Los adolescentes y las pantallas

Los datos de una encuesta encargada por Educación pueden servir de faro para propuestas de contenidos de entretenimiento, como así también periodísticos, que puedan interactuar con cierta efectividad con el fotograma cultural actual. 

Los adolescentes y las pantallas

El Estado precisa conocer el marco cultural, las aspiraciones y mente de esa población que paulatinamente se fue volviendo extraña. Foto Leszek Bujnowski.

Sociedad Unidiversidad por Rodrigo Farías / Publicado el 24 DE JULIO 2012

En base a un estudio realizado en 2011 el Ministerio de Educación de la Nación ha difundido datos referidos al consumo tecnológico y cultural realizado por jóvenes de 11 a 17 años. La información proviene de una encuesta con 1202 entrevistas realizada a varones y mujeres en todas las provincias del país. La tendencia se orienta hacia la “pluriatención”, los jóvenes miran televisión, chatean o hablan por celular mientras hacen los deberes escolares.

La televisión, pese al desarrollo de internet, sigue ocupando un lugar predilecto con un promedio que supera las 15 horas de visionado entre lunes y viernes. A diferencia de la web, el consumo televisivo se realiza generalmente  en familia, siendo preponderantes los contenidos de entretenimiento (62 %) como películas, novelas, dibujos animados, etc., por sobre otros de índole periodística o informativa.

Dada la importancia que tiene la tv actualmente, igual que ayer, continúa siendo importante preguntarse por el tenor, fundamentos, calidad, marco ideológico, etc., de los contenidos de entretenimiento televisivo. Claramente la televisión es una forma de pedagogía, a la que se suman nuevas plataformas pantalla con las cuales interactúa. En definitiva, todas las pantallas compiten por el mismo objetivo, la atención de los consumidores. Proveniente de otro marco conceptual,  la educación compite por lo mismo, por lo que no es casual que Educación haya sido el que encargara la encuesta.

El Estado precisa conocer el marco cultural, las aspiraciones y mente de esa población que paulatinamente se fue volviendo extraña. La tendencia no solo fue local, las instituciones educativas modernas de occidente en su conjunto, llegado un momento, se vieron sacudidas por diversos procesos y formas de sociabilización (siendo los medios un actor de suma importancia) que la fueron alejando de esas sociedades a las cuales tenían por tarea formar. 

Este sondeo, según afirmó el ministro de Educación Alberto Sileoni, se suma a un trabajo de reconocimiento que viene realizando el Estado respecto a la práctica cultural de los jóvenes. Con la incipiente implementación efectiva de la ley de medios (desinversión mediante), los datos obtenidos en la encuesta  pueden servir de faro para propuestas de contenidos de entretenimiento, como así también periodísticos, que puedan interactuar con cierta efectividad con el fotograma cultural actual. 

A su vez, la exploración de la relación que mantienen los jóvenes con nuevas tecnologías y pantallas, puede abrir el campo para una problematización necesaria respecto a los desafíos que se le plantean a la educación en un contexto de cambio actitudinal permanente y un amplio abanico de escenarios tendenciales. El siglo XXI ya está aquí y el tiempo transcurre más rápido que en el pasado.   

 

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