Ojo, que el coronavirus no mate al viejismo

Por Graciela Cousinet, socióloga, docente UNCUYO.

Ojo, que el coronavirus no mate al viejismo

Ellen Johnson Sirleaf (81 años), fue presidenta de Liberia y obtuvo el Nobel de la Paz en 2011.

Sociedad Columnas Nuevo coronavirus / / Publicado el 24 DE MARZO 2020

¿Y si el virus mata a todos los viejos?

Muchos jóvenes minimizan la pandemia o se sienten aliviados porque el coronavirus mata fundamentalmente a los mayores de sesenta.

Otros, se angustian ante la posiblidad de perder a sus abuelos o padres.

Pero poco o nada se habla del aporte que estos adultos realizan en la sociedad y del hecho de que en los países más avanzados este grupo etareo alcanza hasta una cuarta parte de la población. Se tiene la imagen de un anciano que va con su bastón a sentarse a la plaza o que permanece perdido mentalmente en un geriátrico.

Sin embargo, en este momento los tres candidatos con más chances ser elegidos presidente de los Estados Unidos tienen más de setenta y cinco años y la mayoría de los jefes de Estado superan los sesenta. Ni hablar de los líderes religiosos…

También hay científicos, escritores, médicos, directores de orquesta, profesores, etcétera.

Últimamente algunos los llaman despectivamente “boomers” en relación a la generación del baby boom que nació durante los diez años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, calificándolos de retrógrados y conservadores. Lo cual es muy injusto porque si hubo una generación revolucionaria y que transformó culturalmente al mundo fue esa. Recordemos simplemente el Mayo Francés, la segunda ola feminista, el movimiento hippie libertario y anticonsumista, los guerrilleros tercermundistas.

La especie humana es la única cuyos integrantes superan largamente la edad reproductiva. Este hecho podría parecer poco eficiente para la supervivencia y reproducción. Por el contrario, los antropólogos consideran que fue un factor clave para nuestra reproducción y expansión.

En primer lugar, las abuelas. Las mujeres que ya no podían tener hijos colaboraban en la crianza de los niños y niñas que, cómo sabemos, requiere de mucho tiempo y esfuerzo, permitiendo a las madres tener y amamantar otros hijos.

Por otra parte, al no existir la escritura los viejos y las viejas eran quienes acumulaban el conocimiento y la experiencia. Eran el archivo viviente de la historia comunitaria y preservaban la identidad tan necesaria para sostener los lazos sociales. Eran los y las chamanas herederos de los conocimientos médicos, las comadronas que ayudaban en los partos, los y los que recitaban las plegarias.

Estos viejos de ahora están empezando a reinvidicar su edad con orgullo, los mismos que se rebelaron contra los viejos en su juventud, y a tratar de quitarle el significado peyorativo que esta palabra arrastra. Se está formando un nuevo movimiento que lucha contra lo que se considera una forma de discriminación: el ageism o viejismo.

Volviendo a la pregunta que titula este artículo: la pérdida de los y las viejas dejaría un terrible hueco en nuestras sociedades.  El reemplazo generacional debe darse paulatinamente, Internet no podría reemplazar la capacidad de balancear el ímpetu juvenil con la sabiduría que solo los años otorgan. Y esto es algo que sólo los que hemos superado los sesenta sabemos. La capacidad de síntesis, de poner en contexto, de relativizar, se alcanza con el tiempo.

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