¿Puede el etiquetado frontal ganarle a la tentación y al consumo emocional?

El especialista en ciencias del comportamiento Federico Fros Campelo relativizó la efectividad de los octógonos negros como modificadores de hábitos y conductas.

¿Puede el etiquetado frontal ganarle a la tentación y al consumo emocional?

Foto: Pixabay

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Publicado el 08 DE NOVIEMBRE DE 2021

El etiquetado frontal de alimentos busca advertir a las y los consumidores sobre los excesos de componentes como azúcares, sodio, grasas saturadas, grasas totales y calorías en los alimentos. El especialista en ciencias del comportamiento Federico Fros Campelo habló sobre la reacción del cerebro humano ante las tentaciones y sobre si los octógonos negros pueden ayudar, o no, a cambiar los hábitos alimenticios no saludables.

"¿La información del octógono negro puede contra tanta tentación de hábitos no saludables? No, no creo que pueda. Por eso, entiendo que es tan importante la educación alimentaria, que está prevista en la norma. Eso es lo que me gustó de la ley y lo rescato por sobre el etiquetado frontal", dijo a Télam Fros Campelo.

La posibilidad de que la Ley de Etiquetado Frontal de Alimentos promueva con mayor énfasis la educación nutricional en los colegios públicos y privados es lo que en el futuro permitirá a las personas "conocer mejor y de antemano" con qué conviene alimentarse, afirmó el especialista en ciencias del comportamiento, que a la vez relativizó la efectividad de los octógonos negros como modificadores de hábitos y conductas.

El coordinador de la Certificación Avanzada de Behavioural Science en la Escuela de Innovación del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) explicó que, al momento de pararse frente a las góndolas de un supermercado y poner en ejercicio el rito de elección de un alimento, el/la el consumidor/a ya tiene los hábitos y las preferencias forjadas y, eventualmente, hambre, y se puede tentar".

Para el especialista, el rotulado de advertencia, jerárquicamente como proceso informativo, puede estar muy por debajo de esas preferencias y tentaciones. "La exposición a un rótulo de cualquier color que advierta que un producto contiene determinados componentes favorables o no favorables no va a regular tan fuertemente en lo inmediato la decisión del consumidor", aseguró.

La Cámara de Diputados convirtió en Ley el Etiquetado Frontal de Alimentos el pasado 26 de octubre, al avalar por amplia mayoría una norma de 24 artículos que busca, entre otros objetivos, que se advierta en los envoltorios de los alimentos los excesos de componentes que pueden ser nocivos para la salud, como azúcares, sodio y grasas saturadas.

¿Qué nos pasa a las personas cuando tomamos decisiones como consumidores?

Nosotros, los seres humanos, tenemos en el cerebro muchos proceso funcionando al mismo tiempo. Los procesos emocionales son los que priman en nuestra mente, aunque no nos demos cuenta, a la hora de valorar los estímulos para decidir. Los seres humanos primero nos movilizamos por variables motivacionales y emocionales, y después interviene la razón. Si yo traslado eso al comportamiento de un consumidor, puedo tener un consumidor frente a una góndola que apetece un producto o lo rechaza a partir de todo el bagaje y aprendizaje que tiene de antemano.

¿Eso qué implica?

Que toda esa carga de valoración de un producto en góndola va hacer que ese consumidor pueda racionalizar, es decir, utilizar a la razón como abogada defensora. Mira este producto, no le gusta, entonces esgrime un montón de argumentos por los cuales puede justificar que no le gusta, cuando en la realidad es la inexplicable preferencia o disgusto la que va a hacer que se decante por un producto y no por otro. Dicho esto, se verá cómo la carga de vida de una persona ante una decisión puede, en su rol de consumidor y en innumerables ocasiones, mucho más que el estímulo puntualmente de adelante.

¿Cómo funciona la tentación dentro de nuestras cabezas?

Nuestra condición humana tiene un mecanismo, un circuito cerebral de recompensa, por el cual las personas gustamos de grasas y azúcares. Entonces, esa preferencia innata que en tiempos inmemoriales, cuando éramos peludos, homínidos en las sabanas de África, nos salvaba la vida, hoy en día no funciona de la misma manera. Es un contexto distinto; si bien el circuito es el mismo porque es congénito, el contexto actual no es de supervivencia. Hoy, la puesta en escena contemporánea es distinta porque se puede ir al supermercado a buscar la "presa", que no es otra cosa que cualquier producto envasado. Entonces, la tentación inmediata que nos puede generar apetecer un producto cargado de dulces, grasas, azúcares y demás va a ser un factor muy poderoso a la hora de elegir un alimento que está por arriba en jerarquía de procesamiento cerebral, a la información que ese alimento puede darnos. Para trazar una analogía, ningún fumador será convencido de dejar de fumar por variables informativas y técnicas como el porcentaje de personas con cáncer de pulmón en determinada edad con trayectoria de fumadores. Los fumadores dejan de fumar por variables emocionales.

¿Sirve la Ley de Etiquetado Frontal de Alimentos para contribuir a cambiar el comportamiento alimenticio de los argentinos?

La norma trata de estimular la educación alimentaria en instituciones tales como colegios. Poca gente habla de eso porque el debate giró en relación a los octógonos negros que la ley impulsa, cuando, en realidad, con relación al perfilado nutricional de los alimentos, la ley en ningún momento habla de octógonos negros, sino que en su artículo seis dice: "Utilicen el sistema de perfil de nutrientes que recomienda la Organización Panamericana de la Salud (OPS)". Lo que los ciudadanos de a pie no saben es que los nutricionistas están señalando que el sistema de perfilado nutricional de la OPS es un sistema que, por la forma de calcular, terminaría llevando a una enorme cantidad de productos a tener octógonos negros y sellos de advertencia, en vez de tener un rotulado frontal que pueda aportar más variables que enriquecen la toma de decisiones. El Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (Cepea), de la Argentina, señaló que el 84 % de los productos en góndola iban a terminar con algún octógono negro.

Fuente: Télam/ José Monzón

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