Aguas contaminadas

Caracoles salvadores.

Aguas contaminadas

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales Suplementos Especial Moluscos / por Guido Prieto, becario de Prensa de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales / Publicado el 01 DE AGOSTO 2016

La contaminación ambiental es uno de los problemas más graves que enfrenta la humanidad. Las actividades mineras e industriales y el descarte de objetos tecnológicos son factores importantes de contaminación, ya que vuelcan enormes cantidades de compuestos químicos que permanecen durante mucho tiempo en el ambiente y que pueden tener efectos perjudiciales para la salud humana y los ecosistemas.

Por este motivo existen esfuerzos considerables para desarrollar técnicas de detección de contaminación y métodos para remediar los ambientes contaminados. Una alternativa muy extendida es el uso de seres vivos capaces de tolerar, acumular o degradar compuestos tóxicos como "bioindicadores" o "biorremediadores".

En Mendoza, dos grupos de investigación en malacología estudian un caracol de agua dulce, Pomacea canaliculata, cuyas asombrosas propiedades lo podrían convertir en una herramienta para detectar y paliar los efectos de la contaminación en el agua. “Estos caracoles son baratos, eficientes, relativamente fáciles de mantener y se pueden enjaular para evitar dispersiones no deseadas”, destaca el Eduardo Koch, doctor y docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Cuyo e investigador de Conicet, quien comenzó un estudio para probar si este caracol podía ser un buen indicador de contaminación del agua con PBD.

El experto explica: “Los PBD son retardantes de flama, es decir, aditivos que se les agregan a los plásticos duros y algunas telas para evitar o retardar la aparición de la llama, por ejemplo, en caso de cortocircuito”. Los más utilizados mundialmente, cuya producción supera las 200 mil toneladas métricas al año, incluyen bromo en su composición química y se utilizan en la fabricación de numerosos objetos de uso cotidiano como muebles, automóviles y computadoras.

El problema con estos compuestos es que se acumulan en el ambiente e ingresan en la cadena trófica, con posibles efectos nocivos sobre la salud humana. “Mientras más bromo tiene, más pesada es la molécula, y eso la hace menos nociva para el ambiente dado que es más difícil que atraviese las membranas celulares y se incorpore a un organismo vivo. El problema es que es fotolábil, o sea que la radiación natural UV la va debrominando y produce así formas más tóxicas”, detalla el malacólogo.

El equipo al que pertenece Koch, en asociación con investigadores en química, sometieron a Pomacea canaliculata al PBD. “Si hay algo que he aprendido de este caracol es que hace cualquier cosa menos lo que se supone que tiene que hacer”, bromea Koch, y explica: “El tóxico no le hizo absolutamente nada: vimos que no altera su comportamiento ni la histología de las gónadas, ni la cantidad de huevos que pone ni la cantidad de huevos viables. Es más, registramos más cópulas en el grupo tratado con la concentración más alta del compuesto, por lo que actuaría como afrodisíaco”.

El resultado más asombroso de la investigación es que el caracol, de alguna manera, agrega bromo a las moléculas de PBD, lo que las torna menos tóxicas. “Más que un indicador de contaminación sería un biorremediador, porque no acumula el compuesto, sino que lo detoxifica”, resume el investigador.

Si bien el resultado es prometedor, hay que tener en cuenta un "detalle" antes de utilizar el caracol para remediar la contaminación en un curso de agua: “El problema es que es una de las especies más invasivas que se conocen. Está entre las cien peores, así que no es buena idea liberar más de estos caracoles”, advierte Koch.

“En China, que se ha vuelto un centro de reciclado de basura informática y por ello tiene niveles muy altos de contaminación de PBD, el caracol ya fue introducido y es un problema. Quizá allí sus efectos como biorremediador podrían ser un aliciente a sus efectos negativos sobre los cultivos”, reflexiona.

En este caso, como en muchos otros, la distancia a ser salvada entre ciencia básica y aplicación tomará tiempo y esfuerzo de los investigadores. “Por el momento no hay una aplicación directa, pero como son muy pocos los organismos que son capaces de detoxificar los PBD, este caracol es interesante como modelo. Estamos tratando de avanzar en ese tema para ver de qué forma detoxifica, para eventualmente poder aplicar o replicar esa propiedad”, concluye el especialista.
 

Caracol ‘heavy metal’

El segundo grupo de investigación se encuentra estudiando a Pomacea canaliculata como posible indicador de contaminación del agua con metales pesados. Daniela Campoy, cuya tesis doctoral se centra en este problema, explica que estos metales no son biodegradables, por lo que se acumulan en el ambiente como consecuencia de la minería y las actividades industriales.

“El biomonitoreo se destaca entre las técnicas de detección de los efectos de los metales sobre los ecosistemas porque permite retener una memoria del contaminante que generalmente es emitido en forma irregular y se diluye rápidamente en grandes volúmenes de agua de ríos y lagos”, detalla. La becaria doctoral de Conicet explica: “Pomacea canaliculata es una especie resistente y adaptable a múltiples condiciones ambientales, y posee varias características que la hacen una especie potencialmente útil como bioindicador de contaminación de metales pesados, ya que acumula grandes cantidades de mercurio, arsénico y uranio en sus tejidos y en un endosimbionte alojado en su glándula digestiva”.

Los resultados de esta investigación ya comenzaron a verse y podrían tener un fuerte impacto en nuestra provincia, donde el agua es un recurso escaso y vital y la minería es una actividad importante. “En nuestra visión, consideramos que estamos encaminados a lograr un modelo de indicación de contaminación metálica de cuerpos de agua dulce”, adelanta Campoy.

 

Por: Guido Prieto, becario de Prensa de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales