Madres y padres adolescentes desafían el estigma y visibilizan la falta las políticas públicas
Pensar en la maternidad y en la paternidad adolescente no debería ser sinónimo, solamente, de prevención, porque cuando sucede es una realidad. Un estudio cualitativo de la Red MAPA y Fundación Kaleidos propone trabajar para que la crianza no sea un límite, sino una parte de un proyecto de vida pleno y con derechos garantizados
Adolescentes que maternan y paternan hablan de sus realidades para pensar políticas públicas. Foto: Fundación Kaleidos
En Argentina, más de cien adolescentes por día se convierten en madres. Detrás de cada número hay una historia de vida, un proyecto interrumpido o transformado, y una lucha constante por ejercer derechos que el sistema, a menudo, ignora. El reciente informe federal "Mientras crecen, crían: maternidades y paternidades en la adolescencia", impulsado por la Red MAPA y la Fundación Kaleidos, se propone un cambio de paradigma: dejar de mirar a la adolescencia solo desde la prevención para empezar a escuchar a quienes ya están criando.
El documento publicado recoge los relatos de 32 jóvenes de trece provincias —incluyendo la experiencia de Mendoza para el sector centro, con la participación del municipio de Lavalle— para transformar esas voces en herramientas de cambio para las políticas públicas. El objetivo del estudio fue conocer las experiencias de adolescentes madres y padres e identificar los factores que facilitan u obstaculizan el ejercicio de sus derechos, como educación, salud, trabajo, redes de apoyo y crianza.
La cadena de vulneraciones: el embarazo como síntoma
Uno de los hallazgos más contundentes del informe es que el embarazo no intencional —que según Unfpa representa cinco de cada diez casos en adolescentes en el país— no es un hecho aislado, sino un eslabón más de una cadena de derechos vulnerados mucho antes de la gestación. Como denominadores comunes aparecen la falta de una Educación Sexual Integral (ESI) efectiva y las barreras simbólicas en el sistema de salud. Para muchas jóvenes, el primer contacto real con una consejería sobre anticoncepción ocurre recién después del parto y se pierden oportunidades de prevención fundamentales.
Marcha del 8M 2019. Foto ilustrativa: Unidiversidad.
Paola, una joven de 16 años de la región centro del país, sintetiza esta realidad: “No sabía ni qué era un método anticonceptivo. Y lo de la regla tampoco lo sabía. Mi mamá era como las de antes, no te explicaba (...) si hubiera sabido me lo hubiera puesto antes”.
Entre quienes no buscaban ni decidieron embarazarse, la educación es la principal razón para postergar la búsqueda. Hablan sobre la voluntad de terminar el secundario y también para formarse a través de cursos y estudios terciarios o universitarios. En la región centro de Argentina, agrega el informe, la estabilidad habitacional y la autonomía material pesan en esta decisión.
El sistema de salud: entre el respeto y la violencia
El acceso a la salud muestra una disparidad alarmante. Mientras un grupo de adolescentes relata haber recibido un trato respetuoso, una mayoría describe experiencias de violencia obstétrica, infantilización y discriminación por su edad. Es llamativamente frecuente, afirma el estudio, que las adolescentes describan malos tratos. Relatan que les generan dolores innecesarios, las menosprecian y tratan despectivamente, con violencia verbal. Se repite, además, que les ignoran su derecho a estar acompañadas durante el parto por una persona de su confianza.
Micaela, una adolescente de 15 años de la región centro, relata su experiencia durante el parto: “Fui a hacer pis y vino y me retó como niño chico. (...) Me sobaba la panza porque me dolía y vino otra y me retó. (...) Me trataron como un perro. (...) Y después [del parto] me trataban como si fuera una mujer grande ya. (...) En la cama de al lado había una señora con su marido. (...) Y yo me quedé mirando por lejos porque digo ‘Yo soy más chiquita’”.
Estas vivencias que relatan las jóvenes dejan al descubierto que el cumplimiento de leyes como la de parto humanizado termina dependiendo de la “buena voluntad” de un profesional. Pero para que se haga efectiva y generalizada, requiere una política de monitoreo constante y formación con enfoque de derechos para evitar que la edad sea un motivo de maltrato.
La escuela: ¿segundo hogar o barrera infranqueable?
A pesar de las dificultades, la escuela secundaria surge como un espacio de resistencia y apoyo emocional. Muchas jóvenes valoran la flexibilidad de preceptoras y docentes que, más allá de lo administrativo, brindan contención humana. Alejandra (18 años, AMBA) destaca: “Mi mamá fue a hablar a la escuela... pude terminarlo al colegio. Me dieron la posibilidad de poder terminarlo, yendo con la panza, o si no me daban trabajos para que los haga en mi casa”.
Estudiantes en el CUC. Foto ilustrativa: Axel Lloret / Unidiversidad.
Sin embargo, el informe advierte sobre la superposición de barreras que fuerzan el abandono escolar: la falta de redes de cuidado para los bebés, las dificultades de movilidad y los mandatos de género. En los varones, la presión social por ser el "proveedor" es el principal motivo de deserción. Nicolás (18 años, centro) cuenta: “Si sos papá, tenés que ponerte a trabajar. No lo veo así, pero bueno... Me hubiese gustado seguir el colegio”.
En los casos de las adolescentes que dejaron la escuela, atribuyeron la decisión a distintos factores. La institución puede ser un factor determinante debido a falta de programas específicos y, en casos aislados, a situaciones de discriminación.
La feminización del cuidado
El informe pone de relieve que el cuidado de los hijos recae de forma desproporcionada sobre las mujeres, por eso se habla de feminización del cuidado. Esto limita sus posibilidades de formación y las empuja al mercado laboral informal, es decir, a rebuscárselas.
Gabriela (18 años, sur) explica cómo debe intercalar su trabajo autónomo con la crianza para no sentirse una madre ausente: “Trabajo de 10 a 18 con el tema de las uñas, pero en casa (...). Estoy todo el tiempo con mi hijo y entre clienta y clienta (...) le cambio el pañal, le doy su leche... si tuviera un trabajo en blanco, con asistencias, es algo que se me complica”.
Ante la ausencia de una política integral de cuidados —como jardines maternales accesibles—, la cadena de feminización se agranda. Porque son las madres, abuelas y otras mujeres de la familia se convierten en el sostén invisible que permite a estas adolescentes seguir soñando con un futuro.
El cuidado recae sobre mujeres, sean madres u otras de la familia que sirven como apoyo. Foto ilustrativa: Axel Lloret / Unidiversidad.
Hacia una identidad de orgullo: "Ya no son pavadas de chicos"
Contrario al estigma de "irresponsabilidad" que suele pesar sobre las adolescencias, el estudio revela una profunda capacidad de agencia y compromiso. Convertirse en madres o padres funciona como un motor de superación personal. Los jóvenes expresan un deseo ferviente de reparar sus propias historias brindándoles a sus hijas e hijos la estabilidad que ellas y ellos, quizás, no tuvieron.
Para eso asisten a espacios de apoyo y contención comunitaria, como los que integran la Red MAPA. Son instancias que contribuyen en el acceso a la salud y la educación de ellas y de sus hijos y, algunos, también disponen de espacios grupales o terapéuticos. Lo que valoran las jóvenes es contar con un tiempo de encuentro con otras, sea para despejarse, no sentirse solas o fortalecer su salud mental. Para Gabriela (18 años, sur), el espacio de encuentro con sus pares fue vital: “Yo creo que muchísimas veces el espacio me salvó de volverme loca”.
La importancia del informe para las políticas públicas
¿Por qué es vital este informe para guiar las estrategias estatales? Primero, porque derriba mitos. Los y las adolescentes que crían no son sujetos pasivos ni víctimas; son ciudadanos y ciudadanas con una enorme voluntad de autonomía que necesitan que el Estado les quite obstáculos del camino. Segundo, porque identifica fallas sistémicas en la aplicación de leyes vigentes. No basta con que exista la Ley de ESI o la Ley 25.273 de inasistencias justificadas para embarazadas si en el territorio no se cumplen o se aplican de forma arbitraria.
El informe recomienda explícitamente crear una política integral de cuidados que libere tiempo para que las adolescentes puedan estudiar y trabajar; garantizar la ESI y la consejería en IVE/ILE como puertas de entrada a la autonomía reproductiva; formar a los equipos de salud y educación en el trato respetuoso y el principio de autonomía progresiva.
Fuente: Red MAPA y Fundación Kaleidos
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