Perfil estudiantil de la UNCUYO: la mayoría trabaja, es primera generación y son mujeres
Los datos del Censo 2025 de la UNCUYO exponen trayectorias atravesadas por el empleo, las tareas de cuidado y los desafíos en la organización del tiempo.
El Censo 2025 de la UNCUYO traza un nuevo perfil estudiantil, atravesado por cambios sociales, laborales y educativos. Foto: Unidiversidad.
El perfil actual de las y los estudiantes de la Universidad Nacional de Cuyo empieza a delinearse con datos concretos: el Censo 2025, impulsado por la Secretaría Académica, reunió 13.651 respuestas, lo que representa el 61 % de la población objetivo. ¿Cómo es hoy el universo de quienes cursan en la UNCUYO? La mayoría son estudiantes que trabajan, son primera generación de su familia en acceder a estudios universitarios (61 %) y son mujeres (el 66 % se percibe como tal). Además, la mitad proviene de escuelas secundarias de gestión pública, lo que refuerza el carácter inclusivo del sistema.
La radiografía permite conocer en detalle sobre la relación entre trabajo, estudio y uso del tiempo. El 58 % de las y los estudiantes tiene empleo, y en la mitad de los casos está vinculado con la carrera elegida; sin embargo, el 36 % cumple jornadas de entre 20 y 39 horas semanales. A esto se suman otras responsabilidades: el 13 % tiene al menos un hijo o hija, el 16 % realiza tareas de cuidado, y el 65 % considera que estas afectan sus estudios, mientras que el 23 % manifiesta tener alguna condición física o emocional que impacta en su rendimiento académico.
En cuanto a las dinámicas de estudio, el 91 % estudia en soledad y el 39 % lo hace todos los días, con un promedio de 13 horas semanales durante el cursado y 23 en épocas de exámenes. A esto se agregan 7 horas semanales de traslado y 13 destinadas al tiempo libre. Pese a este escenario exigente, el 83,95 % elegiría nuevamente la UNCUYO, lo que sintetiza una experiencia universitaria que, aun atravesada por múltiples desafíos, mantiene una valoración ampliamente positiva.
Mayoría de mujeres, primera generación universitaria y más de la mitad del estudiantado con empleo: los datos centrales del Censo 2025. Foto: Unidiversidad.
Un estudiantado feminizado y primera generación universitaria
El Censo 2025 confirma una tendencia sostenida en los últimos años: la creciente feminización de la matrícula universitaria. Según explicó el secretario académico de la UNCUYO Julio Aguirre, la mayoría de quienes estudian en la UNCUYO son mujeres, una característica se repite en todas las unidades académicas, destacándose la Facultad de Educación con un 93 % de matrícula femenina.
También hizo hincapié en que la mayoría del estudiantado es primera generación de universitarios en sus familias y trabaja mientras cursa. “El 66 % son mujeres, el 61 % es primera generación y el 58 % declaró que trabaja al menos parcialmente durante la semana. En términos demográficos, predominan estudiantes en sus 20 años, aunque también hay una presencia significativa de mayores de 30”, detalló.
Al comparar los principales indicadores del Censo 2022 con los del 2025 se desprende que la feminización de la matrícula se mantuvo —bajó levemente en un punto— y que una situación parecida se dio con las y los estudiantes que pertenecen a la primera generación universitaria dentro de sus familias.
Aguirre subrayó la valoración positiva que tiene la UNCUYO entre sus estudiantes. “El 83,95 % de los estudiantes asegura que si pudiera volver el tiempo atrás, elegiría nuevamente la misma universidad, ya sea la misma carrera u otra. Estos datos refuerzan el rol de la universidad pública como herramienta de acceso a la educación superior para sectores que, en muchos casos, son los primeros en alcanzar un título profesional”.

La matrícula se mantiene mayoritariamente femenina y con fuerte presencia de estudiantes que son los primeros en estudiar en su familia. Foto: Unidiversidad.
Cuidar, estudiar y sostener la vida cotidiana
El uso del tiempo y las responsabilidades por fuera del ámbito académico aparecen como variables centrales en las trayectorias. En este sentido, la coordinadora del LAB Académico, María Lina Duarte, explicó que, si bien se registran cambios respecto del censo anterior, persisten tensiones en la organización de la vida cotidiana.
En sus palabras, al comparar los nuevos datos con el censo anterior, aún se perciben efectos del contexto pandémico. Por ejemplo, la proporción de estudiantes que dedica horas semanales al cuidado de personas descendió del 51 % al 16 %. También se observan cambios demográficos ya que las y los jóvenes han postergado la maternidad y paternidad, aunque el 13 % de las y los estudiantes tiene al menos un hijo o hija.
Asimismo, Duarte advirtió que las tareas de cuidado no se distribuyen de manera equitativa, sino que impactan con mayor fuerza en las mujeres: “Al analizar el impacto de las tareas de cuidado, el 42 % de los varones indicó que no les afecta en sus estudios, mientras que el 70 % de las mujeres afirmó que sí inciden, evidenciando una brecha de género en la distribución de estas responsabilidades”.
Las tareas de cuidado impactan con mayor fuerza en mujeres y condicionan las trayectorias académicas. Foto: Unidiversidad.
Estudiar y trabajar: trayectorias en tensión
El trabajo atraviesa la experiencia universitaria de más de la mitad del estudiantado. En ese marco, Aguirre explicó que la inserción laboral varía según el momento de la carrera y tiende a complejizar las trayectorias académicas.
“En relación con el empleo, quienes están en etapas iniciales de la carrera trabajan menos, son más jóvenes y tienen menor probabilidad de tener hijos. A medida que avanzan en sus estudios, aumenta la inserción laboral y también cambia su naturaleza: en los primeros años trabajan en empleos generales para generar ingresos, mientras que en el tramo final acceden a trabajos vinculados con su formación”.
Para el secretario académico este proceso, si bien mejora las oportunidades profesionales, también introduce dificultades en la finalización de los estudios en los tiempos previstos. En este campo, el estudiantado que trabaja, aumentó en un 6 %, tomando en cuenta los resultados del censo anterior.
El crecimiento del empleo estudiantil complejiza la cursada y tensiona los tiempos de finalización de las carreras. Foto: Unidiversidad.
Salud y condiciones de estudio
Las condiciones de salud también aparecen como un factor determinante. Los datos relevados del Censo 2025 señalan que un 23 % de las y los estudiantes manifiesta tener alguna condición física o emocional que afecta su desempeño académico, un dato que obliga a la institución a generar respuestas específicas.
En este sentido, Duarte explicó que la universidad avanza en estrategias de inclusión y adaptación: “En paralelo, la universidad avanza en dispositivos de relevamiento junto con el área de discapacidad para mejorar la precisión de estos datos y adecuar las condiciones de estudio. Esto implica desde adaptaciones edilicias hasta ajustes en materiales para estudiantes con baja visión o hipoacusia”.
Por su parte, Aguirre destacó la valoración positiva que reciben estas políticas entre quienes las utilizan. En ese sentido, señaló que entre el 89 % y el 90 % de las personas que reportan alguna discapacidad valoran favorablemente las herramientas que ofrece la universidad para mejorar su trayectoria académica. En la misma línea, el 65 % también destaca las estrategias de inclusión implementadas por la institución.
Las condiciones de salud física y emocional influyen en el rendimiento académico y requieren políticas de inclusión. Foto: Unidiversidad.
Tiempo, evaluación y nuevos desafíos
Las principales demandas del estudiantado se vinculan con la organización del tiempo y las condiciones de cursado. Aguirre señaló que conciliar estudio, trabajo y vida personal se volvió un problema estructural.
“Desde el punto de vista estrictamente académico, siempre emergen algunas problemáticas. Por ejemplo, la intensidad o el volumen de horarios de cursado. Eso es algo que aparece, tanto en el censo pasado como en este: los estudiantes manifiestan que trabajan, que cuidan, que tienen una vida que no se reduce a ser exclusivamente estudiantes universitarios. Entonces, la conciliación de los tiempos es un problema muy complejo”, destacó.
Frente a esto, la universidad busca alternativas, principalmente a través de modalidades híbridas. Desde este punto, Aguirre entiende que las y los estudiantes buscan que los horarios sean más flexibles y que revea el volumen de cursado, algo que según el secretario académico se viene trabajando con la incorporación progresiva de mayores grados de virtualidad.
En paralelo, Aguirre afirmó que también surgen cuestionamientos sobre las formas de evaluación y explicó que existe una distancia entre el esfuerzo realizado y los resultados obtenidos por el estudiantado.
“Otra cuestión que nos interesa y nos preocupa tiene que ver con los sistemas de evaluación. Muchas veces los estudiantes sienten desasosiego al ser evaluados”.
Bajo estas circunstancias, para Aguirre existe toda una dimensión en el momento de la evaluación que responde a múltiples factores, incluso a un problema más amplio de la cultura de la evaluación en el sistema educativo argentino. “La situación de examen y su resultado no siempre son instructivos. También hay déficits en las estrategias didácticas: muchas veces no contamos con herramientas para dar devoluciones que no se agoten solo en la nota”.
Finalmente, otra problemática transversal que marca el Censo 2025, sobre todo desde la pandemia, es que el 91 % de las y los estudiantes declara que estudia sin compañía. “Esto se vincula con procesos de individualización: cada vez hay más interacciones mediadas por lo tecnológico y menos por el vínculo cotidiano con otros. Esto es clave en términos educativos, porque prácticamente todos los enfoques pedagógicos coinciden en que es mejor estudiar con otros, tanto por lo académico como por lo socioafectivo”, remarcó Aguirre.
“Por eso, estamos trabajando para repensar los diseños y programas de las materias, así como su articulación, evitando superposiciones de contenido y de tiempo, redundancias y repeticiones. El objetivo es hacer el proceso más eficiente, entendiendo que el estudiante real no es aquel que dispone de 40 horas semanales exclusivamente para estudiar, sino alguien que combina múltiples responsabilidades”, finalizó.
Conciliar estudio, trabajo y vida personal emerge como uno de los principales desafíos del estudiantado. Foto: Unidiversidad.
Más datos sobre el Censo 2025
- El 50 % de las y los estudiantes de la UNCUYO procede de estudios secundarios de gestión pública. Además, el 16 % realizó sus estudios en colegios de la propia universidad, pese a que este grupo representa menos del 1 % del total del sistema secundario provincial.
- El 72,9 % de las y los estudiantes manifestó no haber estado en Rendimiento Académico Negativo. En cuanto a los hábitos de estudio, el 39 % declaró estudiar todos los días, con un promedio de 13 horas semanales durante la cursada y 23 horas en períodos de exámenes.
- El tiempo también se distribuye en otras actividades: en promedio, destinan 7 horas semanales al traslado y 13 horas al tiempo libre.
- Acceso a Internet, dispositivo y lugar de estudio: el 99 % de estudiantes tiene acceso exclusivo a algún dispositivo para realizar actividades académicas y el mismo porcentaje cuenta con conexión a internet en su vivienda o lugar de estudio. A su vez, el 7 2 % dispone de un espacio específico para estudiar.
- Finalmente, el 83,95 % de las y los estudiantes elegiría nuevamente la misma universidad, mientras que el 74,67 % optaría por la misma carrera dentro de la UNCUYO.
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