Qué le pasó a Lucas González: la responsabilidad policial y el reclamo social de Justicia

“Yo les quiero mostrar el arma de mi hijo”, dijo Cintia López, mamá de Lucas, en la manifestación que se hizo en los Tribunales de la Ciudad de Buenos Aires. Crónica de una tragedia.

Qué le pasó a Lucas González: la responsabilidad policial y el reclamo social de Justicia

Fotos: Télam

Sociedad

Unidiversidad

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Publicado el 23 DE NOVIEMBRE DE 2021

Dos de los tres policías detenidos por el asesinato de Lucas González el miércoles pasado reconocieron haber disparado al auto donde viajaban los cuatro chicos que volvían de un entrenamiento de fútbol en Barracas Central. Ante el juez, dijeron que tenían puestos chalecos identificatorios y que comenzaron a seguir al vehículo porque lo consideraron en “actitud sospechosa” por haber frenado en una ochava. Sin embargo, en ningún momento mencionaron haberles visto armas, como sí difundieron desde la policía en uno de sus partes filtrados a los medios. Con ese dato, buscaban justificar el gatillo fácil policial, como si la vida de los agentes hubiera estado en riesgo y los chicos, en lugar de futbolistas, fueran delincuentes.

“Yo les quiero mostrar el arma de mi hijo”, respondió entre lágrimas Cintia López, mamá de Lucas, en la manifestación que se hizo ayer ante los Tribunales de la Ciudad de Buenos Aires. “Estas eran: sus botines rotos, gastados”, agregó levantando el calzado de su hijo. “Y me lo acribillaron”, finalizó entre sollozos.

Con remeras blancas con el rostro de Lucas y con la leyenda "Justicia", y en medio de un profundo dolor, Cintia López y Mario "Peka" González agradecieron la compañía "de los vecinos, de los amigos, de los compañeros del fútbol, de los distintos clubes", para luego aclarar que lo que ellos quieren "no es venganza". "Mi hijo no era ningún delincuente. Mi hijo era una criatura. Lo único que soñaba era llegar a primera para comprarme una casa. No saben lo difícil que es buscarlo en mi casa y no encontrarlo", dijo la mujer.

 

Crónica de una tragedia

Cuatro pibes vuelven de jugar al fútbol. Son las 9.30 de la mañana del miércoles. Bajan de la VW Suran a comprar un jugo de naranja y siguen. Más adelante, en Iriarte y Vélez Sarsfield (CABA), a pocas cuadras de la Villa 21-24, en el sur de la ciudad, se les cruza un Nissan Tiida. El chico que maneja se asusta. Acelera. No sabe –no puede saberlo– que los tres que viajan en el Nissan son policías de la brigada: están de civil, en un auto particular, sin sirena ni identificación. Los policías apuntan y disparan a matar. Cuatro balas pegan en el auto. Otras dos le revientan la cabeza a Lucas González, que viaja en el asiento del acompañante. Tiene 17 años, juega en las inferiores de Barracas Central y sueña con llegar a primera. Dos días después, muere en el Hospital El Cruce, de Florencio Varela.

Según una nota de la Revista Anfibia, en el parte oficial, la policía habla de un “enfrentamiento armado” en el que uno de “los malvivientes” resultó herido. Unas horas más tarde, amplían la información: dicen que los policías “se identificaron” y que el conductor les chocó el auto, “embistió” a un agente en la rodilla y “se dio a la fuga”. Los medios repiten la versión oficial. 

La familia y los amigos de Lucas lo dicen claro: "Fue gatillo fácil". Hablan de asesinato y encubrimiento. Es que los mismos policías que fusilaron a Lucas trabajaron en la escena del crimen y un arma de juguete apareció en el auto. 

Con el paso de las horas, la versión policial comienza a derrumbarse. Familiares, amigos y vecinos de Florencio Varela, donde vivía Lucas, salen a las calles a pedir justicia. Los altos mandos policiales y el ministro de Seguridad porteño, Marcelo D’Alessandro, siguen con atención las noticias. Cuarenta y ocho horas después de la cacería, el ministro y el jefe de la policía de la Ciudad, Gabriel Oscar Berard, condenan el crimen. "Hay una mala actuación del personal policial. Aparentemente, no recibieron fuego, así que para nosotros es un hecho grave", dice Berard.

El cuerpo de Lucas cae sobre las piernas de su amigo, el que manejaba. Asustado, convencido de que el ataque era parte de un robo, el pibe acelera. Siente alivio: ve a dos mujeres policías en la esquina. Frena, explica, ruega ayuda. Las policías los hacen bajar del auto, les piden el documento y los esposan.  Mientras su amigo agoniza, ellos quedan demorados por “averiguación de delito”.

Durante 24 horas, la justicia avaló la versión policial. El jueves por la noche, cuando la versión policial ya era insostenible y los medios transmitían en directo la movilización para pedir justicia por Lucas, el juez de menores Alejandro Cilleruelo sobreseyó a los tres jóvenes y se declaró incompetente en la causa por el homicidio. Más de dos días después de la balacera, los policías asesinos siguen libres.

El inspector Gabriel Isassi, el oficial mayor Fabián López y el oficial José Nievas integran la Brigada de la Comisaría 4D de Barracas, pero hacen base en la Villa 21-24. Como explica la nota de la Revista Anfibia, las manos que gatillaron contra Lucas son la punta del iceberg de la violencia policial en los barrios. Como cada vez que el caso de un pibe asesinado por la policía entra en la agenda pública, las prácticas cotidianas de maltrato, hostigamiento y corrupción policial salen a la superficie. 

 

Herencia de la Policía Federal

La función de las brigadas –una herencia de la Policía Federal– es hacer tareas de investigación, como vigilancia, allanamientos y otros operativos ordenados por la Justicia. Por eso, suelen recorrer las calles de civil, pero no están habilitados para hacer tareas de prevención, como parar autos en la vía pública o pedir documentos; solo deberían hacerlo si se está cometiendo algún delito.

Según la Ley 5688 que creó la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, antes de actuar, los agentes están obligados a “identificarse y dar una previa advertencia”, es decir, ponerse el chaleco celeste, llevar las placas a la vista, dar la voz de alto y, si viajan en un auto de civil, colocar la sirena portátil en el techo. Solo pueden disparar si hay una amenaza a su propia vida o a la de terceros, y si lo hacen, en un caso excepcional, deben intentar provocar el menor daño posible.

Según se explica en la nota, los policías de la comisaría 4D incumplieron todos estos mandatos. No tenían motivos para detener el auto, nunca se identificaron y abrieron fuego sin que hubiese peligro. Los dos disparos que recibió Lucas y los impactos que tenía el auto demuestran, además, que los policías tiraron a matar. 

“Hubo un intento de asesinato”, dijo la abogada Lorena Blanco, que representa a los amigos de Lucas. “Hay un impacto de bala en la ventanilla de atrás; si los chicos no se agachaban, hubiéramos lamentado otra víctima más”, continuó.

Multitudinaria marcha

Desde antes de las 19, cientos de personas se concentraron este domingo frente a los tribunales porteños para participar de la manifestación en reclamo de Justicia por el crimen de Lucas. Julián, uno de los adolescentes que sobrevivieron al ataque, se quebró al pedir Justicia y dijo: "Mi amigo era bueno, era humilde, se despertaba temprano todos los días. A mí no me lo devuelve nadie. Los que nos tenían que proteger le sacaron el sueño a mi amigo, que quería jugar en primera, como todos nosotros". También habló Joaquín, otro de los adolescentes, que agradeció a los presentes porque con su presencia se puede "recomponer toda la ausencia de Lucas". "La ausencia de mi amigo habla de un sueño que es debutar y ser feliz dentro de una cancha. Ahora hay una familia que sufre su ausencia", afirmó.

Durante el acto, también hablaron los padres de los tres adolescentes que resultaron ilesos en el ataque y reclamaron Justicia.


Al menos cuatro micros llegaron al Obelisco porteño procedentes de Florencio Varela, colmados de vecinos y amigos de Lucas que hacían flamear banderas argentinas, mientras se aguardaba el arribo de más de 15 colectivos que salieron desde proximidades de la casa de la víctima con más manifestantes. Acompañados por varios autos que hacían sonar sus bocinas, dos micros de dos pisos y otros dos de los tradicionales escolares pasaron por el Obelisco, donde también fueron aplaudidos, y continuaron viaje a Talcahuano 550, cuyo frente se hallaba vallado.

Allí, cientos de personas, muchas de ellas jóvenes y familias, ya se concentraban con carteles que reclamaban "Justicia por Lucas" y pedían "Basta de Gatillo Fácil", a la espera de la palabra de los padres del adolescente asesinado sobre el escenario montado frente a la entrada principal de los tribunales.

Algunos conocidos de las víctimas llevaban remeras blancas con la cara de Lucas, una leyenda en el frente que reclamaba Justicia y otra en la espalda que decía "Mi cara, mi ropa y mi barrio no son delito". Los manifestantes comenzaron a cantar: "Lo sabía, lo sabía, que a Lucas lo mató la policía", lo que fue ovacionado por los asistentes a la marcha, mientras que otros cantaban "Lucas no se murió, Lucas vive en Varela". También portaban carteles con la leyenda: "Los policías no combaten los crímenes porque están ocupados en cometerlos".

Pasadas las 19.15. ingresó a la plaza ubicada frente a los tribunales una nutrida columna de personas con bombos, redoblantes y camisetas de Defensa y Justicia, el club de fútbol de Florencio Varela.


El acto finalizó minutos antes de las 20 con un minuto de silencio, mientras los padres de Lucas eran abrazados por los tres adolescentes que sobrevivieron al ataque de los policías.

Fuente: Revista Anfibia, Diarioar, Télam

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