El "rockstar" que sedujo al mundo: 50 años sin Jim Morrison

El cantante y líder de la californiana banda The Doors creó un nuevo modelo sobre el escenario, en pleno apogeo de hippismo, y se transformó en uno de los cantantes más populares del planeta.

El "rockstar" que sedujo al mundo: 50 años sin Jim Morrison

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Unidiversidad / Fuente: Télam

Publicado el 02 DE JULIO DE 2021

Este sábado se cumplirán 50 años del fallecimiento en París de Jim Morrison, el cantante y atribulado líder carismático de la californiana banda The Doors, que, en pleno apogeo del hippismo, instituyó desde uno de sus epicentros un disruptivo nuevo modelo de rockstar.

Con canciones como "Light My Fire", "Roundhouse Blues", "Break on Through", "Waiting For The Sun", "People Are Strange", "The End" y "L.A. Woman", entre tantas, Morrison se entremezcló entre las múltiples expresiones que oficiaban de banda de sonido del denominado "verano del amor y las flores". Sin embargo, en medio de un híbrido sonoro entre el rock clásico y la psicodelia, alineado con la oferta musical del momento, su figura sobresalió por la mirada oscura con la que abordó el existencialismo, desde líricas inspiradas en lecturas de Charles Baudelaire, Aldous Huxley, Arthur Rimbaud, Antonin Artaud y Paul Verlaine, entre otros, en contraposición al carácter optimista y luminoso que predominaba.

Pero, además, el tímido joven nacido el 8 de diciembre de 1943 en Melbourne, Florida, se desmarcó de otras figuras a partir de una fuerte y novedosa imagen que exudaba rebeldía, hedonismo y sensualidad. Morrison se proponía como una suerte de chamán que conducía al público en un lisérgico ritual colectivo.

En cierta forma, vida pública y privada se entremezclaron en Jim Morrison, que transitó sus 27 años entre traumas infantiles, la fascinación por la literatura maldita, el interés por la experimentación con drogas alucinógenas, los roces con la ley y otras escenas propias de un rockero promedio de la época.

Por lo tanto, más allá de haberse autoproclamado "Rey Lagarto" y de sus memorables performances, todo lo mostrado en los shows no era más que una puesta en escena del andar cotidiano del controvertido cantante, que pareció haberse esforzado por cumplir con todos los ítems del manual de estilo del perturbado artista autodestructivo.

Cuando, en los inicios de su recorrido artístico con The Doors, fue despedido del célebre local Whisky A Go-Go porque, en medio de una de sus habituales improvisaciones poéticas, durante un pasaje instrumental de "The End", aludió al concepto central de la obra "Edipo rey" de Sófocles sin demasiados circunloquios, el destino suyo y el de la banda quedaron sellados para siempre.

Por supuesto que la celebridad de Morrison no hubiera sido posible sin el sólido aporte musical de sus compañeros: el guitarrista Robby Krieger, el baterista John Densmore y, fundamentalmente, el tecladista Ray Manzarek, su socio en la creación de las canciones y responsable de un característico timbre en su instrumento que dotó de una personalidad única al grupo. Justamente, todo nació cuando Morrison le recitó con una particular entonación algunos poemas de su autoría al tecladista, con quien había forjado una amistad mientras compartían clases de cine en la universidad.

Al principio, Manzarek creyó que podía acompañar esas lecturas con alguna interpretación de fondo. Eso fue derivando en un puñado de canciones que podían ser mostradas al estilo de cualquier banda de rock de entonces.

Hasta ese momento, la futura superestrella era un joven tímido, avergonzado de que su padre fuera un militar, admirador de Elvis Presley –a quien intentaría copiar en tono de voz y postura corporal– y traumado por la imagen de un originario moribundo que vio en una ruta cuando era niño.

Ya durante su reinado, todos esos elementos aparecerían en su obra de manera más o menos explícita. Y, mientras la escena musical se repartía entre un bucólico optimismo, la creación de una conciencia ecológica y los llamados a liberarse de viejos mandatos sociales y familiares, Morrison invitaba a atravesar las puertas de la percepción a partir de la experimentación con drogas psicodélicas, tal como lo habían hecho sus héroes literarios.

Con la publicación de exitosos discos y concurridos conciertos, la fama de los Doors fue creciendo al ritmo de su líder carismático, que atrapaba las miradas por su sex appeal, pero fundamentalmente por sus líricas y sus hipnóticas performances, en las que muchas veces perdía el control y provocaba escandalosos desenlaces.

Tras la grabación del disco L.A. Woman, en 1971, un poco cansado de su propia imagen pública y de nuevo guiado por sus ídolos literarios, Morrison decidió mudarse por un tiempo a París, junto a su novia Pamela Courson.

Fue ella la que, la mañana del 3 de julio de 1971, encontró su cadáver en la bañera del departamento que compartían. Los informes oficiales determinaron que el deceso se produjo por una insuficiencia cardíaca debida a un exceso de alcohol y drogas, pero la falta de rigor de los peritos forenses alimentó innumerables mitos.

Desde entonces, se dijo que fue asesinado por su novia –que murió tres años más tarde, también a los 27 años–; que falleció en un bar, pero que fue trasladado a su departamento para evitar problemas legales, y hasta que fingió su deceso para vivir en el anonimato. Este último mito fue alimentado incluso por el propio Manzarek cuando manifestó: "Si existe un tipo capaz de escenificar su propia muerte –creando un certificado de muerte ridículo y pagando a un doctor francés–, poner un saco de ciento cincuenta libras dentro del ataúd y desaparecer a alguna parte de este planeta –África, quién sabe–, ese tipo es Jim Morrison. Él sí sería capaz de llevar todo esto a buen puerto".

Más allá de todo eso, cincuenta años más tarde, sigue siendo incesante el peregrinar de curiosos de todo el mundo por su tumba en el cementerio parisino de Père-Lachaise, así como provocadora fue su mirada inmortalizada en una famosa imagen con el torso desnudo y desafiantes fueron sus intrépidos versos cantados.

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