El trabajo de las familias temporarias y el problema de la regulación

El sistema busca que infancias y adolescencias no transcurran años de su vida institucionalizados. Sin embargo, largos períodos vinculados con los niños y niñas y desvinculaciones en poco tiempo generan que las familias sufran la separación. Un proyecto intenta regular la situación.

El trabajo de las familias temporarias y el problema de la regulación

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Ángeles Balderrama

Publicado el 09 DE NOVIEMBRE DE 2021

Cuando se habla sobre infancias y adolescencias que esperan la resolución de su situación judicial, surge una duda: ¿institucionalizar o dejar al cuidado de familias temporarias? Aunque estudios demostraron los beneficios que presentan las familias cuidadoras, quienes realizan esta labor también remarcan algunas dificultades que presenta el sistema, especialmente el vínculo de apego que generan las estadías muy largas. Casos como el de la familia Valot-Di Césare en el Este provincial, o incluso la situación de una niña de la localidad El Dorado en Misiones, reflejan la compleja situación. Cómo es ser una familia temporaria en Mendoza.

Andrea siempre tuvo el deseo de maternar, pero una enfermedad y la imposibilidad de quedar embarazada generaron que adoptar fuera una buena opción para ella. Sin embargo, pese a su deseo y el de su pareja, el proceso en Argentina podía llegar a demorar cerca de 10 años, y una adopción internacional estaba cerca de la ilegalidad. “Siempre lo viví desde la aceptación y pensé automáticamente en que podía adoptar. Averigüé y la verdad es que tenés como 7, 8 o 10 años de espera. También pensé que podía hacer una adopción internacional, pero roza la trata de personas”.

Su intención siempre fue “colaborar en la vida de un ser”; por este motivo decidió unirse al Programa de Familias Temporarias. “Fui a averiguar, hice unas entrevistas psicológicas y a los diez días ya teníamos al niño en casa. Yo quería ejercer mi maternidad y la verdad es que lo hacés al 100 %: sos mamá, le das todo lo que podés y lo soltás. Ahora vamos por la segunda niña en tránsito, que lleva seis meses con nosotros y tiene dos añitos”, expresó Andrea a Unidiversidad.

En términos generales, el sistema de familias temporarias busca que niños, niñas y adolescentes puedan permanecer al calor de una familia cuidadora hasta tanto se pueda resolver su situación legal (retornar con su familia de origen o conseguir una adopción). Además, intenta evitar que transcurran un largo período institucionalizados en hogares de convivencia.

Eugenio y Sonia son nuevos en el programa. En julio de 2021 recibieron en su hogar a Milagros, una adolescente de 18 años, pero a la que ellos conocen desde los 11. Como militantes de organismos de derechos humanos, la decisión de ser familia temporaria llegó bajo un concepto: la solidaridad. “Es por solidaridad, y no solo con Milagros, sino con la vida misma. Una de las peores consecuencias del terrorismo de Estado fue precisamente eso: romper a través del terror los lazos sociales que nos unen y relacionan con los demás y, por más tiempo que haya transcurrido, todavía no se han recompuesto en su totalidad. Como es muy difícil también arreglar los conflictos que produce la marginalidad de destrucción de las familias, creo que se pueden solucionar de a poco recomponiendo esos lazos invisibles de solidaridad, de amor y de cierta empatía con el otro”, dijo Eugenio París a este portal.

Para la familia, la experiencia con Milagros es positiva. “Se combina también con otras actitudes positivas, como el hecho de que sigue estudiando y que juega fútbol, o sea, actividades que colaboran a que la convivencia sea buena”, afirman.

Según un informe de Unicef Argentina, lo más positivo de las familias temporarias es aquello que no es: no es una institucionalización en un hogar. El trato despersonalizado que los niños y niñas reciben en una institución residencial se opone a indicadores corporales y de desarrollo que aparecen en el acogimiento familiar. “La mirada de los niños, su semblante, las sonrisas, la ganancia de peso, son todas marcas físicas referidas por casi la totalidad de los entrevistados”, explica el estudio.

Sin embargo, también remarca valoraciones negativas relacionadas con el doble abandono, el peligro de apropiación de las familias y la duración indeterminada de los plazos. “La experiencia puede ser vivida en términos de un doble abandono, un momento que está delimitado por rupturas que lo tornan traumático. Una crítica que también ha sido relevada refiere al no cumplimiento de los plazos del acogimiento familiar, que a veces puede llegar a resultar en años de convivencia con la familia de acogida”, agrega el informe de Unicef.

Para Andrea, la experiencia de ser familia temporal es “hermosa”; sin embargo, remarcó que la despedida es difícil. “Tiene su parte dura, el momento en el que se van, porque te queda un vacío y se extraña. Es un volver a comenzar. Tuvimos algunas diferencias porque sentimos que los tiempos fueron muy abruptos. Lo tuvimos ocho meses al gordito y tuvo una semana solamente de vinculación con su nueva familia. Esas son las cosas que te dejan un sabor amargo porque sabemos que podría ser de otra manera, más amorosa y respetuosa con los tiempos del gordo”, contó.

“Al primero lo entregamos y a los cuatro días empezó la cuarentena estricta, así que nos tocó el síndrome del nido vacío, pero lo llevamos bien, dentro de lo que a cualquiera le pasa, como extrañar o pensar cómo estará y qué estará haciendo. Desde el día en que lo entregué, no lo vi nunca más. Creo que hay que prepararse todos los días para ese momento. Yo siempre hablo también con ellos y les digo que van a tener su casita, que somos sus amigos, que los queremos y acompañamos, pero siempre desde la temporalidad”, afirmó.

Aunque Andrea pudo superar la separación con el niño, otras familias no lo lograron. Un ejemplo de ello es el caso de los Valot-Di Césare, que tenían a su cargo a una menor de dos años. El plazo de cuidado no debía superar los cuatro meses, pero la niña terminó quedándose casi dos años. Esta situación provocó que tanto la pequeña como su familia cuidadora generaran lazos fuertes y buscaran adoptarla, pero la niña ya había conseguido familia adoptante.

Por fuera de la provincia, otro caso similar se produjo en la localidad El Dorado, en Misiones. Una familia cuidó a una niña desde su primer mes de vida hasta los cuatro años en calidad de “guarda solidaria”, pero en diciembre de 2020, la Justicia otorgó la adopción a una pareja de policías. La familia que había criado a la niña fue citada por teléfono, sin que mediara notificación oficial, y en ese mismo momento la desvincularon.

 

Familias Temporarias en regulación

Desde 2016, la Asociación Voluntarios de Mendoza-Niñez y Familia (Avome) mantiene un convenio con el Gobierno provincial que le permite estar a cargo de la selección, formación y seguimiento de las familias temporarias en el Gran Mendoza, Zona Este y Valle de Uco. Sin embargo, frente a la complejidad que presentan algunos casos, un proyecto de ley que cuenta con sanción inicial busca regular la situación.

“El proyecto tiene como objeto la regulación en la provincia de Mendoza del acogimiento familiar. ¿Por qué necesitamos una regulación? Porque necesitamos fijar la temporalidad del cuidado del niño, con un tiempo determinado, y porque ninguna familia que se inscriba debe estar anotada en el Registro Único de Adoptantes (RUA)”, explicó la diputada por la Unión Cívica Radical (UCR) y autora de la iniciativa, Marcela Fernández.

Fernández afirmó que esta propuesta en Mendoza “involucra un sistema del que se habla mucho, se discute, pero no hay un reglamento, una normativa que pueda dar concretamente los requisitos para el ingreso o para seguir en el programa, por ejemplo, siempre dejando en claro que no tiene fines de adopción”. Aunque el proyecto cuenta con el apoyo de la mayoría, desde el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) ven como un problema que “la centralidad esté en las organizaciones sociales y no en el Estado, que tiene que tener a su cargo la protección y resolver las situaciones de vulneración de derechos”.

En tanto, para las familias, la principal dificultad reside en los tiempos que demoran los papeles en la Justicia. "La dificultad está en los temas legales. A la nena la tenemos hace seis meses. Ahora recibimos la visita de la asistente social y todavía no se le han movido mucho los papeles, está todo trabado. A medida que pasa el tiempo, ellos comparten con uno y es más difícil para todas las partes. Yo, como adulto, elijo este lugar, el niño no. No debería pasar más de seis meses. Ellos vienen con un registro de abandono y es generarles otro", concluyó Andrea.

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