Puro chamuyo: “No existe una mejor manera de hablar la lengua”
El lunfardo fue producto del choque entre lenguas por la ola inmigratoria alrededor de 1900. No podemos decir que hoy "hablamos lunfardo", sino que influenció la forma en que hablamos hoy. Hablamos español y, aunque la academia se resista, “el uso no tiene timón”, afirmó el lexicógrafo, Santiago Kalinowski.
Santiago Kalinowski inauguró la semana de la investigación en la FFyL-UNCUYO. Foto: Prensa FFyL
¿Qué es el lunfardo? ¿Todas las palabras regionalistas son lunfardo? ¿Es algo pasado o presente? ¿Es la forma de hablar de toda la población argentina o solo de Buenos Aires? ¿Si decimos “esta mina labura fenómeno”, lo entienden solo unos pocos? ¿Quién dice cuál es el español reglado? Estas preguntas y algunas respuestas fueron el tema de una charla realizada en la UNCUYO, a cargo de Santiago Kalinowski, especialista en lexicografía hispánica —teoría y práctica de elaborar diccionarios—, integrante de la Academia Argentina de Letras y de la Academia Porteña de Lunfardo.
Kalinowski inauguró la Semana de la Investigación en la Facultad de Filosofía y Letras con una postura que no es unánime ni mayoritaria, y cosecha algunas resistencias. Él define el lunfardo como una modalidad de habla que surge como un fenómeno de contacto de lenguas. Emerge en un contexto social específico de la Argentina de fines del siglo XIX y principios del XX, marcado por una masiva presencia de inmigrantes de primera generación, principalmente provenientes de Italia. Ese contexto social tenía que ver con la incorporación de gran cantidad de extranjerismos y otros giros de habla que dejaron de producirse cuando esa realidad social dejó de existir.
Entonces, sostiene que el lunfardo no es algo que se prolongue indefinidamente como una jerga activa, sino un fenómeno histórico cuya influencia léxica es esencial para entender el habla coloquial de la Argentina de hoy. Aunque en sus inicios pudo considerarse una jerga (es decir, una modalidad de habla asociada a un grupo social o actividad específica), Santiago Kalinowski aclara que actualmente es una modalidad difundida transversalmente en toda la sociedad y el territorio, por lo que ya no cumple con la definición técnica de jerga.
Si algunos términos como “yuta”, “laburo”, “chamuyar” o “pibe” son la primera palabra coloquial que se nos viene a la cabeza en una charla, no podemos decir que es una jerga: es nuestra forma de hablar, explica el especialista. Que a eso se lo califique de jerga oculta una maniobra de universalizar o normalizar el uso que se hace del español en España. De hecho, no existe un “grado cero” de la lengua española, en tanto es el idioma de cientos de millones de hablantes, de los cuales solo una proporción bastante minoritaria está en España.
Sin embargo, para un sector apegado a la RAE y con raíces más conservadoras, la forma de hablar en Argentina no es el español estándar, sino un uso peculiar o alternativo, incluso si consideramos que el voseo fue, hasta no hace mucho, censurado por parte de la Academia. Así, para Kalinowski, con el lunfardo sucedió que a lo largo del tiempo han insistido, por distintas vías, evitarlo y prohibirlo. En las escuelas, en la radio, en “el habla culta”.
Campañas en el contexto de la prohibición de palabras lunfardas o coloquiales en la radiodifusión argentina. Foto: captura de YouTube
Pero lo cierto —desde aquí se posiciona fuertemente Kalinowski— es que “el uso no tiene timón”. La gente no va al diccionario para hablar ni piensa activamente en transgredir las reglas de uso de la lengua. La gente simplemente habla. Y los intentos por censurar formas de hablar terminan por fracasar. En esto, el integrante de la Academia Argentina de Letras ancló la discusión en la actualidad: “El lenguaje inclusivo y el lunfardo están hermanados por la censura”, manifestó.
El objetivo del especialista es desmontar las operaciones para decir que la lengua es solo una: “No existe una mejor manera de hablar la lengua”.
Kukas, chorros y ensobrados
En diálogo con Unidiversidad, abordamos con el lingüista un tema más coyuntural y que tiene que ver con el insulto como estrategia, con el presidente Javier Milei encabezando esta tendencia inédita: el de la violencia discursiva. En los innumerables ejemplos de insultos que ha utilizado el Jefe de Estado, en particular en redes sociales, muchas veces ha recurrido a lo que podríamos llamar “palabras lunfardas”. “Chorros” o “soretes” han sido de las más utilizadas. “Kukas” es otra que él impulsó como una categoría despectiva, así como también “zurdo”.
Para responder este aspecto, el lingüista retoma uno de los temas que surgieron en la charla, que es la trampa del "panlunfardismo". Para el especialista, hay una tendencia de ciertos académicos a llamar "lunfardo" a cualquier palabra coloquial o regional que se amplía en su uso. “Kukas” es un buen ejemplo de este fenómeno. De todas maneras, Kalinowski insistió: “No hay manera de llamarle lunfardo a eso. Son palabras despectivas que están creadas en un contexto específico para atacar a determinado grupo”.
"El uso no tiene timón", dijo Kalinowski sobre la lengua. Foto: prensa FFyL UNCUYO
“Este nivel de violencia discursiva que estamos viendo en Milei sí es inédito. No es inédito en el sentido de que no se usara antes. Sí es inédito que sea parte de la configuración discursiva de una figura presidencial. Estamos viendo eso acá y estamos viendo eso en Estados Unidos, que tiene el mismo nivel de violencia. Trump dice cosas como ‘chancho’ a la gente —Piggy le dijo a una periodista—. Es decir, estamos en un momento en el que los discursos de los roles más encumbrados de los sistemas políticos están más violentos que nunca. Históricamente nunca estuvieron tan violentos”, comentó.
Mansas palabras
Queda claro que Kalinowski critica a quienes llaman "lunfardo" a cualquier palabra coloquial o regional, algo que llama panlunfardismo. Así, surgió en la charla con este medio, si en ese lote entra el término “manso” (que significa copado, tremendo, buenísimo), regionalismo que se popularizó en Mendoza y se impuso, incluso, en estrategias publicitarias oficiales.
Hacer esto, según él, es "jergalizar" el habla de las provincias, lo que refuerza la idea errónea de que los argentinos no hablan "español de verdad" sino una jerga o una desviación del idioma. Que la palabra “manso” tenga ese efecto identitario en Mendoza no la convierte en lunfardo o no habilita a llamarle jerga. De hecho, fue una palabra regional de Cuyo incluida como intensificador en el Diccionario de la Lengua de la Academia Argentina de Letras.
Esta inclusión fue resultado de un trabajo en colaboración entre el Departamento de Computación de la UBA y la Academia Argentina de Letras. Fueron dos tesis de la Licenciatura en Ciencias de la Computación que procesaron grandes corpus de palabras de X (Twitter) desde el Laboratorio Inteligencia Artificial Aplicada. Allí encontraron que la frecuencia de uso de la palabra “manso” aumentaba notablemente en Cuyo y lo mismo les pasó con el adjetivo “asada/asado”, que regionalmente usamos para decir frustrada, cansada o enojada.
En síntesis, este mapeo de frecuencias en redes, tras el análisis de un corpus de hasta 600 millones de palabras, permitió confirmar que ciertos términos que se creían "generales" o "jergas" son en realidad regionalismos estabilizados. Y “manso”, que no es lunfardo, es uno de esos casos.
Este y otros análisis parten de una postura clara del especialista: la de resistir visiones y análisis que jerarquizan unas formas de hablar sobre otras. No importa si el origen es el lunfardo como fenómeno lingüístico del choque entre lenguas, si son regionalismos, extranjerismos, indigenismos o cualquier jerga. La lengua solo existe en tanto se usa y el español es mucho más que un listado cerrado de palabras que recolecta la Real Academia Española.
"Lo que nosotros tenemos que decirle a nuestra comunidad de hablantes es: no existe una manera de hablar la lengua que sea mejor que la otra. Punto", subrayó Kalinowski.
La charla completa de Santiago Kalinowski en la UNCUYO
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