La reforma universitaria: entre el compromiso y la necesidad (Parte 1)

En diálogo con periodistas de los medios públicos de la UNCuyo, el rector Arturo Somoza  reflexionó sobre todos los temas que han sido motivo de orgullo o merecen autocrítica de parte de la Universidad, particularmente aquellos que afectan y hacen a la suerte de su gestión. Aquí, el primer tramo de la entrevista.

La reforma universitaria: entre el compromiso y la necesidad (Parte 1)

Ing. Arturo Somoza, rector de la UNCuyo

Sociedad Unidiversidad por Marcelo Ripari, Eva Guevara y Natalia Bulacio / Publicado el 02 DE ENERO 2013

El porqué del lanzamiento de la propuesta de reforma del estatuto universitario a finales del 2012 y el balance estrictamente político de una línea ejecutiva que, anticipándose a su final de ciclo, apuesta a la renovación, a una mayor democratización y, en definitiva, a seguir en el camino del avance institucional. Pero además, las cuestiones de fondo, las características de nuestro sistema de educación superior, los bemoles en una región con particulares demandas y necesidades y el tono de verificación de quien hace su propio balance de fin de año afirmándose en el escenario futuro. Así transcurrió la primera parte del diálogo con Arturo Somoza, rector de la UNCuyo.

¿Por qué en este momento se encara la reforma estatutaria?

Estaba anunciado que la reforma debía ser una culminación de un proceso que se iniciaba con la tercera evaluación institucional que prevé la Ley de Educación Superior. Ese proceso incluyó una autoevaluación y la frutilla de todo fue el nuevo Plan Estratégico, que plantea los grandes objetivos para los próximos 10 años e incorpora todo lo que tiene que ver con la personalización de la universidad, donde desarrollamos una visión y una misión. Digamos que la Universidad está lo suficientemente madura y en condiciones de reformar su actual estatuto y proveerlo de definiciones particulares como que la educación superior es un bien público, un derecho social y una obligación del Estado; son nociones que podrán ser compartidas con otras universidades. Nosotros las recogemos y al mismo tiempo hacemos nuestro planteo sobre el tipo de relación con la sociedad, que fue lo que motivó nuestra fuerte intervención en el proceso de ordenamiento territorial, intentando hacer entender que estamos en una situación de un sistema socioproductivo injusto, ambientalmente insostenible y territorialmente desequilibrado, y que frente a eso la responsabilidad de la Universidad es muy grande.

En la relación con la sociedad trascendió la novedad de que la Universidad brindará asesoramiento a las comisiones de los representantes del pueblo en el Congreso. ¿Es así?  

Sí, se firmó la semana pasada un acuerdo con la Cámara de Diputados para implementar un sistema privilegiado de consultoría, pero aparte hay otras medidas que son interesantes, en las cuales nuestra universidad ha innovado; por ejemplo, en la capacitación del personal legislativo. De las 42 comisiones que tiene la Cámara de Diputados del Congreso nacional, nosotros recordábamos que tenemos una tecnicatura para la Legislatura provincial donde se hace la capacitación del personal, también es uno de los compromisos de la Universidad, trabajar en la capacitación del personal del Estado en los diferentes poderes o ámbitos.

Con la modificación de la Ley del mercado de valores existe la posibilidad de que las universidades se transformen en una suerte de consultoras de riesgo. ¿Está dentro de los planes de la universidad para el año que viene?

Eso no lo hemos abordado en detalle. Desde ya, hay que tener mucha gente capacitada en ese plano de conocimiento de gran especificidad; he escuchado que algunas universidades tienen propuestas para trabajar en ese sentido. Yo no lo descarto pero aún no lo hemos analizado.

¿Está conforme con el resultado del plan estratégico? ¿Qué expectativa tiene en cuanto a su aplicación?

El plan estratégico nos plantea el escenario en grandes trazos, después lo que viene es el plan institucional de desarrollo a cinco años, que obviamente va a exceder nuestra gestión, y nos plantea todo un escenario mucho más previsible. Creo que eso es lo que ha cambiado fuertemente en la Argentina, ya que si uno mira para atrás, se encuentra con que se vivía de emergencia en emergencia, es decir, la Universidad estaba en conflicto permanente con el día a día. No es que nosotros hayamos llegado a una situación ideal en materia de presupuesto –creemos que se puede mejorar el presupuesto y hacer muchísimo más- pero sí tenemos claramente un escenario mucho más previsible, lo cual nos exige más. Hay que analizar con qué elementos afrontamos la propuesta de ir a un sistema socio-productivo para la región, el oasis concentrado y tecnificado sin el cual sería imposible subsistir y, obviamente, lo que será fundamental es la agregación de valor que tiene que ver con el conocimiento. Por lo tanto, lo que yo creo es que tenemos que conocer si sigue generándose un proceso de concentración en las grandes urbes y sigue habiendo migración, y advertir que el desequilibrio territorial tendrá una incidencia no sólo ambiental, sino también social al afectar las posibilidades de calidad de vida. Cada vez es más claro que en las ciudades concentradas, con crecimiento del sistema vehicular y saturación en todo sentido de los servicios, es cada vez más difícil vivir. Me parece que esto nos obliga a mirar el futuro y la Universidad tiene mucha responsabilidad en eso.

¿Quiere decir que habría que empezar por la descentralización en el dictado de carreras?

Lo que caracterizamos es que aquellos que son más vulnerables en la migración son los jóvenes, y el problema es que van generando un proceso de descabezamiento de la renovación dirigencial en las pequeñas y medianas ciudades. O sea, migran quienes andan buscando trabajo o estudio, y en general migran quienes tienen más contactos y más motivaciones, así como también más respaldo familiar y social, generando una situación muy riesgosa que afecta al llamado desarrollo endógeno. ¿Qué quiere decir esto? Que si no hay nuevos dirigentes que sean capaces de proyectar sus propias ciudades, es muy difícil revertir el proceso de migración. Está claro que ha habido intervenciones desde visiones planificadas sobre ciudades pequeñas sin considerar sus particularidades, y sin una contraparte de la propia dirigencia local –lo que hace al desarrollo endógeno- es muy difícil que esta situación se revierta

La elección directa de rector y decano es una cuestión de envergadura política, que está llamada a tener una incidencia en la identidad de la Universidad. ¿Se hace esta reforma con la idea de adoptar un mecanismo más democrático?

La elección directa es un instrumento más democrático; yo aspiro, sobre todo, a que genere una participación más interesada. Me explico: me parece que hay una cierta cristalización del sistema de participación, como que en realidad es poco lo que se decide  por el sistema de elección indirecta. Advierto que éste tiene algunos riesgos, pero también los tiene la elección directa; es decir, no hay sistemas perfectos. Lo que vale la pena, en definitiva, es afrontar el problema de la cristalización, y a eso apuntan los cambios. Es que la Universidad como sistema no tiene incorporado, y esto es un déficit muy fuerte, la formación del dirigente universitario en la conducción política. No hay una preparación del relevo de los nuevos dirigentes, se hace en la acción y está claro que un buen docente o investigador tiene condiciones predisponentes, pero de ninguna manera garantizan que sea un buen gestor. Además, hay temas que conspirar como que no hay una reparación salarial suficiente para quien decide parar una carrera académica para gestionar, siendo éste uno de los dilemas que tiene la Universidad. Ahora bien, lo que yo veo como preocupación del sistema indirecto es que está generando muy poca oferta de dirigentes de relevo y veo que va a haber un cambio generacional; viendo un poco la edad nuestra se requiere un recambio generacional. Al menos siete facultades van a cambiar el decano, en un año y medio se cambiará el rector y el vice: la idea es que ese cambio no implique una impericia colectiva, digamos, ya que un salto hacia abajo insumiría varios años para poder remontarlo.

¿El cambio del estatuto no lo habilitaría a usted para un nuevo mandato?

Como está hecha la propuesta, no. Si me lo propusieran, no lo aceptaría de ninguna manera; es una decisión personal. Está cumplido un largo ciclo, ya que estuve tres años de secretario académico en Ciencias Agrarias, seis años de decano, seis años de vicerrector y ya llevo cuatro años y medio de rector. El propósito que me impuse hace mucho tiempo respecto de esta etapa se ve compensado, y no es que no aparezcan nuevas motivaciones y nuevas metas, es que los ciclos personales se agotan, y de ahí la necesidad de que exista un recambio. Tiene que entrar gente más joven en la gestión.

¿Dónde está su proyección política personal? ¿En el CIN, quizás?

No es un tema que me angustie realmente. He tenido desde joven el impulso de ser un militante político, lo he sido; considero que durante toda mi vida he mantenido la vocación política aun en los momentos más oscuros de la dictadura, y además expresé esa vocación en la política partidaria. Luego encontré un canal en la Universidad que me fue permitiendo accionar y capacitarme en ese sentido, pero también hay una cuestión que tiene que ver con la edad, quizás uno veía como inconveniente ocupar espacios de poder como para hacer una carrera. Yo estoy absolutamente satisfecho y realizado en ese sentido. Si encontrara un espacio que no me forzara a un cambio significativo, quizás 20 años atrás me hubiera interesado ser legislador nacional. Hoy tal cosa no me interesa, no me atrae en absoluto. Realmente tengo vocación por lo ejecutivo, con lo cual el campo de posibilidades es muy reducido. Además, tengo la alternativa de, al terminar mi gestión, en un año más, poder jubilarme. Para tal caso, tengo una gran cantidad de actividades personales postergadas, con lo cual estoy preparado para ser un jubilado más.


Una de las preocupaciones de su gestión ha sido la construcción de acuerdos posibles y transversales, en función de los cuales adelantó su opinión respecto de reformar la integración del Consejo Superior. Su idea era que los representantes no lleguen al Consejo a defender sus respectivas facultades sino un proyecto político transversal a la Universidad

Sigo pensando lo mismo. Lo que ocurre es que la condición que nos pone el estatuto de lograr los dos tercios favorables para la reforma hace que tengamos que ser muy cuidadosos en cómo abordarla. Hay temas que tienen una alta adhesión, como la elección directa, pero hay que ver que es parte de un proceso de maduración. Yo recordaba que hubo un intento de reforma del estatuto sobre el final de gestión del rector Francisco Martín y recuerdo que se trabajó en comisiones en cada unidad académica y sólo una, la facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria, proponía la elección directa. En cuanto al órgano de gobierno, que es el Consejo Superior, lo que  veo es que hoy es imprescindible tener una visión holística de la Universidad, porque, por ejemplo, para generar nueva oferta educativa lo que sucede es que, según el estatuto, es a propuesta de las facultades. Esto ha sido un freno para el análisis integral de las ofertas que respondan a las demandas y necesidades de la región. Además, hay una cuestión preocupante que la advierto acá y en el CIN también: se trata del problema de la penetración de la visión corporativista profesional. No digo que sea ilegítima en su origen, sí es preocupante ya que las unidades académicas contemplan los intereses profesionales, pero éstos no pueden dominar. Cuando lo que dominan son esas visiones corporativas, lo que en realidad se frena son los emergentes de ofertas, que en la dinámica que tiene el conocimiento van a seguir surgiendo. Aparecen nuevos campos laborales, nuevos campos de conocimiento transversales, nuevas conformaciones, rediseños y generalmente los mecanismos más reactivos hacia ellos son los profesionales, ya que ven en riesgo su nicho laboral. Se trata de un mecanismo que es muy reactivo y muy conservador al momento de las novedades y cuando se nota, ya es muy tarde.   

¿En qué consiste el planteo respecto del Consejo Superior?  

 El Consejo Superior es una innovación muy fuerte en el Estado argentino. Por un lado, por el autogobierno y, por otro lado, porque muestra funciones legislativas, judiciales y ejecutivas, aunque  yo creo que tiene que ser más legislativo y judicial que ejecutivo. En los hechos, el rol ejecutivo es más bien formal; no sucede lo mismo con las funciones de contralor, con vista a los sistemas de información y de monitoreo, es un rol  muy importante. Lo que sí me parece es que es un reclamo histórico de los órganos de gobierno el espacio propio en la discusión de política universitaria; en este sentido, la propuesta es que exista una reunión anual para evaluar la marcha del plan estratégico y de desarrollo institucional. Me parece que esto propicia el que tengamos elementos sistémicos y el trazo de hacia dónde vamos, al menos como tendencia. Debo decir que el sistema universitario argentino sigue siendo muy reconocido en Latinoamérica, pero tiene un déficit de generación de teoría de su propio sistema, con otros centros no pasa lo mismo. Claro que son los que hacen un análisis de hacia dónde tiene que ir el sistema educativo que no tiene nada que ver con la visión argentina, prácticamente el sistema es altamente competitivo, es el estudio para los que pueden llegar y competir; no concibe la inclusión como un elemento de justicia social básico y plantea un solo escenario mundial, donde hay que competir el sistema de ranking para llegar a estar posicionado a nivel global. La visión argentina y latinoamericana dominante es que no podemos entrar en esa lógica, no sólo por las escasas probabilidades de tener éxito en ese sistema, sino porque cabe preguntarse a qué modelo estamos aspirando, si uno que implica analizar los escenarios de un mundo más sostenible ambientalmente y socialmente menos injusto y territorialmente más equilibrado, e investigar y trabajar en ese sentido, u otro en el que simplemente vemos cómo producimos autos a combustión. Entiendo que estamos en una contradicción muy fuerte. La matriz energética argentina tiene un 90% de hidrocarburo, es un tema que debemos abordar seriamente o vamos a terminar comprando energías limpias en el exterior cuando son energías accesibles para la universidad argentina. Ese es el cambio de modelo que tenemos que trabajar.

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