El símbolo de la vida

Beigel, querellante en el VI Juicio por Delitos de Lesa Humanidad, contó la historia de las secuestradas en el Casino de Suboficiales. Allí llegó en un moisés Mariano, toda una razón para vivir.

El símbolo de la vida

El moisés de Mariano, en medio de la sala de debates. Foto: gentileza Coco Yáñez / www.elotro.com.ar.

Sociedad

VI Juicio Mendoza

Unidiversidad

Verónica Gordillo

Publicado el 08 DE JUNIO DE 2018

Un moisés de mimbre está en el centro de la sala de debates, y es extraño ver ese objeto que sirve para cobijar a un bebé en medio de jueces, querellantes y acusados. Pero ese moisés tenía que estar ahí: resume la historia de las mujeres que padecieron torturas, vejaciones y maltratos en el Casino de Suboficiales. En ese moisés, dos soldados armados llevaron al centro clandestino de detención a Mariano, el hijo de una de las secuestradas. Ese bebé transformó el horror en unión femenina, en solidaridad, en cariño, en la razón para seguir sonriendo. Ese bebé es la prueba irrefutable de que la vida se impuso a la muerte.

El moisés de Mariano fue el símbolo que eligió Viviana Beigel, querellante en el VI Juicio por Delitos de Lesa Humanidad, para realizar su alegato, referido a ese centro clandestino de detención, al que los represores llevaron solo a mujeres.

Beigel, querellante por el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH), hilvanó su alegado en torno a ese moisés. La escucharon atentamente los magistrados Daniel Alberto Cisneros, Walter Piña y Gretel Diamante, los defensores y los acusados. Del otro lado del vidrio (que separa a los acusados de sus víctimas), las mujeres, las que sufrieron las torturas, las que ayudaron a reconstruir la historia, las hermanas, las amigas de la víctimas.

Beigel pidió al tribunal que enmarque la sentencia en el delito de violencia de género y que dejen explicitado que la dictadura tuvo un plan sistemático para sostener el patriarcado, con base en distintas formas de torturas y reglamentos especialmente destinados a castigar y disciplinar a las mujeres. Además, pidió 25 años de prisión e inhabilitación perpetua para dos de los señalados y reconocidos por las víctimas como sus torturadores y carceleros: Armando Olimpo Carelli y Carlos Eduardo Ledesma. 

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Fue una de las solicitudes a la Justicia en la que coincidieron los querellantes, durante los alegatos en el VI Juicio por delitos de lesa humanidad. También reclamaron que los acusados rompan el pacto de silencio y digan dónde están los restos d ...

 

Un plan diferenciado

Beigel contó la historia de las 20 mujeres detenidas en el predio del Ejército y las dotó de vida, de nombre y apellido, de historia, de amores, de hijos. Lo hizo apoyada por las investigaciones de otras mujeres profesionales, de imágenes que aportaron las propias secuestradas o sus familias y de las bellas ilustraciones del artista Andrés Casciani.

Beigel demostró, con base en documentación, que la dictadura había ideado un plan específico y sistemático con el fin de sostener el patriarcado y disciplinar a las mujeres. Que las persiguieron y torturaron doblemente: por su condición de opositoras a través de su participación política o sindical, y por no cumplir con los roles impuestos de madres y esposas.

Cada una de las afirmaciones de Beigel tuvo un sustento histórico: documentos, reglamentos, decretos de las fuerzas represivas en lo que se definieron pautas, formas de tortura y juntas interdisciplinarias, que pretendían sembrar culpa en las mujeres. Esas torturas diferenciadas estaban relacionadas con el cuerpo: con la desnudez, las violaciones, la separación de sus hijos, los malos tratos a embarazadas.

Beigel también dejó en claro que distintos organismos y fallos internacionales reconocieron a la violencia sexual como un delito de lesa humanidad, entre ellos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Informe de la Conadep y fallos de juicios que se sustanciaron en todo el país.

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Viviana Beigel, querellante en el VI Juicio por delitos de lesa humanidad que se realiza en Mendoza, planteará en su alegato que las mujeres sufrieron violencia de género.

 

Cuidar a Mariano

Un retrato de cada mujer fue el disparador para que Beigel le pusiera nombre, historia, familia, profesión y amigos a cada una de las víctimas. Dora Goldfarb, Liliana Buttini, Edith Arito, Yolanda Cora Cejas, María Elena Castro, Liliana Petruy, Estela Izaguirre, Carmen Corbellini, Eda Sharbati de Aliendes, Silvia Rosa Aliendes, Rosa Blanca Obredor, Susana Cristina Nardi, Olga Salvucci, Beatriz García, Norma Sybilla y Vilma Rúpolo fueron algunas de las secuestradas y torturadas en el Casino de Suboficiales.

Justamente la bailarina Vilma Rúpolo, que presenció el alegato, es la mamá de Mariano, ese bebé que le llevaron después de amenazar con suicidarse, el que llegó en el moisés de mimbre al centro clandestino de detención, el que transformó la vida de las mujeres y al que recibieron entonando “Canción con todos”.

Los testimonios que las mujeres dieron durante todo el juicio dejaron en claro lo que significó ese bebé en medio de las torturas. Fue la solidaridad, fue la unión, fue cuidarlo mientras su madre sufría torturas. Por eso, el moisés de Mariano tenía que estar ahí, en medio de la sala de debates, de los jueces, de los acusados, de los querellantes. Tenía que estar ahí porque es la prueba irrefutable de que la vida le ganó a la muerte.

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