La historia de Leticia y Dolores, o el lado positivo de contraer Covid-19

Leticia Tula prefirió rescatar lo mejor que le dejó la enfermedad: estar al lado de una mujer de 100 años que se recuperó. Con eso, dejó atrás lo negativo, los escraches y las acusaciones por tener la enfermedad.

La historia de Leticia y Dolores, o el lado positivo de contraer Covid-19

Leticia rescató la experiencia que vivió con Dolores, de 100 años, con quien compartió los días de aislamiento. Foto: Facebook

Sociedad Unidiversidad Recuperarse de COVID-19 / por Verónica Gordillo / Publicado el 27 DE AGOSTO 2020

Leticia Tula (38) prefiere rescatar el lado positivo que le dejó la experiencia de contraer COVID-19: los días que pasó aislada en una habitación del Hospital El Carmen junto a Dolores, de 100 años, que también contrajo el virus. Ambas se ayudaron: Dolores le dio a Leticia la posibilidad de ocupar ese tiempo que parecía no pasar nunca y la joven aceptó esa especie de misión: la escuchó, le dio de comer, le puso crema en las piernas, habló con su hija y la tranquilizó, porque nadie podía visitarlas.

Leticia dijo a Unidiversidad que prefiere rescatar lo positivo: el cariño con el que las trataron las enfermeras, de las que lamenta no saber los nombres y a las que ni siquiera podría reconocer, porque los trajes de protección impedían vislumbrar cualquier rasgo; el amor y la paciencia con los que el médico Matías Leites trató a Dolores y el profesionalismo e interés que demostró desde el primer momento la doctora Brenda Elizabeth Páscolo, designada para seguir la evolución de la joven. Y sigue la enumeración: su familia, su vecina, que se ofreció a ayudarla en lo que necesitara, y los chicos del súper cercano a su casa, que se mostraron dispuestos a llevarle mercadería.

Leticia prefiere rescatar el lado positivo, porque hay otro que no lo es: los llamados acusatorios, los escraches en las redes sociales; los que ya no contestan los mensajes; los que la señalaron por hacerse la víctima, cuando en realidad pudo haber contagiado a este o aquel; los que le pidieron explicaciones, como si fuera culpable, responsable de algo.

“Fue lo más feo de transitar la enfermedad, porque para mí fue leve, con pocos síntomas, hay gente que está mal. Tuve un escrache potente en Facebook, la pasé  muy mal. Es que estás encerrada, te sentís responsable aunque sabés que no sos responsable, que le puede pasar a cualquiera; no cometí ningún acto ilícito, no hice nada raro. Justo ayer se lo decía a mis alumnos, que hoy la cuestión COVID-19 está pasando más por el señalamiento social que por la propia enfermedad”, comentó.

Recuperada de COVID-19: "Uno se siente responsable de lo que le pueda pasar al otro"

La médica Estefanía Nasisi (34 años) se recuperó de COVID-19. Dijo que en los primeros momentos, la preocupación fue por los demás, porque aunque no tuvo contacto con su familia directa, vio a una amiga y se sintió responsable, culpable de lo que le podía pasar a otros.

 

Miedo e incertidumbre

Leticia, que es licencia en Economía, trabajaba hace 15 años en la Obra Social de Empleados Públicos (OSEP), aunque al momento de sentir las primeras molestias, estaba con licencia médica. Contó que el 29 de julio amaneció con fiebre, con dolor corporal y de cabeza, por lo que se hizo el autotest de la obra social y se comunicó con un compañero inmunólogo, que le indicó que fuera al Hospital El Carmen.

Cuando llegó al hospital, se sentía mal, ya que a los primeros síntomas se sumaron un frío intenso y náuseas. Le tomaron la temperatura, la saturación de oxígeno, la hisoparon, le entregaron un papel con la indicación de aislamiento y regresó a su casa.

La joven, que vive sola, contó que la noche del 28 la pasó mal, porque le subió la temperatura, aunque finalmente la controló con el paracetamol que le indicó el médico. Un día después, le avisaron que el hisopado había dado indeterminado por muestra insuficiente, por lo que repitieron la prueba al día siguiente, cuando ya se sentía mejor.

El sábado 1 de agosto, le avisaron que el resultado fue positivo y comenzaron sus temores, especialmente por tener antecedentes de trombosis. Cuando le dijeron que la internarían, la asaltaron otras dudas: qué hacer con su casa, con su gata; qué llevar; si estaría mucho tiempo en el hospital o pasaría a un hotel. Todas preguntas que no sabía contestar.

“Creo que dejé el departamento con surcos porque empecé a caminar, no sabía qué hacer”, contó. Le avisó al dueño del complejo donde vive para que tomara las medidas que le parecieran convenientes y preparó un bolso: llegó la ambulancia y, a las 5 de la mañana del 2 de agosto, quedó internada en la zona de aislamiento.

Ser positivo en casa: cómo es el control virtual de los pacientes con COVID-19

Luego de que el Ministerio de Salud provincial actualizara la guía técnica para el manejo del coronavirus y definiera nuevos criterios para internar o aislar a pacientes, con la finalidad de optimizar el sistema de salud, el Hospital Universitario comenzó el control de los casos positivos que se encuentran en casa bajo esta nueva modalidad.

Aisladas

Desde el primer día compartió la habitación con Dolores, que también se contagió y se encontraba en buen estado de salud. Las enfermeras ingresaban para asistir a la mujer de cien años, igual que el médico Matías Leites, que hacía los controles una vez al día y se comunicaba con los familiares para darles el parte de su evolución.

Leticia contó que ayudar en lo que pudo a Dolores hizo la diferencia, porque le permitió ocupar ese tiempo en algo útil. “Fue la enseñanza de todo esto: estamos tan pendientes de nosotros mismos que no pensamos en los demás. Es esta cuestión de la empatía y la solidaridad que se nombran todo el tiempo, que parecen dos palabras y son tan importantes, porque, por ejemplo, el día que me dieron el alta no me quería ir porque no la quería dejar sola”, expresó.

Cuando le dieron el alta, pensó que iría a un hotel, pero la llevaron a su casa, donde completó el aislamiento, período durante el cual nadie del área de Salud se comunicó con ella. Unos días después, se asustó porque comenzó con dolor de garganta y tos; entonces comenzó otra odisea. Consignó los síntomas en una especie de parte diario al que ingresaba con una clave a través del 148, y la respuesta del programa fue que se comunicara con la autoridad sanitaria. Habló con las personas de Recursos Humanos de su trabajo y preguntó qué hacía, pero nadie tenía una respuesta.

Un poco asustada, se comunicó con una de las infectólogas que la atendió, que primero se sorprendió porque pensó que seguía internada, pero luego la tranquilizó y le explicó que era normal la aparición de síntomas incluso hasta 30 días después de haber empezado con el cuadro. Más tarde se comunicó con ella personal del área de Salud Laboral y desde ese día la controla la doctora Brenda Páscolo, a quien agradeció por su profesionalismo y responsabilidad.

Aunque ya cumplió los 14 días de aislamiento, Leticia continúa en su casa porque tiene miedo de salir, de estar con otras personas. Volver a las clases virtuales la ayudó a concentrarse en otra cosa y también fue el espacio para reflexionar con sus alumnos acerca de lo que genera la enfermedad, de este señalamiento social que afecta en forma negativa a los enfermos.

Leticia contó que son muchos los estados de ánimo por los que pasó desde el momento en el que sintió los primeros síntomas. Dijo que por momentos predominaron el miedo y la incertidumbre, especialmente cuando advirtió desorganización, falta de respuesta o información contradictoria proveniente de los organismos que debían indicarle cómo actuar. Por eso, hizo una lista con consejos que compartió en las redes y que incluye hasta qué elementos llevar al hospital.

Aun cuando persiste en ella el temor, Leticia prefiere quedarse con los aspectos positivos: con esos días que pasó con Dolores, con la calidez del personal de salud y con quienes se ofrecieron a ayudar, aun sin conocerla.

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