“Ni cinco inviernos históricos como este son suficientes para revertir la sequía”

Así lo dijo Ezequiel Toum, investigador del Ianigla-Conicet Mendoza. El Niño favorecerá un invierno con mayores reservas de nieve, pero no alcanzará para salir de la crisis hídrica que afecta a la provincia desde hace más de una década. El fenómeno se extenderá durante todo el verano y dejará abundantes tormentas en el llano.

"Ni cinco inviernos históricos como este son suficientes para revertir la sequía"

Ezequiel Toum, investigador del Ianigla-Conicet Mendoza. Foto: Unidiversidad

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Ernesto Gutiérrez

Publicado el 10 DE AGOSTO DE 2026

Después de varios inviernos marcados por la escasez de nieve y una crisis hídrica que condiciona el abastecimiento de agua en Mendoza, el fenómeno El Niño colaboró para generar nuevas nevadas en la cordillera. Los principales centros climáticos internacionales y nacionales coinciden en que el evento alcanzará su máxima intensidad hacia diciembre y continuará durante todo el verano, lo que provocará gran cantidad de tormentas durante la época estival. Sin embargo, nada de esto alcanzará para revertir la sequía que atraviesa la provincia desde hace más de diez años, tal como explicó Ezequiel Toum, investigador del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales, Ianigla-Conicet Mendoza.

Si bien el escenario permitirá atravesar un año con mejores reservas de agua, los registros científicos muestran que la provincia continuará inmersa en una megasequía histórica cuya recuperación demandará varios inviernos consecutivos con abundantes precipitaciones. Toum aseguró que El Niño persistirá durante los próximos meses y que las probabilidades de que eso ocurra son muy altas. El fenómeno traerá más agua, pero también exigirá una gestión más eficiente de un recurso que seguirá siendo estratégico en un contexto de cambio climático.

El Gobierno provincial, por su parte, ya puso el foco en ese escenario: mientras el Ministerio de Energía y Ambiente acelera obras para prepararse ante un posible aumento de lluvias y crecidas aluvionales, el Departamento General de Irrigación insiste en que esta nevada histórica representa una oportunidad de agua para el verano próximo, pero no el final de la crisis hídrica.

Las intensas nevadas registradas en la cordillera mendocina generan mejores expectativas para las reservas de agua, aunque no alcanzan para revertir la megasequía. Foto: Gendarmería Nacional

Un buen invierno no alcanza para terminar con una sequía histórica

Los modelos climáticos internacionales muestran una coincidencia poco habitual respecto de la evolución del fenómeno de El Niño. Según Toum, prácticamente todos proyectan que el evento continuará hasta comienzos de 2027.

"Los pronósticos climáticos de los centros que generan esta información a nivel mundial indican eso. Se habla siempre en términos probabilísticos, pero prácticamente las probabilidades muestran que El Niño va a alcanzar ahora un pico en el mes de diciembre, más o menos, y que se extenderá seguro hasta el trimestre enero-febrero-marzo", explicó.

Para Mendoza, esa situación representa una buena noticia desde el punto de vista hídrico. Históricamente, los años Niño incrementan las probabilidades de ingreso de frentes provenientes del Pacífico que descargan nieve sobre la cordillera, principal fuente de agua para los ríos mendocinos.

El investigador recordó que las últimas semanas son un ejemplo de ese comportamiento. Las nevadas han sido muy intensas y prolongadas en la alta montaña, tanto que han generado más complicaciones de las habituales con el transporte que cruza por el paso internacional Cristo Redentor.

De hecho, si las nevadas continúan dentro de los valores previstos, Mendoza podría recuperar caudales cercanos al promedio histórico. "Eso es algo importante porque, cuando se alcanzan al menos esos valores, la provincia tiene agua. Se van a poder llenar los embalses y no debería haber inconvenientes", explicó. Sin embargo, y pese al alivio que representará este ciclo húmedo de El Niño, el investigador advirtió que sería un error interpretar estas nevadas como el final de la crisis hídrica.

Mendoza atraviesa una megasequía histórica que acumula más de una década de déficit de precipitaciones y que no podrá revertirse con un solo invierno favorable. Foto: Gobierno de Mendoza

Según Toum, el grupo de trabajo del Ianigla realizó distintos escenarios para evaluar cuánto podría modificarse la tendencia después de quince años consecutivos con déficit de nieve.

"Tenemos en promedio, durante estos últimos quince años, un 30 % de déficit de nevadas. Hicimos un ejercicio para ver qué pasaba si este año caía el promedio histórico de nieve. La tendencia no cambiaba", explicó.

El análisis fue más allá. "Probamos qué ocurría si caía el doble del promedio: tampoco cambiaba la tendencia. Incluso exageramos el escenario y simulamos cinco veces el promedio histórico, algo extremadamente improbable, y tampoco alcanzaba para salir de la condición de megasequía”, dijo. La conclusión, según el especialista, es contundente: “Ni cinco inviernos históricos y extraordinarios como este resultan suficientes para revertir un proceso como la sequía, que lleva más de una década acumulando déficit en la provincia”.

Los registros históricos refuerzan esa conclusión. Los datos instrumentales abarcan aproximadamente un siglo, pero los científicos también reconstruyen el comportamiento climático de los últimos mil años mediante el estudio de anillos de crecimiento de árboles en la cordillera argentino-chilena. Cada anillo de crecimiento del árbol refleja la disponibilidad de agua registrada durante un año determinado. Al analizar ejemplares muy antiguos, los investigadores pueden reconstruir la historia de las precipitaciones mucho antes de que existieran estaciones meteorológicas.Los resultados muestran que la actual megasequía no tiene antecedentes comparables.

"Si tomamos los últimos cien años de registros instrumentales, estos quince años aparecen como el período más seco, y, cuando extendemos el análisis a reconstrucciones de mil años mediante anillos de árboles, también aparece como el número uno. Es una condición estadísticamente muy poco probable y no puede explicarse sin la influencia del cambio climático", afirmó Toum.

Los expertos anticipan que El Niño alcanzará su máxima intensidad hacia diciembre y podría favorecer un verano con mayor cantidad e intensidad de tormentas. Foto: Servicio Meteorológico Nacional

El cambio climático ya modificó las condiciones normales de Mendoza

La investigación desarrollada por el Ianigla también permitió determinar cuáles son las causas de esta prolongada sequía en Mendoza. Según Toum, alrededor del 70 % responde a la variabilidad de fenómenos naturales de gran escala, como El Niño, La Niña y otros sistemas de circulación atmosférica que interactúan entre sí. "Esos fenómenos pueden acoplarse o desacoplarse y, dependiendo de su intensidad y de la fase en la que estén, pueden potenciarse o anularse entre ellos. De ocurrir esta última, se genera esta sequía que afrontamos".

Sin embargo, existe otro componente imposible de ignorar. El otro 30 % no puede explicarse sin las emisiones de gases de efecto invernadero, es decir, sin el cambio climático. Por ese motivo, aun cuando El Niño permite algunos años más húmedos, la tendencia de largo plazo continúa siendo preocupante. "Las distintas proyecciones sobre el cambio climático sugieren que estas van a ser las condiciones estructurales. Vamos camino a que esta sea la nueva normalidad", indicó Toum.

En otras palabras, Mendoza podría alternar inviernos favorables con otros muy secos, pero sobre un escenario general menos húmedo que el conocido históricamente.

El fenómeno El Niño podría favorecer un verano con mayor cantidad de lluvias y tormentas intensas en Mendoza, debido a una mayor disponibilidad de humedad en la atmósfera. Foto: Los Andes

¿Más agua disponible, más tormentas intensas?

El otro efecto esperado de El Niño en Mendoza aparecerá durante el verano con las lluvias en el llano, que tienen un origen distinto a las nevadas. Mientras estas últimas dependen del ingreso de sistemas frontales provenientes del océano Pacífico, las precipitaciones de diciembre, enero y febrero son generadas principalmente por tormentas convectivas, esas grandes nubes blanquecinas que descargan abundante agua en poco tiempo y suelen estar acompañadas de granizo.

“A diferencia de lo que ocurre en el norte argentino, donde gran parte de la humedad llega desde el Amazonas o el Atlántico, en Mendoza, la mayor parte del vapor de agua es de origen local. A eso lo llamamos agua reciclada. Se evapora por las altas temperaturas y vuelve a formar tormentas", dijo.

Allí aparece una de las hipótesis que hoy siguen de cerca las y los investigadores, que deberá confirmarse con la evolución de la temporada y con el monitoreo permanente de radares y modelos meteorológicos. Si durante el invierno se acumula más nieve, habrá mayor disponibilidad de agua durante el verano en ríos, embalses, suelos y áreas cultivadas. Esa mayor humedad podría incrementar la evaporación cuando suban las temperaturas y favorecer tormentas más frecuentes e intensas.

"Va a haber mayor disponibilidad de agua porque cayó más nieve en la cordillera. Si tenemos un verano con temperaturas importantes, probablemente aumenten las tasas de evaporación, y es muy probable que tengamos un escenario con mayor cantidad de tormentas de este tipo y con una intensidad importante porque habrá mayor cantidad de vapor de agua disponible", expresó.

Por esa razón, aunque algunos organismos provinciales ya comenzaron a prepararse para un posible verano con mayor actividad de tormentas, el especialista evitó hacer afirmaciones categóricas. "Eso se va viendo día a día. Hay que seguir la evolución de las temperaturas, las mediciones de los radares y cómo responde la atmósfera", concluyó.

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