Los sindicatos, base de los derechos laborales

El epistemólogo y docente de la UNCUYO analiza la importancia del 1.º de mayo, logro de los trabajadores que obtuvieron derechos históricos que siguen vigentes hasta hoy. El peligro de ciertos sindicalistas argentinos que "no hacen honor a los sindicatos".

Sociedad Otras Miradas / Publicado el 04 DE MAYO 2017

Pasó el 1.º de mayo, Día de los Trabajadores. Una puesta en homenaje a quienes –por vía de una larga lucha– lograron imponer, desde la segunda parte del siglo XIX, la jornada de 8 horas diarias, la licencia por embarazo, el descanso dominical y luego el sabatino, las jubilaciones y las pensiones, entre otros tantos derechos hoy consagrados, pero previamente inexistentes. La organización sindical ha sido decisiva para hacer colectivas y legalizadas las largas contiendas por conseguir estos avances, que no se han dado sin muertos, perseguidos, exonerados, satanizados, y que reconocen avances y retrocesos, pues jamás fue lineal llegar a estas mejoras en las condiciones de trabajo, las que eran terribles a comienzos de la sociedad industrial.

Vienen a la mente hitos nacionales e internacionales varios, como la memoria de Sacco y Vanzetti, sacrificados en los EE. UU.; como la aparición de la FORA, primer confederación obrera nacional en la Argentina; como las luchas y la organización de los primeros anarquistas y socialistas en nuestro país, y luego el reforzamiento asociado al Estado durante el primer peronismo, ya entonces en la CGT. Y después, las acciones de resistencia, el Cordobazo y el Mendozazo contra las dictaduras de Onganía y Lanusse, la histórica CGT de los Argentinos comandada por Ongaro, aquellos sindicatos que –con Ubaldini como uno de sus líderes– se animaron a la enormidad de hacer una paro general a la dictadura de Videla.


Con ese pasado de sacrificios y testimonios hechos desde los de abajo de la historia, desde la pobreza, cabe poco la referencia a aquellos sindicalistas que no hacen honor a los sindicatos: "Momo" Venegas es un claro ejemplo de ello. Amigo de la patronal (Sociedad Rural), hombre enormemente enriquecido según no pocas referencias mediáticas, no extraña que en un acto oficialista por el 1.º de Mayo, no exigiera espacio para hablar de actuales caídas salariales, baja del empleo o ataques repetidos al sindicalismo.

Es cierto, entonces, que hay sindicalistas corruptos; pero no por ello puede atacarse al sindicalismo en su conjunto. Muchos sindicalistas son honrados y luchadores: y aún en el hipotético caso de que la mayoría no lo fuera, cabe distinguir la necesidad de que haya sindicatos del hecho de que algunos –o muchos– de sus dirigentes no estén a la altura de lo que se requiere.

Ningún gobierno tiene derecho a levantar el dedo acusatorio contra los sindicatos en nombre de la existencia de malos sindicalistas: es que también hay buenos políticos, pero ciertamente hay muchos malos. Y en casi todos los gobiernos existen funcionarios corruptos (lo que suele hacerse más evidente sólo cuando esos gobiernos ya se han ido). De tal modo, la autoridad moral que algunos gobiernos se autoasignan para ir contra el sindicalismo, más que dudosa, resulta indubitablemente inválida.

Y, por cierto, cuando las afinidades electivas de un gobierno van por el lado de amigarse con Venegas o con Luis Barrionuevo, poco espacio ético queda para reclamar nada en relación con la cuestión sindical.

En cualquier caso, bienvenido el Día del Trabajador, como modo de memoria activa sobre los derechos irrenunciables que nunca están garantizados para siempre. Que las exigencias sobre salario, empleo y prestaciones sigan siempre firmes en quienes diariamente crean la riqueza de la que todos vivimos, y que ello pueda expresarse a pleno en las próximas negociaciones paritarias, para en algo compensar esa caída de alrededor del 10 % del salario que hemos padecido desde el año 2016.

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