Crean aislantes con desechos de la vid para sustituir materiales sintéticos de la construcción

Se trata de paneles termoacústicos sustentables que podrían integrarse a todo tipo de edificaciones y reformas para dejar de lado materiales altamente contaminantes. Especialistas del Conicet Mendoza usan la biomasa de los residuos vitivinícola y el micelio de hongos. Las pruebas arrojaron resultados alentadores.

Crean aislantes con desechos de la vid para sustituir materiales sintéticos de la construcción

Maira Terraza, una de las investigadoras a cargo del proyecto que crea paneles sustentables para la construcción. Foto: Conicet

Medio Ambiente

Unidiversidad

Ernesto Gutiérrez

Publicado el 22 DE JULIO DE 2026

La industria de la construcción enfrenta uno de sus mayores desafíos: reducir el impacto ambiental de los materiales que utiliza sin resignar prestaciones. Mientras el sector avanza hacia edificaciones cada vez más eficientes desde el punto de vista energético, todavía depende en gran medida de aislantes fabricados con derivados del petróleo o mediante procesos industriales altamente contaminantes. Por eso, investigadoras e investigadores del Conicet en Mendoza trabajan en una alternativa que combina ciencia, economía circular y uno de los recursos más abundantes de la provincia, los residuos de la vitivinicultura.

El proyecto propone fabricar paneles aislantes térmicos y acústicos utilizando la biomasa proveniente de los residuos de la poda de la vid y el micelio de hongos —una red de filamentos microscópicos capaz de unir naturalmente las partículas vegetales hasta formar un material compacto—. Los primeros ensayos de laboratorio y campo ya demostraron que el desarrollo posee un buen comportamiento térmico y una destacada capacidad de absorción acústica, lo que abre la puerta a una nueva generación de materiales para la construcción con una huella ambiental considerablemente menor.

La investigación, desarrollada por especialistas del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía (Inahe-Conicet), cuenta además con la colaboración de una bodega mendocina que aporta los residuos de poda utilizados como materia prima.

Investigadoras e investigadores del Conicet desarrollan paneles aislantes utilizando residuos de poda de la vid y micelio de hongos. Foto: Conicet.

Una construcción más eficiente empieza por los materiales

Cuando se habla de eficiencia energética en edificaciones, la atención suele concentrarse en el consumo de calefacción o refrigeración. Sin embargo, buena parte del impacto ambiental comienza antes, durante la fabricación de los materiales utilizados en la obra.

Actualmente, los aislantes para el frío, el calor o el ruido más difundidos, como el poliestireno expandido (EPS), el poliuretano, la lana de vidrio o la lana de roca, requieren importantes cantidades de energía para su producción y, en muchos casos, provienen de recursos no renovables.

"La construcción de los materiales aislantes tradicionales supone una importante fuente de contaminación a la atmósfera. En contraste, la tendencia actual se orienta al desarrollo de propuestas de aislamiento térmico y acústico con enfoque sustentable", explicó Maira Terraza, diseñadora industrial y becaria doctoral del Conicet a cargo del proyecto. El equipo lo conforman también Noelia Alchapar, Ayelén Villalba y Pablo Postemsky (Conicet UNS).

Según la investigadora, la propuesta mendocina sigue una línea de trabajo que ya gana terreno en distintos países: desarrollar materiales con baja energía incorporada y una menor huella de carbono, contemplando no solamente el ahorro energético durante la vida útil del edificio, sino también el impacto ambiental de su fabricación.

Pero detrás del proyecto también existe una convicción personal. Terraza aseguró que su formación como diseñadora industrial la llevó naturalmente hacia la sustentabilidad. "Para mí el diseño tiene que ser sustentable. Si no lo es, pierde su propósito", sostuvo. Ese interés la llevó durante la pandemia a experimentar con biomateriales como parte de un emprendimiento personal y, luego, desde 2023 a profundizar la investigación dentro del Conicet.

La poda de la vid aporta lignina, mejorando la resistencia, estabilidad y desempeño estructural del nuevo material. Foto: Conicet.

El aporte de un hongo

Según Terraza, el corazón del desarrollo está en un proceso conocido como biofabricación, una técnica que aprovecha organismos vivos para crear nuevos materiales. “En este caso, el protagonista es el micelio, la estructura subterránea de los hongos formada por miles de filamentos microscópicos llamados hifas”, detalló.

El procedimiento comienza con la trituración de la poda de la vid, que actúa como sustrato o alimento para el hongo. A medida que el micelio crece, invade toda esa biomasa y genera una red natural que une las partículas vegetales hasta transformarlas en un bloque sólido.

"El micelio crea una red de hifas (filamentos) que se ramifican y fusionan entre sí y con el sustrato, integrándose químicamente con él. Esa red consolida las partículas y genera un único bloque de material", explicó la becaria del Conicet.

Una vez que el crecimiento alcanza el cien por ciento del molde, el material se somete a altas temperaturas para ser deshidratado e inactivar completamente el hongo. De esa manera, deja de ser un organismo vivo y se convierte en un producto estable, listo para ser utilizado en aplicaciones constructivas.

 El micelio de hongos une naturalmente las partículas vegetales hasta formar paneles resistentes para la construcción sustentable. Foto: Conicet.

Aunque el uso de micelio como biomaterial ya se investiga en distintas partes del mundo, el proyecto mendocino incorpora un elemento diferencial: emplea residuos de poda de vid, una biomasa que hasta ahora prácticamente no había sido utilizada con este fin.

Esa decisión no fue casual. La elección surgió después de los primeros ensayos, cuando el equipo comenzó a observar resultados superiores respecto de otros residuos vegetales. "La poda de la vid tiene una alta composición de lignina, un componente propio de los materiales leñosos. Eso hace que el biomaterial tenga mayor integridad estructural, estabilidad dimensional y mejores propiedades mecánicas", explicó.

La lignina, presente en la madera, aporta rigidez al sustrato y permite que el producto final resulte más resistente que otros materiales elaborados con micelio. Además, el proyecto aprovecha una ventaja estratégica de la provincia: la enorme disponibilidad de residuos provenientes de la industria vitivinícola. "La matriz productiva cambia según cada región. En Bahía Blanca, por ejemplo, trabajan con cascarillas de girasol o paja de trigo. Nosotros quisimos darle un enfoque regional utilizando la biomasa que caracteriza a Mendoza", señaló Terraza.

El proyecto busca desarrollar aislantes sustentables que reduzcan la huella ambiental de la industria de la construcción. Foto: Conicet.

Del laboratorio a las obras: el desafío de llegar al mercado

Los primeros prototipos ya fueron sometidos a pruebas de laboratorio y campo con resultados alentadores. Los ensayos confirmaron que el material presenta buenas propiedades como aislante térmico y una eficaz absorción acústica, dos características fundamentales para su incorporación en viviendas, edificios y sistemas constructivos industrializados.

Actualmente, el equipo trabaja en una etapa de validación más exigente, como las ISO 9001. Los investigadores realizan ensayos en condiciones reales para evaluar aspectos específicos que exige la industria de la construcción, como la absorción de agua, la resistencia al fuego y la durabilidad a largo plazo.

"Estamos optimizando los protocolos de producción para obtener un material que perdure en el tiempo y alcance los estándares requeridos por la industria", explicó Maira Terraza.

La intención es que el biomaterial pueda reemplazar progresivamente a los aislantes tradicionales tanto en construcciones nuevas como en obras de rehabilitación energética de edificaciones existentes. Según la investigadora, donde existe mayor potencial es en los sistemas de construcción liviana e industrializada, que actualmente utilizan materiales sintéticos para el aislamiento.

Pero el camino hacia la aplicación masiva todavía presenta varios obstáculos. El principal es la escalabilidad. Pasar de fabricar prototipos de laboratorio a producir grandes volúmenes requiere inversiones, infraestructura industrial y empresas dispuestas a licenciar o desarrollar comercialmente la tecnología. "El cuello de botella hoy está en la industrialización del proceso. Con financiamiento y articulación con el sector productivo creemos que ese paso puede darse", afirmó.

Los primeros ensayos confirmaron un buen comportamiento térmico y una destacada capacidad para absorber el sonido ambiental. Foto: Conicet.

A esa dificultad se suma otra menos visible: la normativa vigente. Terraza participa del Plan Nacional de Biomateriales y de las mesas de trabajo vinculadas al Sello del Bioproducto Argentino, donde uno de los temas recurrentes es la necesidad de adaptar las regulaciones actuales a este tipo de desarrollos.

"El marco normativo está pensado para materiales tradicionales. Cuando queremos ensayar biomateriales utilizando esas mismas normas aparecen muchas dificultades porque su comportamiento es distinto", explicó y sumó: “Modificar esos estándares será una condición indispensable para facilitar la incorporación de estos nuevos materiales al mercado”.

Más allá de los desafíos técnicos y regulatorios, la investigadora considera que el cambio de paradigma ya comenzó. "Creo que estamos frente a una nueva generación de materiales. La tendencia es mirar qué recursos tiene cada región y transformarlos en insumos estratégicos para producir de una manera mucho más sustentable", dijo.

En ese sentido, el proyecto mendocino representa mucho más que un nuevo aislante térmico y acústico. También propone una nueva forma de entender los desechos. La investigadora explicó que el gran potencial de los biomateriales es que permiten reimaginar los residuos como recursos estratégicos. “Transformamos un desecho de la industria vitivinícola en un insumo tecnológico de alto valor, fortaleciendo la economía regional y generando nuevas cadenas productivas. Ahí es donde la investigación científica cumple un papel fundamental: convierte una idea en una solución real, escalable y ambientalmente responsable", indicó.

Si los próximos ensayos mantienen los resultados obtenidos hasta ahora y logran superarse las barreras de industrialización y regulación, la poda de la vid podría dejar de ser simplemente un residuo agrícola para convertirse en uno de los materiales protagonistas de la construcción sostenible del futuro.

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