Los dueños de la tierra están de festejo

Este 5 de diciembre se celebran los 10 años de la lucha “por la Tierra y la Soberanía Alimentaria” que encarna la Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra (UST). Una movilización en reclamo de políticas públicas que respondan a sus necesidades, un festival artístico con feria artesanal y la concreción del libro que recorre la historia de la organización, conforman el festejo popular.

Los dueños de la tierra están de festejo

Fotos: Gentileza de Raimundo Laugero

Sociedad

Unidiversidad

Penélope Moro

Publicado el 03 DE DICIEMBRE DE 2012

A lo largo de su historia, la UST ha concretado diversas acciones para defender los derechos campesinos y para visibilizar la realidad que enfrentan. Con el fin de celebrar los logros y redoblar fuerzas para lo que aún resta conseguir en camino a la democratización de la tierra y el agua, es que sus integrantes convocan a la ciudadanía a ser parte de los festejos de su aniversario.

La celebración comenzará el miércoles 5 de diciembre con una movilización que partirá a las 10 desde Barcala y Mitre, de Ciudad, para culminar en la Legislatura provincial, donde se reclamará la aprobación del proyecto de ley del Banco de Tierras.

La fiesta central tendrá lugar el mismo día a partir de las 19 en la Plaza Independencia. Allí se llevará a cabo un festival artístico y cultural en el que participarán Amuncay, Oye Primate, Bien Sudaca, Seba Guillen, Mariana Palomo, Germán y Darío, entre otros artistas comprometidos con la causa. La murga La Buena Moza y elencos de teatro local también aportarán su arte al festejo.

La celebración contará además con la presentación del libro “Tierra, Agua y Justicia” que relata las vivencias y experiencias de la década de lucha. Se montará también una feria campesina donde se ofrecerán los productos elaborados por integrantes de las comunidades que forman parte de la UST.

Un libro, muchas historias. La primera marcha campesina que vivió el departamento de Lavalle en reclamo de tierra propia y mejoras de las condiciones de vida de las familias rurales, se convirtió en el hito de conformación de la Unión de Trabajadores Rurales sin Tierra (UST).  Aquella movilización de diciembre de 2002 puso luz sobre la organización, que ya desde el año anterior había comenzado a nuclear familias campesinas en torno a la lucha contra los atropellos empresariales y el abandono estatal sufrido históricamente, máxime en escenarios como el de aquellos años, signados  por la profunda crisis neoliberal.

A diez años de su surgimiento y con un largo trecho recorrido, la UST decidió plasmar en un libro la historia de su lucha y resistencia. “Tierra, Agua y Justicia” es el lema orientador de la organización y que da nombre a la obra, que termina de editarse en estos días y que fue anticipada en una sencilla presentación en el marco de la Feria del Libro 2012, en octubre pasado.

Juan Burba y Verónica Maturano, integrantes de la UST, se pusieron al frente de aquella presentación y reseñaron los ejes del libro, que cuenta a través de una quincena de capítulos la historia de esta lucha provincial por los derechos campesinos.  “Que tan solo es una historia más de las cientos que contiene la UST, por las infinitas vivencias y experiencias que hemos transcurrido en estos 10 años”, se ocupó de aclarar Burba.

El nacimiento. Verónica relató que en 2001 un grupo de ingenieros agrónomos recientemente egresados decidió trasladar sus vidas laborales y familiares al campo lavallino –a Jocolí, más precisamente– “en compromiso con la problemática de la población campesina y de las condiciones del agro en general”.  

Desde ese momento, y a medida que transcurrían los días, la relación con las familias y los trabajadores campesinos se fue forjando mediante encuentros donde se discutían las condiciones laborales de los obreros rurales; el trabajo en negro; la falta de acceso a servicios básicos como agua, luz, gas, cloacas, educación y salud; el déficit habitacional de la zona, entre otros temas de interés cotidiano de los vecinos.

Según reseñó la joven, la participación creciente y el enriquecimiento de conocimientos y experiencias gestaron rápidamente los primeros proyectos comunitarios, tales como la producción de conservas y huertas familiares, que comenzaron a darle entidad a la organización.  

Maturano recordó que, más allá de aquellas iniciativas, los integrantes iniciales de la agrupación siempre permanecieron atentos a los principales lineamientos de la lucha que promovían: la concentración de la tierra y del agua en pocas manos. Dos problemas estructurales “imposibles de saltearse” al momento de pensar propuestas que permitieran paliar la crisis de esos años, por lo que desde temprano la UST planteó la necesidad de recuperar las tierras abandonadas que permanecían improductivas desde décadas para trabajarlas comunitariamente.  Pero como los arrendamientos presentaban costos inalcanzables para los trabajadores, la incipiente organización presentó al municipio un relevamiento de los campos abandonados, acompañado de un proyecto para que las familias de la zona pudieran trabajarlos.

Desde temprano, los activistas sufrieron los primeros desengaños y trampas estatales: las autoridades en un principio rechazaron la iniciativa, pero al tiempo se la apropiaron. Es decir, la Municipalidad comenzó a trabajar el campo en convenio con un productor empresarial, dejando afuera de la iniciativa a sus propios impulsores. Los mayores detalles del caso son relatados en el libro, pero su mención da pie para destacar que aquel primer golpe sufrido por la organización no solo no consiguió limitarla en sus objetivos, sino que la llevó a redoblar la apuesta por la redistribución de la tierra, el agua y el trabajo, y la reivindicación de los derechos campesinos.

Maturano recordó que, meses después de aquel atropello oficial, el 9 de diciembre de 2002 para ser precisos, tuvo lugar la primera marcha  de la organización, en la que las familias y  trabajadores nucleados, también por vez primera, se dieron identidad común bajo la denominación de UST (Unión de Trabajadores Rurales sin Tierra).

La organización. “A partir de ese momento, la organización comenzó a crecer y a funcionar de manera más orgánica, pero siempre horizontalmente” contó Verónica.Explicó que “Reforma Agraria Integral, Soberanía Alimentaria y Organización Popular”, se establecieron en esta segunda etapa como los principios básicos de la lucha. Con esta dirección se conformaron las distintas áreas de trabajo donde se desempeñan a elección los grupos de base, que vuelcan sus conocimientos ancestrales sobre estos espacios y después retornan con nuevos saberes obtenidos a sus comunidades. Estas áreas son: producción y distribución, formación y educación, comunicación y territorio, y salud, detalló.

“En el sentido común de la gente está la idea de que solo nos dedicamos a resistir desalojos, pero la organización es integral y tiende a superar esa instancia, que por supuesto también se ha vuelto fundamental debido al carácter permanente y violento de las expulsiones que con frecuencia sufrimos en nuestros campos”, precisó la joven. También contó que la problemática de género, a través de talleres dictados a la comunidad en general, pero en especial a mujeres, niñas y niños, es otra de las patas que hace caminar a la UST.

En la actualidad son más de ochocientas las familias que la integran, que se distribuyen en regionales ubicadas de sur a norte y de este a oeste de la provincia. En cada una de estas regionales se encuentran los llamados "grupos de base", que a su vez están constituidos por las familias y los trabajadores de acuerdo a su ocupación territorial.

Un capítulo  aparte en la historia de la UST es su  articulación estratégica con otras organizaciones campesinas e indígenas. Verónica contó que, a partir del 2005, la organización pasó a integrar el Movimiento Nacional Campesino Indígena, que reúne a agrupaciones campesinas e indígenas de distintas provincias de Argentina y que a nivel regional trabaja con la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC), cuyos  fundamentos de lucha son coincidentes con los de la UST: “tierra, agua, y soberanía alimentaria”. En un plano mayor, la organización también se vincula con Vía Campesina, instancia que coordina internacionalmente a organizaciones campesinas de 40 países de África, Asia, América y Europa. Estas vinculaciones le propiciaron a la organización un gran impulso en su crecimiento, por lo que los logros y la participación de los campesinos fueron incrementándose en los últimos años.

Respecto al financiamiento de sus actividades, la joven resaltó que se sustentan con recursos propios o con subsidios estatales, “siempre y cuando no signifiquen ningún condicionamiento a nuestros objetivos”. En este punto, explicó que uno de los fines de la organización es la lucha por formas de producción más justa, con la intención de provocar transformaciones hacia el interior de la sociedad que promuevan los valores de la inclusión y la solidaridad, por fuera de medidas de corte individualistas y de la explotación capitalista.

Los logros. Son muchas las metas alcanzadas por la UST a lo largo de estos 10 años de historia. "Todo lo que trabajamos lo hacemos pensando en la reducción del éxodo de la población campesina a la ciudades en la búsqueda de nuevas oportunidades.

Entendemos que la partida de sus lugares de origen no les implica beneficios, ya que en la ciudad la exclusión se intensifica”, explicó a su turno Juan Burba.

En este sentido, los emprendimientos concretados por la UST se vinculan con el acceso a la tierra, al agua  y a la producción de alimentos de muchas familias, a través de proyectos sustentable

s que les permitan permanecer en sus territorios. Entre ellos se encuentran iniciativas de infraestructura comunitaria a través de trabajo colectivo y voluntario, como, por ejemplo, pozos y sistemas de riegos alternativos, entre otros.

Los proyectos productivos también ocupan un lugar clave en la organización; una clara muestra de ello lo constituye la producción de vinos caseros que llevan adelante las familias campesinas de Jocolí.

Entre las concreciones, Maturano también mencionó la instalación de la primera FM Radio Tierra Campesina en la provincia, y la formación de la Escuela Campesina de Agroecología en Lavalle –prevista para vincularse próximamente con la primera Universidad Campesina del país, que se está gestando en Santiago del Estero-.

La resistencia. La organización campesina ha conseguido resistir a innumerables desalojos propiciados por empresas privadas nacionales e internacionales, en complicidad con los gobiernos que se han sucedido en estos diez años.

Se trata de intentos de expulsiones forzadas de las familias que habitan esas tierras, en las que trabajan y de las que viven hace varias décadas. Es importante señalar que muchos de estos terrenos figuran en el registro de tierras fiscales, tal como aseguran desde la UST. Además, la organización campesina también ha denunciado la metodología con que suelen impulsarse los desalojos, tales como alambrados ilegales y amedrentamientos mediante el uso de la fuerza policial.

Entre los conflictos más relevantes se encuentra el intento de desalojo de una decena de familias que tuvo lugar en 2005 en la finca Bestani de San Martín – improductiva tras quebrar en 2001 -.  Raimundo Laugero, integrante de la UST, explicó a Edición Cuyo que este tipo de conflictos existen en la actualidad en toda la provincia.

El ejemplo por excelencia son las 60 mil hectáreas ubicadas entre la zona de Agua del Blanco y El Nevado en el sur provincial que pretende apropiarse un grupo de empresarios, entre ellos Omar Álvarez, dueño de distintos medios de comunicación en Mendoza y accionista de Edemsa.

El referente detalló que en el este mendocino firmas coreanas son las que amenazan más de 10 mil hectáreas de tierras comunitarias, mientras que las españolas afectan la tranquilidad de las familias campesinas de Lavalle. “Hay una vacancia muy grande en cuanto a  políticas públicas y reconocimientos  de la posesión de las familias campesinas. Por eso los poderosos se manejan con tamaña impunidad”, puntualizó.

El caso más reciente sucedió a principios de noviembre en Montecaseros, San Martín. El rápido accionar de la UST resistió el desalojo pretendido por un empresario y la policía departamental de un grupo de familias que poseen una finca desde hace más de 20 años.

Este medio consultó a Laugero sobre las herramientas con que cuenta la organización para concretar la resistencia: “Primero hay que recrear el espíritu de comunidad y pertenencia entre las familias campesinas para empoderarlas de sus derechos, y luego es fundamental la organización”, enumeró.

El referente también remarcó el camino legal que ha desarrollado la UST para poder hacer frente a estos atropellos. De esta manera, la organización cuenta con un área jurídica, “donde se desempeñan y se forman no solo son los abogados del equipo sino también los compañeros que presentan mucha experiencia en el tema técnico como en el campesino”.

Otro arma de lucha con que cuenta la organización es la difusión de los agronegocios, para develar los intereses ocultos del empresariado. “Gestionamos nuestros propios medios y estrategias comunicativas para dar cuenta de esta realidad, ya que los grandes medios la ocultan porque en muchos casos forman parte de esos negociados. Al agronegocio le conviene que ese conflicto quede circunscripto a la idea de algo que sucede en un lugar perdido de la provincia, por eso nosotros mismos tomamos lugar en los medios y en la producción de información para poder sacar a la luz lo que está sucediendo”, declaró el joven.

Al momento de cerrar la nota, Raimundo se preocupó de dejar en claro que la historia de la UST que hoy llega a su primera década “no es solo la historia de la resistencia”. Dijo que “es la historia de la lucha integral por la tierra que condensa mil historias más, como el libro”.

Para el referente, “la resistencia tiene algo muy hermoso y tiene que ver con el fortalecimiento de las comunidades”. En este sentido, explicó que cuando se resiste se fusionan todos los saberes y experiencias del campo: “Ese espíritu de rebeldía y de fraternidad hay que defenderlo en el tiempo, y esto se hace con la reivindicación de todos los derechos campesinos, que abarca mucho más que la posesión material de la tierra e implica mucho más que poner el cuerpo”.

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