El trabajo y las tareas de cuidado reconfiguran la trayectoria académica en la universidad

En un contexto socioeconómico desafiante, la necesidad de trabajar, cuidar a otras personas y afrontar gastos cotidianos tensiona el vínculo con el estudio. ¿Cómo usan el tiempo las y los estudiantes?

El trabajo y las tareas de cuidado reconfiguran la trayectoria académica en la universidad

Estudiar en la UNCUYO implica compatibilizar trabajo, cuidados y salud en un contexto cada vez más exigente. Foto: Unidiversidad.

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Emilio Murgo

Publicado el 07 DE MAYO DE 2026

Estudiar en la universidad hoy ya no puede pensarse como una actividad aislada, sino como parte de una trama compleja de responsabilidades que atraviesan la vida cotidiana de las y los estudiantes. En la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO), los datos más recientes muestran que el tiempo se convierte en un recurso crítico: trabajar, sostener tareas de cuidado, atender la salud física y emocional, y cumplir con las exigencias académicas forman parte de una misma ecuación. Esta superposición de demandas no solo condiciona la experiencia universitaria, sino que también impacta directamente en las trayectorias educativas, los ritmos de cursado y las posibilidades concretas de egreso, lo que obliga a repensar el sistema desde el contexto social y económico actual y las condiciones reales en las que hoy se estudia.

Trabajo y estudio: una tensión estructural en la vida universitaria

El cruce entre trabajo y estudio —en una Argentina atravesada por la crisis económica y social— aparece como uno de los rasgos más significativos del perfil estudiantil, configurando trayectorias atravesadas por la necesidad de compatibilizar tiempos fuera de la universidad, ingresos salariales y cursado.

Los datos del Censo 2025 de la Universidad Nacional de Cuyo permiten dimensionar cómo se distribuye el tiempo en la vida estudiantil. El 58 % de las y los estudiantes trabaja y, en la mitad de los casos, ese empleo se vincula con la carrera elegida; sin embargo, el 36 % cumple jornadas de entre 20 y 39 horas semanales, lo que condiciona la posibilidad de dedicarse gran parte a la vida académica.

En este sentido, Emmanuel Furlotti, docente de la carrera de Ciencias de la Educación en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCUYO, advierte a Unidiversidad sobre lo que revela esa radiografía: “Creo que el dato más fuerte es ese porcentaje que aparece en el censo: ya que el 58 % de los estudiantes trabaja y lo hace con una carga horaria alta. Esto muestra algo importante: si bien sigue existiendo una gran cantidad de estudiantes que son primera generación de universitarios, estudiar en la universidad ya no es una actividad exclusiva, como podía ser en otro momento”.

Por su parte, Gabriela Griffouliere, secretaria académica en la Facultad de Educación de la UNCUYO, pone el foco en las condiciones laborales y sus efectos concretos en el cursado: “Uno de los problemas que notamos es que nuestros estudiantes —la mayoría— trabajan en condiciones informales. Esto implica, por ejemplo, que no puedan acceder a determinadas licencias ni siquiera en épocas de examen. En ese contexto, deben compatibilizar los tiempos laborales —generalmente en trabajos precarios— con las pocas horas disponibles para estudiar”.

Las trayectorias universitarias se complejizan: menos dedicación exclusiva y más demandas en la vida cotidiana. Foto: Unidiversidad.

A partir de su experiencia docente, Furlotti señala que esta situación no es aislada, sino que se repite en la mayoría de las universidades y forma parte de las condiciones habituales en las que transitan sus estudios gran parte de las y los estudiantes. En ese marco, advierte que son cada vez menos quienes pueden dedicarse exclusivamente a la formación académica, ya que la necesidad de trabajar condiciona fuertemente sus trayectorias. Como consecuencia, una proporción significativa no logra cursar todas las materias previstas en los planes de estudio y recurre a excepciones o a modalidades especiales de cursado, especialmente cuando los horarios académicos se superponen con sus jornadas laborales.

Griffouliere aporta una lectura sobre los puntos más críticos de las trayectorias y señala que existe una concentración de dificultades en determinados momentos del recorrido académico. En particular, identifica un “cuello de botella” entre el segundo y el tercer año y también en los tramos finales de las carreras. Esas situaciones se profundizan en estudiantes que ya están insertos en el mercado laboral. Según su análisis, este escenario evidencia un cambio significativo respecto de décadas anteriores, cuando era más frecuente que las y los estudiantes pudieran dedicarse casi exclusivamente a la universidad.

El empleo deja de ser complementario y se vuelve estructural, condicionando tiempos y ritmos académicos. Foto: Unidiversidad.

Cuidar y estudiar: una carga que impacta en las trayectorias

Las tareas de cuidado aparecen como otro de los factores que influyen en el recorrido académico, especialmente en contextos donde el tiempo disponible para estudiar ya es limitado. Aquí los datos del censo afirman que el 13 % tiene al menos un hijo o hija, el 16 % realiza tareas de cuidado, en su mayoría mujeres, y el 65 % de quienes las asumen considera que afectan sus estudios.

“En relación con las tareas de cuidado, y considerando que es una problemática general en la universidad —aunque más marcada en facultades con mayor matrícula femenina, como Educación o Medicina—, se da un incremento notable que afecta el tiempo que se le dedica al estudio. La distribución desigual de las tareas de cuidado entre mujeres y varones no cambió tanto como se esperaba en pandemia. El cuidado de hijos o de familiares sigue recayendo mayormente en las mujeres, lo que reduce aún más el tiempo disponible para estudiar”, explica Gabriela Griffouliere.

A partir de este panorama, Griffouliere describe que la universidad viene desplegando distintas estrategias para acompañar estas situaciones. En algunos casos, señala, se observa que estudiantes asisten a cursar con sus hijos o hijas, lo que obliga a pensar y generar espacios adecuados para el cuidado dentro de las facultades. Al mismo tiempo, indica que se implementan dispositivos de seguimiento personalizado para quienes presentan demoras en sus trayectorias, a través de llamados y acciones coordinadas desde áreas como orientación, inclusión y género, con el objetivo de sostener la continuidad académica.

Las tareas de cuidado impactan con mayor fuerza en mujeres y reducen el tiempo disponible para estudiar. Foto: Unidiversidad.

Salud y bienestar: un factor clave en las trayectorias académicas

La salud —en sus dimensiones física, mental y emocional— se consolida como otro eje que puede afectar la continuidad y el rendimiento académico de las y los estudiantes. El censo releva que el 23 % manifiesta tener alguna condición de esta índole.

“Considerando las responsabilidades actuales, como el trabajo o las tareas de cuidado, aparece una dimensión importante que incide en las trayectorias: la salud, tanto física como emocional. En este punto, el dato indica que el 88 % de los estudiantes reconoce que la salud afecta su posibilidad de continuar plenamente los estudios, y esto es muy significativo”, dice Emmanuel Furlotti.

A partir de allí, Furlotti profundiza en la centralidad que adquirió la salud mental en los últimos años y advierte que, especialmente tras la pandemia, la vuelta a la presencialidad permitió visibilizar problemáticas que ya venían desarrollándose. Plantea que el bienestar integral se volvió un componente clave para comprender y acompañar las trayectorias universitarias. Por ello, señala que tanto los servicios de orientación como las iniciativas específicas —como el programa de trayectorias académicas estudiantiles (TRACES)— comenzaron a incorporar acciones vinculadas a la salud mental, abordándola como una dimensión transversal que atraviesa toda la carrera y no únicamente momentos puntuales como el ingreso o el egreso.

La salud física y emocional se consolida como un factor clave en la continuidad académica. Foto: Unidiversidad.

Entre la crisis y la individualización: nuevos desafíos para la vida universitaria

El contexto socioeconómico de nuestro país, marcado además por la precarización laboral, impacta directamente en las trayectorias estudiantiles. La necesidad de trabajar, sostener cuidados y afrontar gastos cotidianos tensiona el vínculo con la universidad, lo que genera recorridos más fragmentados y condiciona la permanencia y el egreso.

Furlotti hace referencia a las limitaciones de las herramientas institucionales frente a un escenario cada vez más complejo: “Si bien la universidad ofrece dispositivos de acompañamiento, estos también se encuentran sobrecargados frente a una demanda creciente. Esta situación se inscribe, además, en un contexto de crisis social y económica sostenida, que impacta directamente en la vida cotidiana de los estudiantes”.

A su vez, el docente advierte un cambio significativo en las formas de estudiar y en los vínculos entre pares, marcado por un proceso de creciente individualización. En ese sentido, el dato del censo revela que el 91 % de las y los estudiantes estudia solo y esto da cuenta de una dinámica en la que los espacios colectivos —clave tanto para el aprendizaje como para el sostén emocional— se ven restringidos por la falta de tiempo y la superposición de responsabilidades.

Por su parte, la secretaria académica de Educación aporta una mirada sobre cómo estas transformaciones impactan en las expectativas y decisiones del estudiantado: “Los estudiantes actuales tienen una relación distinta con la universidad: ya no es necesariamente el eje exclusivo de su proyecto de vida. Buscan compatibilizarla con otras dimensiones personales y laborales, y muestran un creciente interés por carreras más cortas —como tecnicaturas— con rápida salida laboral y, de esta forma, insertarse rápidamente en un mercado y contexto social-económico mucho más complejo”.

En un escenario de crisis e individualización, la Universidad busca adaptar sus estrategias a trayectorias reales. Foto: Unidiversidad.

Hacia nuevas estrategias: adaptar la universidad a las trayectorias reales

El impacto del uso del tiempo del estudiantado ya no se limita al diagnóstico, sino que se orienta a pensar respuestas concretas que permitan acompañar las trayectorias estudiantiles en sus condiciones reales.

Emmanuel Furlotti plantea que las transformaciones ya están en marcha dentro de las universidades nacionales —y particularmente en la UNCUYO—: “Respecto a las posibles respuestas institucionales, es claro que tanto la Universidad Nacional de Cuyo como otros sistemas de educación superior están avanzando hacia procesos de hibridación y virtualización de las carreras. Así, la virtualización y la reorganización de horarios —total o parcial— aparecen como herramientas clave. Si bien estas medidas no resuelven completamente el problema, sí representan avances importantes”.

Asu vez, Griffouliere subraya la necesidad de impulsar políticas institucionales activas que permitan recomponer el vínculo con el estudiantado. En su análisis, sostiene que el sinceramiento curricular aparece como un eje central para adecuar las propuestas académicas a las condiciones reales en las que cursan las y los estudiantes. A la par, señala que la Universidad avanza en otras líneas de acción, como el fortalecimiento del sistema de becas —incluso en un escenario de restricciones presupuestarias— con el objetivo de cubrir necesidades básicas y, en ciertos casos, la sustitución de empleos precarios por becas de prestación preprofesional que faciliten una mejor organización del tiempo y de las trayectorias académicas.

Finalmente, Furlotti señala que estas iniciativas deben materializarse en políticas institucionales concretas y sostenidas en el tiempo. En su análisis, subraya que, si no se avanza en ese sentido, existe el riesgo de quedar atrapados en un diagnóstico sin traducción práctica, manteniendo una lógica que asume que las y los estudiantes pueden dedicarse exclusivamente a la universidad, una premisa que —según destaca— ya no se corresponde con las condiciones reales del estudiantado actual.

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