Casi doscientas mil personas en Argentina no se identifican con el sexo asignado al nacer

Entre sus novedades, el Censo 2022 incluyó la variable "identidad de género". Según difundió el Indec, 196.956 personas se identifican como mujer trans, travesti, varón trans o no binaria, de las cuales 10.856 son de Mendoza. Un testimonio sobre las condiciones de vida, vivienda, salud, educación y trabajo que reflejan los números.

Casi doscientas mil personas en Argentina no se identifican con el sexo asignado al nacer

El censo 2022 fue el primero en incorporar la identidad de género como variable. Foto: Unidiversidad

Sociedad

Sexo, género y diversidad

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Julia López

Publicado el 28 DE DICIEMBRE DE 2023

En Argentina, 196.956 personas no se identifican con el sexo asignado al nacer y, de ellas, 10.856 viven en Mendoza. Son trans, travestis y no binarias cuya identidad de género fue incluida por primera vez en el Censo Nacional 2022; una realidad invisibilizada para el imaginario colectivo, subrepresentada en las políticas públicas y espectacularizada en los medios de comunicación. El testimonio de una activista trans habla del avasallamiento de derechos y la importancia de que el Estado tenga para darles algo más que represión.

Si tomamos a esas casi 200 mil personas como un total, el 36,8 % se reconoció como varón trans o masculinidad trans; el 30,8 %, como mujer trans o travesti; el 19 %, como persona no binaria, y el 13,4 % marcó la opción “otra/ninguna de las anteriores”. Al comparar a todo este grupo de personas que no se identifican con el sexo asignado al nacer con el de aquellas que sí lo hacen –mujeres y varones cis–, surgen distintos análisis en interrelación con otras variables.

A grandes rasgos, el informe ofrece una sistematización de las condiciones de vida de las personas travestis, trans y no binarias. Al respecto de la vivienda, el porcentaje de personas cis que alquila es el menor y el porcentaje de personas cis que son propietarias es el mayor. También son las que más tienen cobertura de obra social o prepaga y las que menos carecen de acceso a internet en la casa y en el celular.

Son casi 200 mil las personas en Argentina que no se identifican con el sexo asignado al nacer. Foto: Florencia Dawnes / Télam

Para Aisha Eva, militante y activista trans perteneciente a la agrupación Clik, es de suma importancia que un censo nacional le dé entidad y, al menos de modo introductorio, se tome el trabajo de cruzar los datos de la identidad de género con otras variables. “De esta manera, revelamos la decadencia que hemos ido viviendo y sufriendo a través de la historia los colectivos de vulnerabilidad y de minorías —repasó—. El Estado, con lo único que nos ha pagado es con represión y con poca visibilidad”. El censo es, en cierto sentido, una especie de acto reparador de sus existencias.

Como se ve en los números, sostuvo la militante, la diferencia entre personas cis con las trans y no binarias radica fundamentalmente en la desigualdad de derechos, de reconocimiento, de acceso al trabajo, a la salud y a la educación. Para la población travesti, trans y no binaria, el acceso a estos derechos es, en realidad, un privilegio. La discriminación y el odio van apartando de las instituciones a estas personas que, por la humillación constante, abandonan la escuela, no van al hospital cuando tienen algún síntoma ni consiguen empleo. En algunas ocasiones son expulsadas; en otras, el avasallamiento es tal que deciden abandonar.

“El acceso al trabajo, a la educación y a la salud para nosotras siempre ha sido algo sumamente lejano porque, justamente, nuestros derechos se han vulnerado al extremo: hemos llegado a las esquinas desde que somos pequeñas, desde que tenemos 14 años”, explicó Aisha Eva.

El censo también distingue por franjas etarias en la variable sobre la identidad de género y permite desandar otros prejuicios. No es una moda ni un invento de la gente joven: hay 57.484 personas mayores de 45 años que no se identifican con el sexo asignado en el momento del nacimiento, de las cuales 3693 son de Mendoza.

Ante este panorama, se torna urgente trabajar con, por y a la par de la población travesti y trans, cuyo promedio de vida no ronda los 75 años, como generaliza el censo, sino los 35 o 40. Los factores culturales, sumados a la expulsión de las instituciones, resultan en una clara problemática social. “Nos influye a nosotras en la orientación hacia la prostitución, hacia la muerte segura, hacia las infecciones de transmisión sexual, hacia la drogadicción y un montón de otras vulnerabilidades que sufrimos y vivimos a lo largo de nuestra historia”, concluyó Aisha Eva. 

Cómo y sobre qué bases medir la identidad de género

Para diseñar la pregunta que incluyó la variable “identidad de género”, explica el informe del Indec, se apoyaron en definiciones surgidas de intercambios con organismos nacionales, universidades y organizaciones de la sociedad civil que trabajan la temática. Claro que fue la Ley 26743 de Identidad de Género (2012) lo que allanó el camino para incorporar esta medición en el censo. La ley argentina, a su vez, se basó en los Principios de Yogyakarta, un antecedente del derecho internacional que hace hincapié en el alcance universal de los derechos humanos en relación con la identidad de género y la orientación sexual. 

Cuestionario del censo sobre identidad de género. Fuente: Informe Indec

Nuestra legislación entiende a la identidad de género como “la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente” –que puede corresponder o no con el sexo asignado al nacer– e incluye la vivencia personal del cuerpo. Siempre que sea libremente escogido, puede involucrar la modificación de la apariencia o función corporal y otras expresiones de género, como la vestimenta, el modo de hablar y los modales.

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