Jugar, el refugio de niños y niñas para hacer frente a la pandemia

La situación sanitaria impuso ciertas dificultades para que las infancias puedan aprender y experimentar a través de pares. Sin embargo, pese a sentirse en el limbo entre cuidarse y jugar, niños y niñas encontraron alternativas para continuar con la actividad. El involucramiento de la familia resulta un componente clave.

Jugar, el refugio de niños y niñas para hacer frente a la pandemia

Foto: bebesymas.com

Sociedad Unidiversidad Niñez / por Unidiversidad / Ángeles Balderrama / Publicado el 09 DE ABRIL 2021

Hoy, la casa es el principal escenario de juego de millones de niñas y niños que, por el distanciamiento social, no pueden realizar actividades lúdicas y de contacto con sus pares. En este sentido, luego de un año atravesado por la cuarentena y el trabajo remoto de algunos padres y madres, las infancias volvieron a las aulas escolares. En ellas fue posible ver dos tipos de casos: por un lado, niños que se sentían en el limbo, entre cuidarse como les indicaron y jugar con su compañero, y por otro, niñas que se las ingeniaron para cumplir con los dos objetivos. El involucramiento familiar resulta un componente fundamental para mejorar el desarrollo en la infancia.

“Le pregunté a una maestra jardinera de escuela privada cómo había sido esta vuelta a clases, y me contó que los chicos tienen muy incorporado el distanciamiento entre ellos. Pero esta situación conlleva algo muy negativo: y es que casi todos jugaban solos. Solamente dos chicos fueron los únicos que se animaron a pasarse los bloques y fue llamativo por la risa que les había generado esa situación. Aunque parezca extraño, perdieron el hábito. La maestra, que tiene sala de cuatro años, me dijo que jamás tuvo que enseñarles a los chicos a jugar. Es como si estuvieran en la disyuntiva entre cuidarse como les dicen los padres o la seño, y poder jugar con el otro”, remarcó la psicóloga y psicopedagoga Nancy Caballero a Unidiversidad.

Al inicio de la cuarentena, las familias dedicaban todo su tiempo al cuidado y entretenimiento, cocinaban, jugaban y compartían tiempo de calidad. Luego, al empezar a trabajar de manera remota o con asistencia por turnos, el juego que al inicio era más interactivo mutó a las pantallas. “No hay que demonizarlas, pero el problema de estas es que es un juego mucho más pasivo porque las reglas las pone el mismo juego. Por otro lado, al igual que los adultos, los chicos no saben moderar las horas frente a la pantalla”, dijo Caballero.

Sin embargo, el jugar es una actividad vital para el desarrollo infantil. Según el último informe de Unicef, todos los niños y las niñas se apoyan en el juego y los juguetes para crecer y elaborar su mundo. De esta manera, el juego constituye un factor de protección fundamental para la infancia, y es a la vez el lenguaje que tiene para decir y armar su mundo desde su perspectiva.

“El juego como tal tiene una importancia vital porque permite enfrentar la realidad desde la fantasía y es el gran desarrollador de todas las habilidades sociales. El chico tiene que poner imaginación, simbolización, reglas diversas y, en la interacción con otros, se generan nuevas reglas. Entonces tiene muchos aspectos de desarrollo social, más esa posibilidad de coordinar y trabajar en equipo”, explicó Caballero.

Retornar al juego y adaptarse a la nueva normalidad

Para la psicopedagoga del Hospital Universitario, Fernanda Distéfano, el sentir de muchos papás y mamás durante el receso de verano fue que “los niños debían volver al juego social”. Así, niñas y niños que vivían en departamentos, entre vecinos o grupos familiares se reunieron con todos los cuidados, pero con la necesidad de interacción.

“Sí se notó que aquellos que mantuvieron el aislamiento hicieron un juego más solitario, y con mayor preocupación, con un aumento de dispositivos tecnológicos. Entonces, el tipo de juego infantil ha dependido en mayor medida de las decisiones de los adultos. Aquellas familias que continuaron aisladas pero generaron otras estrategias como hacer una huerta en casa, mantener el cuidado de los animales o proveer materiales lúdicos básicos tuvieron mejores resultados que quienes se volcaron al uso de la tecnología”, destacó Distéfano a este portal.

Sin embargo, ya sea desde lo virtual o corporal, las infancias siempre encuentran la forma de retornar al juego. “El jugar es su forma de estar en el mundo y su herramienta para procesarlo y aprenderlo”.

“En el recreo de la institución escolar sabemos que no se puede realizar ninguna interacción lúdica muy cercana, pero unas niñas de nueve años establecieron el juego de los países. Cada una en su lugar formó un país, generó reglas, formas de comunicación y han construido un juego respetando la distancia. Es como si fuera unas Naciones Unidas lo que generaron. Yo pensé que la propuesta venía desde alguna docente pero fue absolutamente espontáneo, y cada día que pasaba le agregaban objetos para identificarse”, dijo Fernanda Distéfano.

Así, en un contexto escolar o familiar, los encuentros deben planificarse a través de los juegos porque es el lenguaje de la infancia, a través del cual todas las personas transitaron en algún momento. En ese espacio lúdico, el acompañamiento familiar resulta esencial para el desarrollo individual: “es un tesoro para los niños y niñas”.

“Que el padre o madre participe y disponga de tiempo real, de calidad, para compartir un juego es invalorable. Se trata de una situación que favorece los lazos socioafectivos, la armonía del hogar y además, es un generador de nuevos espacios de juego. A su vez, los niños nos muestran que es necesario reinventarse, que nada es imposible y que podemos adaptarnos frente a la adversidad que vivimos”, concluyó Distéfano.