Contra la dictadura mediática

Por Roberto Follari, epistemólogo, docente y doctor en Psicología.

Contra la dictadura mediática

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Sociedad

Otras Miradas

Publicado el 06 DE DICIEMBRE DE 2021

La democracia está amenazada por los medios hegemónicos, mal llamados “de comunicación”. Nadie votó a sus propietarios, nadie eligió a sus fingidos “periodistas”, pero ellos dictaminan sobre las ideas de los argentinos, así como lo hacen en otros sitiales del mundo. Teledirigen las mentes, inventan y deforman los hechos a su antojo, trabajan en una actividad política sectaria y abierta que repugna a cualquier sentido de la equidad o de la prudencia.

Ya todos lo saben –es por demás evidente- pero cuesta decirlo, porque “el rey está vestido”. Todos lo vemos desnudo, pero guay de decirlo. Todos vemos, sabemos y recontrasabemos que lo que hace el grupo concentrado de medios en el país es una guerra de quinta generación, un libreto inventado por el Pentágono y demás servicios de seguridad estadounidenses. El lawfare –la guerra judicial- es el nuevo modo del golpe de Estado, es la nueva geoestrategia de la derecha a nivel continental y planetario.

Que un solo grupo en Argentina tenga alrededor de 250 licencias mediáticas es un escándalo, un cuasi monopolio de la palabra, obviamente incompatible con la repartición democrática del derecho de opinión. Ese grupo tiene, además, enormes negocios en otras áreas de la economía, y una abierta intervención en los asuntos políticos del país. Cuando los operadores de Raúl Alfonsín fueron a La Rioja a buscar a Menem para encontrar una salida a la situación de hiperinflación, se encontraron con que el posterior presidente ya tenía un visitante ilustre: antes que ellos, había llegado Magnetto. Y cuando Kirchner subió al cargo, un dignatario de La Nación le llevó un sorprendente “pliego de condiciones”, que incluía amplio arbitrio para los dueños de las vacas, e impunidad para los militares de la dictadura. Cuando Kirchner no aceptó el apriete, tuvo al día siguiente el titular de “un gobierno que no tendrá larga duración”.

La estrategia para inventar la corrupción de los gobiernos populares, se siguió al pie de la letra en Argentina, como igual se lo hizo en Ecuador, Bolivia y Brasil. Qué raro que el libreto fuera el mismo en todas partes. ¿verdad? Con Lula han debido aceptar que todo fue invento, la mayoría de las causas de CFK ya se han caído, los que inventaron la supuesta corrupción en el gobierno de Evo, probablemente vayan ahora presos con tribunales en que cuentan con todas las garantías. Fue todo cuento, pero sirvió para que amplios sectores de la población vean como corruptos a los gobiernos populares, y por ello crean que los de derecha son ajenos a los negociados y la corrupción (cuando son los que más fácil pueden ejercerla, pues viven en el mundo de los banqueros, los gerentes y los negocios).

La tv fue fundamental: es la que inició los ataques de desprestigio desde sus airadas acusaciones sin fundamento ni prueba, seguida de la denuncia judicial. Esta era ventilada de nuevo en los medios, para desprestigiar a los acusados y agitar la indignación pública. En base a ello se dictaban prisiones preventivas o avance de las causas, que se presentaban de nuevo por tv, y así siguiendo. Como se ve, la corrupción de un sector del Poder judicial es tan necesaria en esto, como la de los medios de comunicación masivos.

En estos, el periodismo ha muerto. Sin remedio. Reemplazado por una pastosa mezcla de propaganda ideológica y superchería chismosa, una maledicencia ridícula digna de las peores mesas de café, que repite día a día, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo la monserga del ataque a la ex presidenta y a otros miembros del actual gobierno y del kirchnerista finalizado en 2015: chistes estúpidos, anécdotas falsas, hechos irrelevantes mostrados como ejemplos de maldad (un vecino que dijo que CFK no lo saluda, por ej.), decir una cosa ahora y a los diez minutos la contraria –CFK calla demasiado pero habla demasiado-, en fin, el inacabable repertorio de la vacuidad y la guerra psicológica llevado al paroxismo, a la locura: no es tan raro que aparezcan hechos de violencia a partir del relato maniqueo y extorsionador que nos regalan por tv como una especie de desgracia permanente, presente las 24 horas y los 1440 minutos de cada día.

Hablan de que debiéramos tolerar este festival del ataque a lo decidido por la población en elecciones, porque así se respetaría la “libertad de prensa”. Pero no sólo no contamos, los ciudadanos de a pie, con medios para contestar a los Dueños de Todo en el mundo mediático, sino que todo derecho personal termina donde empiezan los de los demás. Y hay un derecho de cualquier ciudadano –no de 50 dueños de medios- a contar con información plural y veraz. Ese derecho mayoritario es aplastado y destruido a diario, en nombre de la abstracta “libertad de prensa” de unos pocos.

Unos pocos que lucraron con la dictadura. Allí se asesinó a más de 100 periodistas argentinos: la FELAP enunciaba por entonces que había más periodistas asesinados en la Argentina que en todo el resto del continente junto. Eran periodistas como Rodolfo Walsh, no como los que hoy hablan por tv. Sin embargo, los medios no denunciaban falta de libertad. Y es que hoy el mismo bloque social que apoyó a la dictadura, se permite reclamar libertad de prensa para en nombre de ella sostener su monopolio de la palabra pública, y su servicio a la Guerra jurídico-mediática propuesta desde Estados Unidos. Desde donde se había entrenado, por entonces, a los criminales de la dictadura.

Salvemos a la democracia de las garras de los medios: esos que se victimizan mientras atropellan segundo a segundo a las autoridades e instituciones promovidas desde el voto popular.

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