nuevos derechos humanos, que los impulsores de DD. HH. defendemos y patrocinamos como alternativa a estas políticas neoliberales y belicistas, que tratan de invadir el escenario internacional y que no nos llevan a ningún estado positivo más que a la autodestrucción de la humanidad.

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