La urbanización barre la protección del piedemonte

Lo aseguró el investigador Jorge Bonilla durante el VI Taller de eventos hidrometeorológicos extremos, que se realizó en la UNCUYO. El sistema de alerta y el escudo de protección del Gran Mendoza.

La urbanización barre la protección del piedemonte

Bonilla explicó que la urbanización del piedemonte destruye la barrera natural de filtración del agua. Foto: Unidiversidad.

Sociedad Unidiversidad Medio ambiente / por Verónica Gordillo / Publicado el 22 DE OCTUBRE 2018

La urbanización del piedemonte destruye la protección natural contra eventos climáticos extremos, ya que se impermeabiliza esa zona, lo que genera efectos cada vez más adversos. Así lo aseguró el investigador del Instituto Nacional del Agua (INA) Jorge Bonilla, durante el VI Taller de eventos hidrometeorológicos extremos, que se realizó en la UNCUYO.

Durante los tres días que duró el encuentro, organizado por el INA y la Red Integral para la Gestión del Agua (RIGA) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNCUYO, profesionales de todo el país analizaron distintos eventos extremos y las soluciones que se pusieron en marcha para mitigar sus efectos.

Bonilla explicó que para que un evento hidrometeorológico se considere extremo, se deben combinar dos factores: lluvias con caudales producidos por efectos de las mismas y que superen notablemente los niveles históricos. En Mendoza, esa combinación se da cuando se producen aludes, crecidas con o sin material de arrastre y –en el otro extremo– cuando se producen sequías.

Los aluviones, que son corrientes de agua producto de las crecidas o de precipitaciones y que traen material en suspensión como arena o rocas, se produjeron históricamente en Mendoza y se producirán. La causa, según explicó Bonilla, está en las características de las lluvias estivales, que son de gran intensidad y poca duración.

La Provincia tiene registro histórico de esos eventos desde 1716, pasando por el de 1970, cuando el agua inundó el centro, hasta los últimos de 2016 y 2017, que produjeron cortes en la ruta a Chile y que dejaron varados a muchos ciudadanos en medio de la montaña.

La urbanización le gana a la ley en el piedemonte

Lo afirmaron representantes de las comunas y de organismos oficiales. Profesionales del Ejecutivo y el INA evaluarán las amenazas aluvionales en la zona.

 

El cambio climático y la acción del hombre

Bonilla explicó que los efectos del cambio climático y la acción del hombre inciden en estos fenómenos extremos, ya que generan efectos más adversos cada año.

El ingeniero civil subrayó especialmente la problemática de la urbanización del piedemonte, un área de gran extensión que abarca desde el cerro La Cal (ubicado en Las Heras) hasta el cerro Bueyes (en Luján de Cuyo). Explicó que esto destruye la barrera natural de infiltración, ya que al ser impermeabilizado el terreno, el agua corre más fácilmente.

El profesional explicó que el mismo efecto se genera con el avance urbano sobre las tierras productivas, teniendo en cuenta que toda acción que impermeabiliza la superficie implica que la misma ya no tenga capacidad de absorber el agua.

Pese a esta problemática, Bonilla destacó que el Gran Mendoza cuenta con un sistema de protección, que son los diques. Al mismo tiempo, señaló que el Centro de Operaciones de Emergencia Provincial (COEP) recibe información del INA con datos de las precipitaciones en tiempo real, que forman la base con la cual las autoridades de Defensa Civil determinan, entre otros aspectos, si emiten un alerta.

Aluviones: la clave es la prevención

Lo aseguró el investigador del Instituto del Agua, Jorge Bonilla. Dijo que la urbanización del piedemonte es un factor de peligrosidad.

 

El escudo del Gran Mendoza

Justamente, la vicedecana de la Facultad de Ingeniería de la UNCUYO, Patricia Infante, expuso en el encuentro sobre ese sistema de diques que conforman el escudo de protección que tiene el Gran Mendoza frente a los eventos extremos.

La profesional explicó que a lo largo de los años, las políticas públicas respecto de este tema cambiaron. Comentó que mientras en la década del 60 se privilegiaron las obras de ingeniería, a partir de los 90, las autoridades entendieron que además de las obras era importante poner en marcha medidas de mitigación y líneas de acción relacionadas con el ordenamiento territorial. En este caso específico, Mendoza cuenta con una ley desde 2009.

La investigadora explicó que ese escudo de protección está conformado por diques (Maure, Frías, Papagayos, Cipolletti, Blanco Encalada), cuya función es contener el agua para luego liberarla en forma controlada a través de un sistema de canales y acequias. Recalcó la importancia de las tareas de mantenimiento que se hacen en los diques y en los cauces, las que se concretan antes de que comience la época de lluvias estivales.