Mendoza, sin datos certeros sobre desnutrición infantil

Entidades de ayuda aseguran que el hambre se siente con mayor dureza.

Mendoza, sin datos certeros sobre desnutrición infantil

Foto: Gobierno de Mendoza

Sociedad Unidiversidad por Zulema Usach / Publicado el 06 DE DICIEMBRE 2018

Que una alimentación equilibrada y rica en nutrientes esenciales representa uno de los pilares fundamentales para el adecuado desarrollo físico y mental de los niños y niñas es una de las premisas más repetidas por parte de los/las profesionales de la salud. Los componentes de una dieta saludable, aseguran, deben estar presentes inclusive antes de la concepción del/la bebé y a lo largo de todo el embarazo.

Sin embargo, en un país donde la pobreza extrema se hace notar con crudeza e impacta de manera directa en la infancia, la deuda pendiente queda a la vista. Entidades que colaboran con las familias que pasan hambre a diario aseguran que la situación de crisis va por encima de su capacidad de respuesta. Casi al mismo tiempo, no hay estadísticas oficiales sobre el déficit alimentario en la niñez ni relativas a la desnutrición.

La problemática es preocupante. Esta semana, Unicef Argentina publicó los últimos datos relativos a pobreza multidimensional alertando que el 48 % de los niños, niñas y adolescentes del país está en esa situación. Es decir, viven con necesidades que van desde las más extremas, como no tener un plato de comida todos los días o no poder vestirse, hasta otras no menos básicas, como tener dificultades para ir a la escuela o vivir en un lugar muy inseguro.

En ese riesgo viven en Mendoza al menos 330 mil pequeños de 0 a 14 años, de acuerdo a las últimas estadísticas publicadas por la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE).

Desde la Asociación Internacional Acción por el Hambre han advertido sobre la situación de la niñez y cómo impacta la deficiente alimentación en los primeros años de vida. Es más: destacan que, en realidad, Argentina y Venezuela son los únicos dos países donde la desnutrición y el déficit de nutrientes en la niñez (ligados a la pobreza y la falta de acceso a elementos básicos) no están visibilizados ni forman parte de las estadísticas.

Florencia Rodríguez, integrante de la entidad, alertó que, mientras desde el Estado no exista un mecanismo para cuantificar la desnutrición en el país, la problemática se agravará sin posibilidades reales de abordaje. “El hambre existe, está allí afuera aunque no podamos tener un panorama global de esta realidad. Es fundamental actuar y concientizar en este sentido porque las secuelas a corto y largo plazo para la infancia pueden ser irreversibles”, asegura la joven mendocina.

En diversos documentos publicados, la Asociación Civil Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil Dr. Alejandro O’ Donnel (con sede en Buenos Aires) también ha alertado sobre la falta de datos oficiales que aborden el estado de la nutrición en la infancia. De acuerdo al observatorio de la entidad, al menos 11 de cada 1000 niños nacidos vivos mueren en el país en el primer año de vida. Son al menos 8174 bebés que mueren cada año luego de nacer por diversas causas, una de las cuales es la incorrecta alimentación.

“Desde el nacimiento hasta los 24 meses de edad, los niños crecen, en promedio, alrededor de 37 centímentros. Esta velocidad de crecimiento –unos 25 cm/año en el primer año y unos 12 cm/año en el segundo– no se volverá a alcanzar en ninguna otra etapa de la vida postnatal. Es por ello que la vigilancia del crecimiento adquiere tanta sensibilidad en esta etapa como indicador positivo de salud”, advierte el Centro con sede en Buenos Aires al tomar la baja talla de los niños y niñas como un indicador de desnutrición.

De acuerdo a las estadísticas logradas hasta 2005, el dato arrojó que en Argentina estaba en esa situación el 8,3 % de los niños y niñas de Argentina; para Mendoza, el porcentaje fue del 7,8 %. Desde esa fecha hasta la actualidad, no hay datos al respecto, aunque el Ministerio de Salud de la Nación se encuentra en plena organización de la segunda Encuesta Nacional de Nutrición. A nivel provincial, Unidiversidad consultó con el Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deporte para obtener cifras concretas, pero no hubo respuestas.  

 

Hambre que se siente

Desde las asociaciones sin fines de lucro dedicadas a paliar la emergencia, aseguran que las necesidades de las familias más pobres de la provincia han llegado a un extremo. En relación con los meses previos, la demanda se ha incrementado y hasta duplicado.

“El hambre se ve en forma permanente. Llegan las mamás con sus hijos con mucho hambre y cada vez se ve que la situación está peor”, explica Jaquelina Ladaga, coordinadora de Cáritas Rivadavia. Desde el aporte que realizan en el departamento del este para asistir a al menos 320 familias en situación de indigencia, Ladaga asegura que muchas veces la mercadería recaudada les resulta escasa para la demanda. “Conseguimos que una empresa nos aporte yogures y cuando los niños los ven, se desesperan”, ejemplifica la mujer.

Viviana Leonetti, de la Fundación Rock and Vida, indica que las necesidades elementales no satisfechas de las familias son cada vez más notorias. “Tenemos el doble de personas que demandan nuestra colaboración”, detalla Leonetti, que junto a algunos voluntarios recibe a las personas en situación de vulnerabilidad en el comedor que funciona en la calle San Luis. “Llegan con mucho hambre y hay mamás con niños. Ahora estamos atendiendo a 49 personas y a otras 23 les entregamos el desayuno. Se nota que hay hambre y mucha necesidad”, alerta Leonetti.

En el Banco de Alimentos de Mendoza aseguran que la pobreza extrema de las familias se ha agudizado en el último año. De hecho, detallan que la cantidad de personas a las que llegan a través de las entidades a las que proveen de alimentos básicos (84 en total) ha crecido a 29 mil personas que presentan carencias alimentarias.

“Al mismo tiempo, tenemos más demanda de entidades que ya se han anotado y que cumplen con los requisitos, pero que no podemos incorporar a los planes. Este aumento se ha notado más desde la segunda mitad del año. Notamos que hay más gente que se acerca a las instituciones a pedir comida”, destaca Lorena Troncoso, representante de la entidad.

 

Un tema del que “no se habla”

Abel Albino, fundador de  la Cooperadora para la Nutrición Infantil (Conin), entidad que aboga por la asistencia a las familias con carencias alimentarias, también es una de las voces que advierte a cerca de la inexistencia de datos oficiales sobre esta problemática.

“La desnutrición infantil siempre es un tema que aparece minimizado por los gobiernos”, asegura el pediatra. Detalla que la mortalidad infantil es un indicador indirecto de desnutrición en la primera infancia y que existen distintos grados de desnutrición; el de mayor gravedad se manifiesta con delgadez extrema y deshidratación, que se vuelven visibles en los casos en los que el desenlace es fatal. Justamente, esta es la imagen que la sociedad guarda respecto de la problemática.

No hay que olvidar que las manifestaciones de una nutrición deficiente son variadas y con estadios crónicos, esos que la mayor parte de la sociedad casi no percibe, mientras que niñas y niños arrastran desde muy pequeños patologías crónicas y severas de toda índole.

En la actualidad, la sede mendocina de Conin atiende a 300 niños y niñas que presentan desnutrición leve a moderada, en tanto que otros 35 pequeños/as están alojados en el Centro de Prevención y Tratamiento de la misma entidad. “Las enfermedades asociadas con la nutrición deficiente son las que terminan dañando severamente al niño o niña. La inadecuada alimentación los predispone además a graves infecciones por las bajas defensas”, entre otras consecuencias.

En ese sentido, Albino recomienda preservar al cerebro del niño en los primeros mil días de vida. Además, destaca, es fundamental que los hogares cuenten con el adecuado saneamiento, servicios e infraestructura para que su calidad de vida sea la acorde.

 

Carencias de fondo

Nora Schulman, directora del Comité Argentino de Seguimiento y Aplicación de la Convención de de los Derechos de Niños y Niñas (Casacind), recalca que uno de los problemas fundamentales a nivel nacional en materia de infancia es justamente la mala nutrición. El exceso en el consumo de harinas y la escasez de otros nutrientes fundamentales (carnes, frutas, verduras, leche, calcio, fibras, legumbres, entre otros) hace que la primera infancia se vea amenazada a corto y largo plazo respecto de su correcto desarrollo.

“Se necesita de soluciones durables en el tiempo y que ataquen de base el problema. Los padres necesitan tener un trabajo digno. La solución no es sumar merenderos y comedores, sino que se aborden de manera seria la pobreza y la indigencia. Esto debe estar presente en las políticas públicas”, reclama Schulman.

Destaca que el acceso a una alimentación completa y saludable es un derecho humano básico y fundamental, contemplado en todas las leyes, convenciones y tratados vigentes. A la vez, dice, “un niño mal alimentado no puede aprender; no rinde”.

Delia Escobar es pediatra y preside la Sociedad Argentina de Nutrición (Capítulo Mendoza). Asegura que son fundamentales para el desarrollo del niño o niña por nacer las condiciones de salud y alimentación de la madre previamente a la concepción, durante el embarazo y a lo largo del período de lactancia.

En líneas generales, la dieta de todo infante una vez que ha introducido los alimentos debe incluir todo tipo de nutrientes, aclara Escobar, y destaca que no pueden faltar las grasas no saturadas, el omega 3, los lácteos, el huevo, las frutas, las verduras de toda clase, las fibras y las carnes. “Lo ideal es que coman de todo y en eso influye la alimentación que ha tenido la mamá durante la gestación”, indica la pediatra, y señala la importancia de detectar factores asociados con la mala nutrición de un niño o niña.

“Cuando hay bajo peso, es fundamental atender qué cosas come el niño o niña, qué comen las personas de su entorno, quién y cómo lo o la alimenta, cómo cocina la persona a cargo y otros detalles no menores”, indica la especialista.