Estereotipos de género: “Que las niñas sepan que son más que lindas”

Un video que se hizo viral vuelve a poner en debate los estereotipos de género. De las niñas, se resalta su belleza; de los niños, sus acciones. En "Atardecid@s", dialogamos con Julia López, editora de género de Unidiversidad, sobre sexo, género y estereotipos.

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Publicado el 09 DE SEPTIEMBRE DE 2021

Muchas cosas están cambiando en las formas de crianza y en el trato con las infancias. Sin embargo, se siguen sosteniendo estereotipos de género que determinan los roles asignados a mujeres y varones. Lo que parecen simples diferencias son, en realidad, el sostenimiento de las grandes desigualdades que se perpetúan. 

El disparador del tema fue un video de la pediatra Jimena Le Bellot. En su cuenta de Instagram, con casi medio millón de seguidoras y seguidores (@soymamaypediatra), contó una experiencia personal en relación a la diferencia de trato que recibe su hija cuando piensan que es un varón. 

“Desde antes de que aprendan a hablar, les enseñamos a los niños y a las niñas que lo que importa cuando es mujer es cómo se ven y lo que importa cuando es varón son sus acciones. Es fundamental darnos cuenta de esto y empezar a hablar de esto para que las niñas sepan que son más que lindas”, dijo Le Bellot.

Para hablar de estereotipos, explicó Julia López, es importante primero aclarar la diferencia entre los conceptos de sexo y género. “El sexo es el conjunto de características físicas, biológicas, anatómicas y cromosómicas que definen a una persona como varón o mujer, es decir, está determinado por la naturaleza”. De todas formas, el sexo tampoco es binario como se cree. En la actualidad, el reconocimiento de la intersexualidad pone en jaque los conocimientos binarios sobre el sexo.

El género, por su parte, “es el conjunto de características sociales, culturales, políticas, psicológicas, económicas que las diferentes sociedades les asignan a las personas de forma diferenciada” para atribuirles identidades femeninas o masculinas. Es decir que son construcciones socioculturales que varían en tiempo y en espacio.

El problema no es el género en sí sino que sus caracterizaciones generan y sostienen la desigualdad, es decir, el sexismo. Otorgan superioridad a lo masculino e inferioridad a lo femenino. El claro ejemplo de la distinción de géneros radica en el uso de colores diferenciados para las nenas –rosado– y para los nenes –celeste–. Esto no es una simple moda sino que sirve, en realidad, para que la sociedad sepa cómo tratar a esa persona.

López ejemplificó: “Cuando una persona en su infancia se comporta de manera activa, si es una niña, se va a decir que es ‘nerviosa’, pero si es un niño, se va a decir que es ‘inquieto’. Cuando una persona se comporta de manera insistente, si es una niña, va a ser ‘terca’, pero si es un niño, va a ser ‘tenaz’”. 

A esto se refieren los estereotipos, que son ideas simplificadas de la realidad y tienen una aceptación social extendida: “Son etiquetas que nos dicen cómo debemos ser”. Estas verdades se presentan como indiscutibles y parecen naturales, pero en realidad, aporta la editora de género, “están naturalizadas, determinan pautas de acción y de comportamiento asignadas a uno u otro género”. 

A los varones se les asignan el ámbito público, el trabajo productivo y la mentalidad racional. A las mujeres, por su parte, se les asignan el ámbito privado, el trabajo reproductivo y la mentalidad emocional. 

El video es muy claro: a una niña se le dicen cosas relacionadas con su cuerpo –”Qué linda, qué preciosa”–, y a los varones, relacionadas con sus acciones –“Qué fuerte, qué valiente”–. A lo largo de la vida, los estereotipos dejan marca. Por ejemplo, vemos cómo las carreras docentes (que son tareas de educación y cuidado) son más elegidas por las mujeres y las ingenierías son más elegidas por los varones. 

Esta división de tareas no solo se nota de manera horizontal, es decir, entre oficios, profesiones o disciplinas. También se nota de manera vertical: los puestos jerárquicos o de toma de decisión son reservados a los varones; las tareas subordinadas, de gestión y asistencia, son asignadas a las mujeres

El primer paso para dejar de reproducir desigualdad es reconocerla. “Para detectar estereotipos, se puede ver si lo que le estamos diciendo a una mujer se lo diríamos a un varón, y viceversa”, concluyó Julia López.

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