Pigna: "No se puede entender la Reforma sin la clase media"

El historiador Felipe Pigna explica el fuerte rol del radicalismo de la época para implementar cambios clave en la educación superior argentina. Un repaso desde los primeros proyectos educativos del país hasta nuestros días.

Pigna: "No se puede entender la Reforma sin la clase media"

FOTO: Gentileza Felipe Pigna.

Sociedad Edición U #28 - Lo que la Reforma nos dejó / por Unidiversidad / Publicado el 25 DE MAYO 2018

Un siglo ha pasado desde la Reforma Universitaria de 1918 originada en Córdoba, cuando el estudiantado de la universidad de esa provincia se sublevó ante las condiciones clericales, restringidas y antidemocráticas de la educación universitaria. En esta entrevista con Juan Villalba para Unidiversidad, Felipe Pigna, especialista en materia histórica de nuestro país, habla sobre el poco mencionado proyecto educativo de Manuel Belgrano, según él, más inclusivo y anterior que el de Domingo Faustino Sarmiento. También comenta el rol de la Iglesia Católica y de los jesuitas en la historia de la universidad argentina y las deudas que no se han saldado en los últimos cien años.

Por los cien años de la Reforma Universitaria se debate cuáles han sido los distintos proyectos de educación para la Argentina. Propongo que empecemos por el "gran educador", como se lo conoce a Domingo Faustino Sarmiento. ¿Cuál era el proyecto de educación que tenía para la Argentina? ¿Para quién y con qué parámetros?

El primer proyecto fue el de Manuel Belgrano, que tenía un proyecto inclusivo que hasta incluía a la mujer. Él tenía, en su época, un proyecto de educación gratuita, obligatoria y a cargo del Estado. Estamos hablando de 1798, casi 100 años antes de la ley 1420 propiciada por Sarmiento. El de Belgrano es un proyecto más inclusivo que el sarmientino y ha pasado desapercibido. Creo que el proyecto sarmientino, por el contrario, es un proyecto no tan inclusivo, que plantea básicamente la educación primaria y limita el acceso de los sectores populares a esa educación. Tenía que ver con necesidades de la Generación del 80, aquella oligarquía que quería básicamente unificar y disciplinar a las masas inmigratorias. Necesitaba, en todo caso, esa escuela que, por supuesto, implica un avance, pero donde había un proyecto unificador y disciplinador, el de Sarmiento, que se cristalizó en la ley 1420 de 1884.

La Reforma Universitaria intenta ponerle un freno al dominio jesuita, en el caso de la Universidad de Córdoba, una de las más antiguas del país. ¿Cómo eran los proyectos que desarrollaban los jesuitas si era una orden piadosa, como muchas veces se le atribuye? ¿Cómo era el trabajo que hacían ellos y al que la Reforma pone freno?

A principios del siglo XX, lo que había en Córdoba era una universidad clerical, no tanto jesuita. Los jesuitas tuvieron universidades como la de Córdoba y la de Chuquisaca, que después fueron convertidas en universidades reales a partir de 1766 y 1767, cuando los jesuitas fueron expulsados del país. Ahí hay una absoluta aguja del conservadurismo clerical, que no es lo jesuítico.

¿Qué era lo que no se podía estudiar en la Universidad de Córdoba en esos tiempos?

Derecho, por ejemplo. Por eso nuestros próceres, grandes personajes de nuestra independencia, tuvieron que ir a estudiar a Chuquisaca, porque en el entonces territorio argentino no había universidades con la cátedra de Derecho. Después sí, pero fue una enseñanza del Derecho jerárquica, medieval, diría yo. Contra eso se sublevaron los estudiantes de Córdoba de 1918.

¿Y significó efectivamente el comienzo de un acceso de las clases populares o de los hijos de trabajadores esa sublevación?

Nada se puede entender de la Reforma Universitaria sin un contexto, que fue la llegada al poder de un partido de clase media como era el radicalismo. Serían los hijos de los inmigrantes que ya reclamaban por su acceso a la enseñanza universitaria. De alguna forma, el contexto mundial de la Revolución Rusa y de un montón de cosas que estaban pasando en el mundo habilitaba a una demanda a un gobierno que era mucho más permeable a ese tipo de exigencias como fue el gobierno de Yrigoyen. Él, de hecho, permitió a través de un decreto-ley la elección de las autoridades e incluso del rector de la universidad, un avance inusitado en el nivel universitario. Que del claustro universitario surja la elección democrática de las autoridades, por ejemplo, es uno de los grandes logros de la Reforma Universitaria de 1918.

¿Y qué significó para Latinoamérica y para otros países de Europa la Reforma en cuanto ejemplo de lucha para la inclusión democrática?

Yo creo que fue tomado como un ejemplo para América Latina, porque además había personajes muy importantes. La Reforma influyó mucho en América Latina y en el mundo, porque hizo un movimiento muy moderno, pionero, esto de empoderar al estudiante, a los docentes. Tuvo sus repercusiones en México, en Perú. Después se vieron referencias a la Reforma de 1918 en el manifiesto de los estudiantes de París, en 1968, que recuerda el 50.° aniversario de Córdoba. Es un hecho trascendente a nivel mundial, sin ninguna duda, y que coloca a la Argentina en un muy buen lugar, que luego, durante el peronismo, va a ser complementado con un hecho que faltaba, que es la gratuidad.

¿Cuáles pensás que son las deudas que tiene la Universidad con respecto a la democratización en su acceso y en su orden interno?

Me parece que a la universidad le falta contacto con la realidad circundante y sentirse parte de la sociedad. Sigue habiendo una especie de divorcio entre la universidad y la sociedad. Esta última ve a la primera como algo diferente, cuando en realidad la universidad existe gracias al esfuerzo colectivo. Lamentablemente, la persona que nunca va a poder mandar a su hijo a la universidad paga la universidad pública. Es injusto, pero es así. Entonces yo creo que la universidad le tiene que retribuir a esa persona acercándose a los sectores populares. Hay una falta de conciencia de que la universidad es mantenida mayoritariamente por gente que nunca va a acceder a ella, lo que no deja de ser muy triste y muy injusto.

Muchos especialistas han señalado que hay una barrera en el ingreso a la universidad relacionada con la baja formación que tiene su origen en el secundario y en el primario. ¿Ha habido un proyecto educativo serio en el último medio siglo que haya considerado a la educación como un proyecto global?

Yo creo que no, que en este momento se echan las culpas de un sistema a otro sin que haya una posibilidad de coherencia y, evidentemente, la persona llega muy desvalida a la universidad por falencias muy profundas de la escuela secundaria, que atrasa muchísimo y que sigue teniendo programas arcaicos. Si cuando tenemos la clase de química vamos al laboratorio y hacemos química, ¿por qué no se puede hacer lo mismo con historia, con filosofía, con literatura? Así la persona, cuando egrese, tendrá los elementos para ocuparse de lo que quiera hacer. Me parece increíble que en los últimos dos años del secundario no haya una materia que sea comprensión de textos. Tampoco hay una que sea para el uso y manejo de redes. Todo eso debe tener sistematización. Es imposible que a un alumno de la segunda década del siglo XXI se le siga enseñando como si estuviéramos en el año 1950. Esto, por supuesto, no tiene nada que ver con los docentes. Los docentes hacen lo que pueden, yo no los responsabilizo a ellos, para nada. No estoy hablando de ellos. Estoy hablando de un modelo educativo que se cae a pedazos.

¿Se puede hablar de una estrategia de dominación para embrutecer a pueblos del Tercer Mundo?

Sí, creo que es una mezcla entre una estrategia de dominación evidente y un descuido y una desazón absoluta que tienen que ver con modelos socioeconómicos a los que no les importa en absoluto –más bien les molesta– la educación pública. Hay una evidente intención de desnivelar en función del sector privado, cosa que en la universidad no les sale, porque la universidad pública sigue siendo la de excelencia. Yo no creo en el abandono de la educación, creo que eso no existe, es una palabra demasiado benévola. Sí creo que hay una política decidida de destrucción de la educación pública en general.

 

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