El Niño en Mendoza anticipa intensas nevadas, pero no garantiza un invierno extraordinario
Este pronóstico podría ser una buena noticia para revertir años de crisis hídrica. Sin embargo, el sistema climático de la provincia no depende de una sola variable, sino de la interacción de distintos fenómenos atmosféricos y oceánicos. Qué podría pasar a nivel provincial.
El Niño es una señal favorable para las nevadas, pero no garantiza un invierno extraordinario. Foto: Unidiversidad
El invierno en Mendoza vuelve a quedar bajo la mirada de los especialistas por una señal que llega desde el Océano Pacífico. Las proyecciones climáticas del Servicio Meteorológico Nacional indican una alta probabilidad de que El Niño se consolide fuertemente durante los próximos meses, justo en el momento más importante para la provincia: el período en el que se producen las nevadas que luego alimentan los ríos y reservorios de agua para el verano.
“El dato genera expectativa, pero también exige prudencia”, dijo Ezequiel Toum, científico del Ianigla- Conicet. En Mendoza, el fenómeno de El Niño suele estar asociado a mayores chances de temporales de lluvias y nieve en la cordillera. Este pronóstico puede ser una buena noticia después de años de crisis hídrica, pero no significa que el resultado esté asegurado. “El sistema climático es más complejo que una sola variable como El Niño y depende de la interacción entre distintos fenómenos atmosféricos y oceánicos para que se manifieste”, remarcó el especialista. Por eso, en el mundo científico no hablan de "Súper Niño", un término que circula en los grandes medios de comunicación para hablar sobre lo que dejará El Niño en la región este año.
Ezequiel Toum, científico del Ianigla - Conicet. Foto: Unidiversidad.
El impacto de El Niño en la cordillera
El especialista explicó que El Niño es una oscilación del Sur (ENOS), que ocurre en un sector del Océano Pacífico. La principal medición que se utiliza para saber en qué fase está el sistema es la temperatura superficial del mar. Esa información se obtiene mediante sensores instalados en el océano, mediciones directas e imágenes satelitales que siguen los servicios climáticos de distintos países.
Para entender este fenómeno climático natural, Toum puso el foco en las anomalías de temperatura. Es decir, cuánto se aparta la temperatura del mar de su promedio histórico. “Si la superficie del Pacífico ecuatorial está más cálida que lo normal y supera determinados umbrales (+2), el sistema empieza a entrar en fase Niño. Si ocurre lo contrario y el océano se enfría por debajo de sus valores habituales, aparece la fase Niña (-2)”, detalló.
El especialista hizo una comparación simple. “Si se toma un promedio como punto cero, todo valor por encima o por debajo marca una anomalía. En el caso del océano, esa diferencia puede parecer pequeña, pero tiene consecuencias relevantes porque no se trata solo de agua más cálida. El Niño es un fenómeno océano-atmosférico: lo que pasa en el mar modifica la atmósfera, y esa interacción puede alterar el sistema climático en regiones muy alejadas del Pacífico ecuatorial”.
En Mendoza, su impacto se observa especialmente en la cordillera. La provincia —explicó Toum — depende en gran medida de la nieve acumulada durante el invierno, que luego se transforma en agua para los ríos, el consumo humano, la producción agrícola y el sistema energético. “La ventana más importante para esas nevadas va, en términos climáticos, de abril a septiembre”, dijo.
El especialista del Ianigla indicó que cuando hay años Niño aumentan las probabilidades de que ingresen frentes de tormenta desde el Pacífico y dejen nieve en la cordillera. Durante La Niña suele ocurrir lo contrario, hay menos chances de nevadas significativas en los Andes Centrales. Mendoza, San Juan, sectores de Neuquén y también zonas chilenas —ubicadas del otro lado de la cordillera— dependen de un equilibrio delicado, si nieva poco, el impacto se siente meses después, cuando empieza la demanda fuerte de agua.
El Niño es una oscilación del Sur que ocurre en un sector del Océano Pacífico. Foto: Organización Meteorológica Mundial.
Otros fenómenos que inciden en Mendoza
Los pronósticos climáticos para Mendoza no solo incluyen a El Niño. Toum advirtió que no alcanza con mirar una sola fase del Pacífico para anticipar cómo será el invierno. Dijo que también intervienen otros fenómenos, como el Modo Anular del Sur (SAM), asociado a variaciones de presión atmosférica en torno a la Antártida, y oscilaciones propias del Pacífico que pueden reforzar o debilitar el ingreso de tormentas.
Además, a la altura de la provincia de Mendoza suele ubicarse un anticiclón semipermanente. Es una zona de alta presión que funciona como una especie de tapón atmosférico e impide, durante buena parte del año, el paso de sistemas de ‘mal tiempo’ hacia la cordillera mendocina. Por eso, la provincia tiene tantos días despejados y tan poca nubosidad en comparación con la Patagonia.
“Durante el invierno y gracias al SAM, ese anticiclón suele desplazarse un poco hacia el norte. Este fenómeno abre una ventana para que los frentes del Pacífico puedan avanzar hacia la cordillera y provocar nevadas. Allí aparece una de las claves del fenómeno, el SAM tiende a debilitar ese anticiclón, lo que puede facilitar el ingreso de tormentas o fenómenos como El Niño”, detalló.
Sin embargo, no hay una relación automática. Puede ocurrir que el SAM debilite o corra al anticiclón, pero que justo en esa ventana no ingresen frentes importantes. También puede suceder que otros fenómenos atmosféricos compensen ese efecto y vuelvan a cerrar el paso de las tormentas. “Por eso preferimos hablar de probabilidades y no de certezas”, remarcó el investigador.
En otras palabras, El Niño es una señal favorable para las nevadas, pero no garantiza un invierno extraordinario. “Aumenta las chances de una temporada más húmeda en alta montaña, aunque el resultado dependerá de cómo se combinen las condiciones semana a semana”, afirmó Toum.
Mientras tanto, el escenario podría presentarse de manera diferente en el llano mendocino. El investigador explicó que la humedad extra y la circulación de sistemas de baja presión no necesariamente se traducen en lluvias urbanas abundantes. La aridez típica del invierno podría mantenerse, mientras aumenta la posibilidad de episodios de viento Zonda, cambios bruscos de temperatura y posteriores ingresos de aire frío. “La provincia, como suele ocurrir, puede vivir dos inviernos al mismo tiempo: más nieve en altura y fuertes contrastes en las zonas urbanas. Pero todo depende de cómo actúe el SAM los próximos meses”, dijo.
Toum recordó que desde 2010 la región atraviesa una etapa que los climatólogos identifican como megasequía. Foto: Unidiversidad.
Una provincia marcada por la megasequía
La expectativa por El Niño también se explica por el contexto de fondo. Mendoza todavía arrastra los efectos de un largo período de escasez de agua. Toum recordó que desde 2010 la región atraviesa una etapa que los climatólogos identifican como megasequía. Desde entonces, las nevadas han estado en promedio alrededor de un 30 % por debajo de la media histórica.
“Ese dato cambia la forma de leer cualquier temporada. En los últimos años hubo inviernos que dejaron imágenes impactantes de nieve y generaron titulares optimistas. Sin embargo, al compararlos con los registros históricos, muchos de esos períodos apenas alcanzaron valores promedio. Los años 2015, 2016, 2023 y 2024 fueron mejores que otros recientes, pero no lograron recuperar los niveles de nevadas que Mendoza tuvo en temporadas anteriores, como en 2002, 2005 o 2008”, especificó el especialista.
Toum aclaró que la diferencia es importante, ya que después de una sequía tan prolongada, un invierno promedio puede sentirse como una mejora, pero no necesariamente alcanza para revertir el déficit acumulado. Por eso, la posible llegada de El Niño genera esperanza, aunque no permite hablar todavía de cómo se puede manifestar en la provincia y muchos menos de una solución para la crisis hídrica.
“Los informes climáticos más recientes indican que, hasta abril, el sistema se encontraba en fase neutral, es decir, la temperatura del Pacífico ecuatorial estaba cerca de sus valores promedio. La novedad es que las proyecciones muestran una probabilidad superior al 70 % de ingreso a fase Niño durante los próximos meses. El mensaje, entonces, es claro: El Niño todavía no está instalado, pero hay altas chances de que se active durante el tramo clave del invierno”, sostuvo el especialista.
Para Mendoza, eso puede abrir una oportunidad. Si las condiciones se alinean, la cordillera podría recibir nevadas más importantes que las de años secos, con un impacto positivo sobre la acumulación nival y la futura disponibilidad de agua. Pero la cautela sigue siendo necesaria. “Habrá que analizar cada frente, cada temporal y cada cambio de circulación para saber si esa expectativa se confirma”, aclaró.
Para el especialista, este invierno, se presenta con una promesa y una advertencia. “La promesa es que El Niño puede mejorar las probabilidades de nieve en una provincia que necesita recuperar reservas hídricas. La advertencia es que el clima no responde a una sola causa y Mendoza sigue dentro de una megasequía que no se revierte con un único evento. En ese equilibrio entre esperanza y prudencia, la cordillera volverá a ser el gran termómetro del agua que tendrá la provincia en los meses siguientes”, indicó
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