Los medios inseguros

Comunicadores sociales y periodistas reflexionan acerca de la mirada de los medios de comunicación sobre los últimos casos “resonantes” de hechos delictivos.

Los medios inseguros

Foto: Sitio Andino / Axel Lloret

Sociedad

Unidiversidad

Laura Fiochetta

Publicado el 16 DE SEPTIEMBRE DE 2013

Con desconsolado llanto, una joven que es entrevistada por un canal local aparece en pantalla durante más de tres minutos. Está indignada, triste y apunta contra “ellos que no nos dejan vivir”. Le preguntan y, mientras crece su enojo y las lágrimas recorren su rostro, contesta. De fondo, se pueden ver personas que fueron a una marcha que desembocó en la Legislatura provincial para pedir por la resolución del asesinato del médico Sebastián Prado, quien murió porque una persona le disparó cuando intentaba robarle la camioneta en las afueras de su casa de la Sexta Sección de Ciudad. Se trata, para la mayoría de los medios de comunicación, de otro caso “resonante”. Pero ¿en qué ponen el foco cuando hablan de estos casos? La espectacularidad y la superficialidad ganan las notas periodísticas a la hora de hablar de inseguridad, de acuerdo al análisis de especialistas y de periodistas locales consultados.

Casos como el asesinato de Prado, hay varios en la larga lista de hechos violentos en ocasión de delito en los últimos años. Pero además, algunos que tienen más cámaras, más micrófonos y más flashes. “El tema de la seguridad suele instalarse con mayor intensidad en la agenda mediática cuando se producen ciertos hechos resonantes de violencia. La receta para producir información sobre estos hechos se repite. Dado que los sucesos de violencia son replicados por los medios de forma cotidiana, ya no constituyen una novedad. Por esta razón, la producción de la noticia gira hacia la búsqueda de la espectacularidad”, asegura Javier Ávila, quien pertenece al Centro de Estudios de Seguridad Pública de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo.

Para el licenciado en Comunicación Social, “predominan así relatos basados en las visiones tradicionales y hegemónicas sobre el problema de la violencia: entran en escena el discurso policial, el derecho penal y, amplificado hasta el infinito, el dolor de las víctimas”. En esa línea, Ávila pone el foco sobre las fuentes de las noticias. “Las fuentes de las noticias suelen ser policías, fiscales, abogados y familiares o allegados a las víctimas. El debate sobre el qué hacer se instala en las primeras planas y en los noticieros de horario central. La voz de los expertos se entrecruza con la de los familiares de las víctimas y con las voces de una audiencia anónima, que expresa con indignación su sentimiento de temor. Se habla de gente de bien versus delincuentes. Se crea la noción de un 'otro' peligroso del cual hay que defenderse”, reflexiona.

La mirada crítica sobre la superficialidad en las noticias sobre seguridad que remarca Ávila es compartida por periodistas locales. Así, Gabriela Ceppi, editora de Sitio Andino, afirma: “El tratamiento periodístico de determinados casos de inseguridad –en especial los más resonantes– ha mostrado cierto grado de superficialidad a la hora de presentar la información. Tal vez, por la inmediatez que requiere este tipo de noticias –algo que la aparición de los diarios on line ha profundizado– es que se muestran como certeras versiones empañadas de subjetividad y, lo que es peor, de dolor”, subraya. El jefe de noticias de diario Los Andes, Claudio Barros, coincide con ese análisis. “Creo que en la general, los medios siempre abordan la falta de seguridad haciendo hincapié en un hecho que llame la atención de su propio público. En particular, creo que cada medio lo aborda de distinta forma, algunos desde el aspecto estadístico y otros resaltando los detalles privados de los afectados. Por lo general, el tratamiento es superficial y, sobre todo, espóradico. Pocas veces un medio dedica un análisis profundo a un hecho o una continuidad que no esté basada en los detalles llamativos pero irrelevantes”.

La tendencia a simplificar todo, propia del funcionamiento de muchos medios de comunicación, se visualiza a primera vista en las noticias sobre la “inseguridad”. Así, lo analiza Ernesto Espeche, quien es director de Radio Nacional, director del Observatorio de Medios de la UNCuyo y profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. “La tendencia a la simplificación es uno de los aspectos centrales del funcionamiento de los medios de comunicación. Así, hay temas de agenda que, por su complejidad, merecerían un tratamiento más contextualizado. La idea de seguridad, que es un tópico muy ancho, se reduce casi exclusivamente a las expectativas de un sector de la sociedad. Se trata de los sectores medios y altos que sufren situaciones de violencia por un robo o un atentado a su propiedad. Eso es, en esencia, un aspecto, una parte del todo que constituye la idea de seguridad en un sentido más complejo. Queda fuera del tratamiento mediático desde esta perspectiva la situación de los sectores populares que siempre son vistos como victimarios, aun cuando ellos sufran una situación de inseguridad, así, se simplifica a partir del reclamo de un sector. Esto impacta sobre la manera de presentar, por ejemplo, la violencia institucional sobre los ciudadanos más postergados, la criminalización de esos mismos sectores, sobre todo si son jóvenes y pobres", advirtió el doctor en Comunicación.

El periodista de Mdzol Alejandro Frías, comparte ese punto de vista. “Me parece que se parte de un error básico, que es confundir inseguridad con delincuencia. Para referirse a un robo o, en el peor de los casos, una violación o un asesinato, los medios y la gente hablan de inseguridad, pero eso es delincuencia. El concepto de inseguridad, a mi juicio, es mucho más amplio y abarca la vida de la persona en cuanto a protección, salud, educación, empleo y demás. Partiendo de esto, cuando se produce un delito, los medios suelen reflejarlo desde esta reducción, y es entonces cuando un robo, una violación o un asesinato se tratan históricamente descontextualizados, como si a un tipo de hecho en particular se redujera la inseguridad”, advierte.

En realidad, las noticias son un “recorte” de la realidad, pero ¿cuánto recortamos cuando hablamos de inseguridad para referirnos a los hechos delictivos? Para la periodista Paola Alé, “cuando se habla de inseguridad, los medios actúan recortando casos aislados y nunca aportando ni fomentando el análisis de la inseguridad como un fenómeno social, sino de la inseguridad como negocio”. En ese sentido, la productora del programa radial Malos días, de radio UTN, Paola Godoy, se pregunta: “¿Qué necesidad tienen de hablar con los familiares de la víctima, cuando sabemos que es un momento lleno de dolor y de bronca? El periodista ya sabe lo que le van a decir. Esto para mí es una falta de respeto a la gente que está sufriendo, y por otro lado, es buscar que la audiencia sienta bronca y que la respuesta a la violencia sufrida en un hecho de inseguridad, sea más violencia. Yo creo que los medios también generan violencia e inseguridad con sus palabras y publicaciones”.

Otra mirada

Frente a algunos elementos que integran las estrategias periodísticas de cobertura de acontecimientos violentos, tales como el criterio para demarcar “olas”, la acumulación de diversos delitos, el manejo impreciso de estadísticas del crimen, descripciones morbosas y las interpelaciones sensacionalistas, la culpabilización de los delincuentes y victimarios, la irrupción dramática de noticias previsibles, ¿qué nuevos aspectos sumar?

“Falta la mirada de la estructura, de las regularidades y de los procesos sociales que hacen del delito, la violencia y la criminalidad una construcción colectiva. Dicha construcción está anclada principalmente en los grupos sociales dominantes y tiene a la clase media como el principal articulador de oferta y demanda. En el relato periodístico está minimizado el problema del crimen organizado y sus fuertes vinculaciones con el poder político y económico. También ignora el formidable negocio asociado al sentimiento de temor y a su incidencia en las economías a escala local. En general, puede decirse que falta una mirada del problema desde la seguridad democrática, lo cual implica una visión de la seguridad que busque profundizar sobre los desafíos del gobierno de la seguridad, la gestión policial, la Justicia y el rol de los municipios en la construcción de condiciones pacíficas de convivencia en una sociedad democrática”, reflexiona Ávila.

En ese sentido, Ceppi agrega: “La gran batalla que debemos encarar quienes participamos en la elaboración de los medios de comunicación es que la inmediatez no debe superar el criterio de rigurosidad. Las redes sociales no son el funcionario mismo. Deberíamos aprovecharlas para recolectar información que nunca, pero nunca, debería ver la luz sin ser chequeada con el responsable del área. En el mejor de los casos, con una visita al lugar donde ocurre el relato. Mucho menos cuando se habla nada menos que de vidas, o muertes”.