Mujeres en la ciencia: “Antes de llegar al techo, tenés que desenvolverte en un laberinto”
Beatriz García, astrónoma del Observatorio Pierre Auger, habló de los obstáculos de las mujeres en la investigación científica: empiezan con prejuicios infantiles y se profundizan en la profesión. Carreras fragmentadas por maternidad, mandatos de cuidado, actividades no redituables y discriminación. Es necesario revertir esto por equidad y porque “un pueblo alfabetizado científicamente es un pueblo que decide mejor”.
Beatriz García durante un eclipse en 2018. Foto: Conicet / Verónica Tello
El 11 de febrero es el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, una oportunidad para visibilizar la desigualdad de género en las carreras de investigación y, a la vez, incentivar en niñas y adolescentes las vocaciones científicas. En este marco, la docente y doctora en Astronomía Beatriz García dialogó con Unidiversidad. Hay avances en el sistema científico, pero persisten los recorridos desiguales. Para la investigadora principal del Conicet, la trayectoria de una mujer en el ámbito científico no es una línea recta, sino un complejo entramado de obstáculos que comienzan con prejuicios en la infancia (“esas no son cosas de nena”) y se profundizan en la madurez profesional.
Es por eso que este 11 de febrero a las 17:00, Beatriz García moderará un conversatorio virtual llamado El laberinto de cristal, organizado por el Observatorio de rayos cósmicos Pierre Auger, la UTN y la sede Malargüe de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNCUYO. En esa instancia, Gabriela Díaz (bióloga), Milena Quiroz (educadora), Ana Paula Forte (geóloga), Ivana Arroyo y Tania Domínguez (estudiantes de geología y guías del Observatorio Pierre Auger) dialogarán sobre las barreras invisibles que enfrentan las mujeres en la ciencia y en el ámbito académico.
El problema en las carreras científicas, entonces, no es solo el techo sino el laberinto de cristal que tienen que sortear aquellas que eligen la investigación como profesión. Se refiere a embarazos, mandatos de cuidado, carreras fragmentadas, asistencia a becarias y becarios, difusión, extensión y, de manera bastante sistemática, discriminación, menosprecio, agresión, acoso y otras violencias.
Para explicar la situación, Beatriz García repasó algunos de los obstáculos que ella misma ha atravesado o conoce de otras colegas y aseguró que es necesario sortearlos para fortalecer el sistema científico argentino y crecer, así, como sociedad.
Distintas especialistas participan del conversatorio para cuestionar el lugar de las mujeres en la ciencia.
Linealidad masculina vs. trayectorias fragmentadas
Según la especialista, la vida profesional de las científicas difiere sustancialmente de la de sus pares varones. Mientras que ellos suelen tener una carrera lineal y conservadora que los lleva a puestos de decisión a edades más tempranas, las mujeres enfrentan "baches", principalmente vinculados al mandato del cuidado y la maternidad. Por su posibilidad de sostener una línea de investigación —y, quizás también, por una tendencia conservadora—, los hombres progresan más rápido, señala García.
Aunque las mujeres son mayoría en los inicios (como becarias o en categorías iniciales), su presencia disminuye a medida que se asciende en el escalafón. Además, las científicas suelen asumir más tareas que, aunque vitales para el sistema, son invisibilizadas en las evaluaciones: actividades de extensión, participación en comités, organización de congresos, difusión, cursos, clases. Además, "las directoras invierten mucho más tiempo en sus becarios que los hombres", manifestó la astrónoma.
Además del Pierre Auger, Beatriz García integra el Observatorio Qubic. Foto: cortesía
Del juguete en la casa al prejuicio en la academia
Las barreras no son exclusivas del Conicet ni de las universidades; se gestan en la más tierna infancia a través de estereotipos y prejuicios familiares y culturales. Beatriz García explica que el entorno cotidiano condiciona las vocaciones cuando se regalan juguetes diferenciados o se veda a las niñas de participar en ciertas actividades. En este sentido, afirma contundentemente: "Cualquier persona nació para hacer lo que quiera, no hay carreras para un género o para otro".
En la academia, los obstáculos persisten bajo formas de discriminación, a veces sutiles o disfrazadas de protección —“te digo esto para cuidarte”—. García menciona dificultades que van desde el maltrato psicológico y el abuso de poder hasta el hecho de que los trabajos firmados por mujeres suelen ser menos citados.
El laberinto de cristal
A diferencia del conocido "techo de cristal" —que refiere a la dificultad de acceder a cargos jerárquicos—, la científica introduce el concepto de laberinto de cristal. Este término describe las decisiones constantes que las mujeres deben tomar, en un mundo signado por la desigualdad de género, y que muchas veces perjudican su ascenso.
Se trata de un camino donde se invierte tiempo en extensión, comunicación, organización de congresos y docencia, tareas que en disciplinas como las ciencias exactas suelen tener un puntaje de "prácticamente cero" a la hora de una promoción. "No estás en un ambiente en donde hay un techo de cristal que tenés que romper. No, estás en un laberinto, estás tomando decisiones permanentemente y sabés que determinados caminos que elijas te van a perjudicar en tu carrera". Un ejemplo es la maternidad. Elegir ese camino significa atravesar interrupciones en la carrera profesional, en parte por la biología, pero también porque las tareas de cuidado, culturalmente, siguen recayendo exclusivamente en las mujeres. Otro ejemplo, que lamentablemente no es marginal sino generalizado, es cambiar de equipo de trabajo o de línea de investigación por recibir maltrato, acoso o menosprecio de parte de un colega o un superior.
Meter las manos en la ciencia
Para incentivar a niñas y adolescentes, la especialista propone un cambio de actitud en la enseñanza y la divulgación. El objetivo es evitar la autoexclusión de las jóvenes en los experimentos escolares y mostrarles las puertas que abre el conocimiento de la naturaleza. García no habla en términos abstractos e interpela a quienes hacen ciencia, desde la docencia o desde la investigación, a invitar a las jóvenes a “meter las manos en la ciencia, a participar de laboratorios, a ser protagonistas de encuentros científicos".
Fomentar la participación femenina no es solo una cuestión de equidad, sino una necesidad social. “Un pueblo alfabetizado científicamente es un pueblo que decide mejor, que tiene mejor calidad de vida, al que no lo llevan puesto con cualquier discurso", afirmó Beatriz García.
Para la investigadora, sostener y mejorar el sistema científico actual es posible si se aleja de la “masculinización” individualista de la ciencia y se acerca a la mirada colectiva y social que tanto nos enseñan a las mujeres. De esa forma se puede atraer y acompañar a quienes ven en la investigación y la ciencia una forma de vida. Aunque advierte que el cambio cultural es lento, concluye que la apuesta es clara: “Para que algo cambie, algo hay que hacer”.
ciencia, mujeres, niñas, investigación,
Cáncer en Argentina: baja la mortalidad de los principales tumores y crece la importancia de la detección temprana
Un informe oficial revela una caída sostenida en las muertes por los cánceres más frecuentes y ...
05 DE FEBRERO DE 2026
El desafío ambiental de la IA: qué hacen las empresas para reducir el consumo de agua y energía
Especialistas de la UNCUYO explican por qué son las empresas las responsables de adoptar soluciones ...
05 DE FEBRERO DE 2026
El papa Francisco y la universidad: "La entendía como un resguardo de la democracia y de la juventud”
La muerte de Francisco, el papa argentino, generó gran impacto. Hablamos con Alberto Molina, docent ...
04 DE FEBRERO DE 2026