Radiografía del mundo laboral juvenil: qué requisitos piden las empresas a quienes recién empiezan

Los y las jóvenes que buscan empezar a trabajar generalmente chocan contra sus expectativas y contra la demanda del mercado. ¿Es posible estudiar y trabajar? Cómo conseguir el primer empleo y no morir en el intento.

Radiografía del mundo laboral juvenil: qué requisitos piden las empresas a quienes recién empiezan

Sociedad Unidiversidad por Juana Casá / Publicado el 17 DE NOVIEMBRE 2020

Existe una brecha entre la experiencia laboral de las personas jóvenes y los requisitos que demandan en el mercado laboral las distintas empresas. Si bien es relativo, la mayoría de las empresas buscan que su futuro personal tenga una experiencia laboral de un año, como mínimo.

La situación laboral juvenil tiene distintas facetas. Por un lado, están quienes sienten frustración a la hora de tener que salir a buscar trabajo, ya que luego de asistir a las entrevistas, no reciben la convocatoria. Por otro lado, están quienes prefieren terminar de estudiar y recibirse antes de salir a buscar empleo, ya que consideran que, al necesitar tiempo para estudiar, “quedás en desventaja con los que solo trabajan”, como comentó Florencia, una estudiante. Al mismo tiempo, están quienes consideran la falta de experiencia como una desventaja. 

“Al final del día, tenés la pregunta de si te conviene recibirte rápido o haber trabajado y hacer la carrera más lentamente, y las ventajas que te da cada una. Cuando te recibís rápido, cuesta conseguir trabajo por el hecho de la falta de experiencia, que en parte es verdad: estudiar no le garantiza al que te está contratando que sepas aplicar la teoría que viste”, dijo Florencia, futura licenciada en Economía. 

No obstante, Julián, un joven que viene trabajando mientras estudia desde hace algunos años, plantea que es “bastante estresante”. “Cargás con mucha responsabilidad por ambas partes. Cumplir tanto en lo académico como en lo profesional tiene un ritmo bastante exigente. Más allá del feedback nutritivo que pueden tener ambas experiencias en simultáneo, considero que después de haber hecho toda mi carrera trabajando, cada instancia tiene su momento y es enriquecedor aprovechar la totalidad de estudiar o trabajar. Indudablemente, hay momentos en que necesitás un break de trabajo o de estudio para poder responder a las exigencias de una o de la otra; sin embargo, es una coarrera con el tiempo en la que la organización es la clave del éxito”, agregó. 

Un sondeo a través de un formulario de Google que abarcó a unas 230 personas permite hacer un esbozo de la realidad laboral entre la juventud recién recibida o que está por terminar la universidad. Las personas encuestadas tienen entre 18 y 30 años. La mayoría, el 26 %, mencionó tener 22 años, el 17,8 % terminó la universidad y el 82,2 % sigue estudiando.

Sobre un total de 189 personas jóvenes que se encuentran estudiando, el 49,7 % respondió que trabajaron o se encuentran trabajando. Luego, sobre la población estudiantil sondeada que no trabaja, el 49,5 % contestó que no lo hace porque prefiere recibirse rápido; el 30,5 % dijo que era porque no tenía tiempo y el 24,2 % no había quedado en ninguna entrevista. 

Del 17 % de personas que respondieron que terminaron la universidad, el 87,8 % aseguró estar trabajando. Se les preguntó si habían tenido entrevistas de trabajo y el 63,4 % respondió que sí. De ellas/os, el 57,7 % tuvo entre dos y cinco entrevistas, el 23 % tuvo solo una y el 15,4 % tuvo entre seis y diez entrevistas. Al 61,5 % le exigieron experiencia previa a la hora de postularse para un puesto de empleo; a la mayoría le solicitaron entre 1 y 2 años como mínimo y el 62,5 % sostuvo que por no tener experiencia previa no consiguió el puesto. 

Cecilia Morabito, licenciada en Psicología que trabaja en la consultora Eficiencia Empresaria, dijo sobre la experiencia laboral mínima que exigen la mayoría de las empresas: “En general, las publicaciones son dos años de experiencia, pero lo cierto es que depende del rubro. Las empresas de tecnología, por ejemplo, tienen un tramo corto de experiencia previa. Es tanta la demanda que incluso muchos chicos son tentados con propuestas antes de finalizar su formación”.

“Otras empresas trabajan con proyectos pensados exclusivamente para jóvenes profesionales, con planes de inclusión que les permiten captar jóvenes talentos, incluso a veces comenzando en marcos de pasantía, en los que alcanzan a ver otros aspectos valorados que hacen al potencial, como la iniciativa, la motivación por adquirir nuevas experiencias, el compromiso, etc.”, agregó.

Además, a algunas personas no les dicen que no está cualificadas para el puesto: les dicen que esta “sobrecualificadas”. Esto, si bien se puede tomar como una valoración, trae frustración, ya que al fin y al cabo no se consigue el trabajo. El criterio varía según las distintas empresas y los perfiles que estas estén buscando. “Siempre se trabaja con una solicitud de búsqueda en la que el futuro empleador detalla lo que considera que serían requisitos fundamentales (edad, experiencia, conocimiento formal, disponibilidad horaria, traslado, etc.). Ese perfil ideal es el que marca un poco el esqueleto desde el cual se inicia el proceso. Después de chequear eso, son los puntos antes mencionados los que deciden si se está por encima o alejado de la expectativa”, explicó. Máximo, un joven que se dedica a la gastronomía explicó que estar sobrecualificado “no está para nada bueno, porque es como que el mercado no está preparado para vos, que no te necesita, que vos estás arriba de lo que realmente el mercado necesita. Es complicado”. 

También está la cuestión de si ser joven es una ventaja o una desventaja. Esto depende totalmente de cada rubro laboral. Según Morabito, “existe una fantasía de que ser muy joven es un problema, pero todos nos iniciamos en algún momento. No es negativo en tanto que, si son perfiles junior, lo puesto en valor es lo actitudinal, el ánimo. No es correcto exigir experiencia afín a alguien que se está iniciando”. 

Julián, futuro licenciado en Comunicación Social, comparte el pensamiento de Morabito y sostiene que, para él, ser joven es claramente una ventaja: "Me permite estar en la vanguardia de las últimas tendencias y poder explorar las novedades de los consumidores”. En la vereda opuesta, para Juan Cruz, abogado, ser joven es una desventaja: "Por lo general, para ingresar a un estudio jurídico te exigen como mínimo dos años de experiencia o ser especialista en una rama del derecho, y la realidad es que no contamos con esa experiencia o conocimiento. Tampoco tienen en cuenta la proactividad de uno, de querer aprender y crecer en esta profesión. Y si uno toma el camino de trabajar en forma independiente, es muy difícil conseguir clientes y tener respaldo de alguien con conocimiento que nos guíe”. 

Morabito concluye: “Es importante que los jóvenes profesionales se saquen ese temor y rescaten otras acciones que hablan de su forma de trabajo, aun cuando no hay experiencia formal en su CV. El contenido se aprende y es más fácil educar en lo duro que en habilidades blandas”.