Desafíos en tiempos de IA: “Nuestra mayor rebeldía es prestar atención”
Así lo aseguró el filósofo Tomás Balmaceda en su exposición en las XXIX Jornadas de Investigación de la UNCUYO. La libertad ficticia y la necesidad de repensar el sentido de la vida.
“El pensamiento requiere pausa, tranquilidad, silencio. Sin eso, la cultura pierde originalidad, nos hemos homogeneizado”, expresó.
El filósofo Tomás Balmaceda llamó a la rebelión en Mendoza. Y dio algunas sugerencias sobre cómo puede sublevarse el ser humano ante el mundo de inmediatez, de algoritmos y de felicidad obligada: prestar atención, equivocarse, dudar, desarrollar el gusto por algo, divagar, preguntarse qué es importante en la vida. Todas formas de rebeldía —dijo— que no se limitan al ámbito individual, sino a lo colectivo.
Balmaceda llamó a la rebelión en una de las salas del Centro de Congresos y Exposiciones donde se realizaron durante tres días las XXIX Jornadas de Investigación de la UNCUYO, otra forma de rebeldía en medio del desfinanciamiento y el asedio a la universidad pública, gratuita y laica argentina.
El llamado a rebelarse del filósofo pasó una primera prueba: el auditorio escuchó durante una hora su ponencia “La inteligencia artificial y el fin del mundo común”. Probó una de sus ideas: que se puede aprender y reflexionar de muchas formas, más allá de que en este tiempo pareciera que solo es posible lograrlo con un video, que debe ser vertical y de 15 segundo.
“Cómo devolverle espesor a la experiencia, intentos de apostar a la continuidad de lo humano. Nuestra mayor rebeldía es prestar atención, equivocarnos, desarrollar un gusto propio. No es solo individual, se juega la posibilidad de un mundo a compartir”, expresó.
Balmaceda dijo que es necesaria la pausa y el silencio para poder reflexionar. Foto: Prensa UNCUYO.
Nostalgia para reflexionar
El investigador de Conicet, profesor universitario y divulgador científico advirtió, antes de iniciar su charla, que se pondría nostálgico. Dijo que durante siglos la vida humana estuvo marcada por pausas, compases de espera, que no eran un vacío inútil, sino motores de reflexión. Explicó que con el devenir de los años y —sobre todo— de los avances tecnológicos se declaró una guerra al intervalo, a esa especie de parate que permite pensar.
El profesor recordó que a finales del siglo XX se conectó por primera vez a internet, un espacio que se presentó como horizontal, como una posibilidad de ser parte de una comunidad global. Dijo que los humanos fueron ingenuos, que la promesa no se cumplió, que no aportó más verdad, ni más tejido comunitario, sino una red colonizada por lógicas de control.
Balmaceda aseguró que la apuesta no fue inocente, que el mundo humano empezó a perder matices, que la comunidad pasó de ser un enjambre a convertirse en capullos culturales, en el que los seres humanos creen que son más libres que nunca, pero que en realidad viven en un sistema de control y vigilancia.
El profesor aportó otro dato a la discusión. Dijo que hoy el poder no se ejerce por presión, por la fuerza, sino por esa voz que susurra y convence, que premia a quienes siguen determinadas conductas, en medio del ruido permanente. Y ahí, dijo, hay otro problema: “El pensamiento requiere pausa, tranquilidad, silencio. Sin eso, la cultura pierde originalidad, nos hemos homogeneizado”, expresó.
Para describir al ser humano actual, Balmaceda contó la historia de San Dionisio, obispo de París que fue decapitado y siguió caminando con su cabeza en la mano. Dijo que esa figura representa a un ciudadano digital. “Hemos sido decapitados por la tecnología, pero seguimos caminando con el teléfono en el bolsillo”.
El profesor advirtió que otra vez se pondría nostálgico. Dijo que hoy no se estudia como cuando fue a la facultad, que los avances tecnológicos son beneficiosos en muchos aspectos, pero que debilitan el ejercicio del criterio, del pensamiento, que se perdieron espacios públicos como el café, el aula, la fotocopiadora, todos lugares donde se mezclaban y encontraban personas que pensaban distinto
Balmaceda nombró otras pérdidas del ser humano en la época del algoritmo: la atención, el silencio, la capacidad de reflexión, la imposibilidad de escuchar a alguien que piensa distinto, simplemente porque el algoritmo reúne a quienes piensan igual en un diálogo sin diálogo, sin tensión, sin fricciones, sin intercambio de ideas.
El filósofo planteó que los algoritmos nos marcan un camino ante que el ser humano suele ser muy dócil. Foto: Prensa UNCUYO.
Rebeldía en clave artificial
Balmaceda respondió a Unidiversidad. Durante la charla invitó a rebelarse, ¿por qué?, ¿cómo hacerlo?
Rebeldía es un concepto que me encanta. El año pasado saqué un libro que se llama Filosofía para desobedientes, porque me gusta la idea de la desobediencia, no como postura, sino que me interesa entender cómo la tecnología nos empezó a homogeneizar, a marcarnos los caminos que tenemos que recorrer y quizás la rebeldía que nos constituye como humanos es hacer el propio camino, poder tener un punto de vista, poder hacer algo que para mí es muy importante, desarrollar un gusto, es decir cuál es mi estilo, cuál es mi forma de ver la realidad, mis opiniones. Creo que progresivamente, los algoritmos nos marcan un camino y a veces somos muy dóciles en seguirlos. Entonces creo que esa rebeldía, esa desobediencia es importante, es decir, no tengo que hacer las cosas que se esperan de mí. Esa desobediencia está muy ligada a la tecnología, pero también a la edad, porque qué tiene que hacer alguien de cierta edad, qué se espera que piense, qué tipo de actividad debe realizar. Creo que el mundo está crujiendo un poquito, porque nos muestra distintas visiones de lo que es posible y lo que no es posible y me parece que esa es nuestra función, rebelarnos frente a ciertos mandatos que hoy veo mucho más fuertes que en otros momentos. Poder romper esos mandatos me parece que nos hace crecer y nos vuelve únicos.
¿Cuáles son sus rebeldías cotidianas?
Tengo un montón. Yo soy profesor y estoy mucho tiempo atento a mi tarea cotidiana, quizás los que no son profes no sepan que sos profe mucho más tiempo fuera del aula que adentro del aula, entonces un poco mi rebeldía tiene que ver con cómo organizar ese trabajo que me apasiona, pero que no quiero que me defina, no quiero que sea lo único que tenga. Entonces, por un lado, trato de hacer lo típico, como usar poco el celu, pero en mi caso WhatsApp es mi talón de Aquiles, siempre está explotado y ahí tengo a mis jefes, a las personas de trabajo, entonces eso lo vuelve difícil, pero trato de tener un uso controlado. Y después algo muy sencillo, porque me costó un montón pero lo hice, no trabajar los fines de semana. Mis otras rebeldías muchas veces tienen que ver con lo que se espera de un filósofo académico como yo, trabajo en un centro de investigación, tengo mi línea de trabajo, mis proyectos y al mismo tiempo me encanta divulgar, me encanta estar en medios grandes, llegar a otras personas. Entonces, sé que es un poco de rebeldía también abordar eso de la divulgación que a veces es vista como que es más fácil, pero para mí no es solamente hacerlo más fácil, es cambiarlo, pensarlo distinto, medir un poco la temperatura de lo que las personas quizás están buscando para introducir algo distinto. Siento que esas son mis pequeñas rebeldías.
En esas intervenciones masivas, ¿qué le transmite el público?
Yo creo que crece el malestar, veo cada vez más malestar que tiene que ver con cierto cansancio, con la manera en la que enfrentamos o no ciertos aspectos de la violencia que se vive, tanto en las casas como en lo digital, un malestar que es muy común, porque todos los esfuerzos que hacemos no siempre sabemos si están llegando al lugar que deberían llegar. En ese ámbito, creo que lo que ofrece la filosofía y las humanidades en general, pero la filosofía en particular, es super atractivo, que es la posibilidad de tomar las riendas de tu vida. Creo que hubo mucho tiempo, mucho contenido y mucha visión de la autoayuda, de alguien te va a dar una fórmula, lo veo mucho en redes sociales ahora con lo espiritual, como te voy a explicar cómo sos, porque sos de Aries, o te quiero explicar cómo sos por…Y eso creo que lo que hace es que continúa con ese adormecimiento en el sentido de me siento incómodo o tengo actitudes que no me gustan y lo explico por la posición de los astros. Creo que la filosofía lo que te invita es a reflexionar, a pensar, a hacerte cargo y a tomar esas decisiones que son dolorosas, que son difíciles. Entonces siento que ese malestar puede ser el motor de un cambio, de un tipo de vida más lento, de un estilo de vida más orgánico, más terrenal no tan sintético.
En su charla también advirtió que se pondría nostálgico. ¿La rebeldía está relacionada con aspectos de un mundo pasado?
Para mí es encontrar un equilibrio, el equilibrio entre todas estas tecnologías novedosas, que me gusta pensarlas en términos del asombro, un asombro que nos genera miedo y nos genera entusiasmo por partes iguales, que tiene promesas muy grandilocuentes y hay que ver si las puede cumplir, pero al mismo tiempo no abandonar lo que es propiamente humano. Hablé en la conferencia de la pausa, porque hoy parece que hacer las cosas lentas es algo malo y en realidad es propio del ser humano hacer las cosas con cuidado, con detalle, aprendiendo del error. Estas tecnologías nuevas son muy buenas con los objetos, con el resultado y no con el proceso, pero el espacio en donde aprendes y dónde dejás tu marca es en el proceso, entonces me parece relevante poder pensar e imaginar cuáles son efectivamente esos rasgos que la tecnología debería potenciarnos y no tanto reemplazar.
Durante tres días, la universidad compartió con la comunidad las investigaciones de sus profesionales. Foto: Prensa UNCUYO.
Libertad y sentido de la vida
En la charla también dijo que hoy reina una idea ficticia de libertad. ¿Por qué?
Hay muchos autores que hablan de eso, es un tema que me interesa mucho. La sensación que yo veo es que las personas sentimos que somos más libres que nunca, que podemos expresarnos como queremos, que podemos decir cualquier cosa, que podemos atacar a cualquiera, que podemos vestirnos casi como quisiéramos en distintos ámbitos, pero creo que no es así. En realidad, lo que vivimos es, por un lado, una mayor vigilancia, porque todo lo que hacemos, lo que cliqueamos, en donde nos detenemos a ver algo está siendo filmado, registrado, cada click nuestro está siendo analizado y, por otro lado, nos manejamos en entornos que de alguna manera guían nuestra conducta. En teoría de la libertad a eso se les llama empujoncitos, no es tanto que te obligan a hacer algo, sino que el entorno te gratifica cuando hacés ciertas acciones y las seguís haciendo, porque esos empujoncitos, esos pequeños cambios hacen que vos quizás tomés decisiones que no hubieras pensado tomar. En ese movimiento, en ese cambio creo que justamente hay algo relevante para repensar la libertad, no tanto como un espacio completamente abierto, virgen, que por otro lado nunca lo fue, sino que estamos condicionados y creo que en este momento histórico estamos condicionados sin darnos cuenta de que en el fondo nos están guiando.
¿En este tiempo se pierde el sentido de la vida, surgirán nuevos?
Creo que es un proceso de transformación, cada persona además tiene sus propios procesos, se van cambiando un montón de tramas de cada una de las personas. Si a eso le agregamos que hay una emergencia ecológica, dificultades económicas en todo el mundo —porque en la Argentina estamos muy acostumbrados, pero también hay coyuntura mundial— lo que sentimos no sé si es pérdida completa del sentido, pero como que no sabemos a dónde apuntar la brújula. También creo que hay un mandato de ser felices y de completarnos, porque pensamos que el de al lado está mejor, que el que se muestra en Instagram es mejor, que alguien que hace o tiene o logra ciertas cosas es más feliz. Ese debate es un debate por el sentido que ojalá nos vayamos de alguna manera reformulando: qué significa ser feliz para mí, qué es lo importante para mí, cuáles son las cosas que son valiosas en mi vida y en mi comunidad.
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